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Para atrapar a Osama


Desde antes de los atentados terroristas, el Pentágono había iniciado estudios que permitieran a sus FFAA aprovechar todos los recursos que el desarrollo de la ciencia y la tecnología pueden aportar para proteger a la población y a los soldados que lucharan en las eventuales guerras del futuro. La mañana del 11 de septiembre quedó en evidencia que las providencias del Departamento de Defensa se habían quedado cortas. Ahora, el ataque a Afganistán que lanzara Estados Unidos (EU) y sus aliados, servirá -además de intentar "cazar" al principal sospechoso de Washington- para probar los nuevos juguetes bélicos de la potencia mundial y sus aliados de guerra.
Sobre Afganistán están concentrados todos los sistemas de última generación con que cuenta EU para hacer la guerra y serán éstos los que decidan las batallas, entre ellos, se cuentan satélites espías y sistemas de comunicaciones; misiles inteligentes y un arsenal mejorado de lo que se utilizó en la guerra del Golfo una década atrás.
El conflicto que se cierne sobre Afganistán servirá como laboratorio de prueba ideal para evaluar cómo se comportan armas, sensores, vituallas, vestimentas y vacunas de última generación en que han estado trabajando los científicos del Pentágono. Desde hace años el Departamento de Estado apostó por utilizar los avances de la biotecnología en la protección de sus soldados, dotándolos de mayor resistencia a las enfermedades y a las heridas. Y si bien todo estaba pensado para varias décadas más, EU utilizará todos los medios con que cuenta en su lucha contra bin Laden, incluyendo los avances logrados por "la biotecnología y aquellos materiales biológicos que pueden mejorar enormemente el sustento logístico de las fuerzas militares", sostuvo Michael Ladisch, profesor de Agricultura e Ingeniería Biológica de la Universidad Purdue, Indiana, quien dirigió el estudio solicitado por la Junta de Ciencia y Tecnología del ejército estadounidense.
Según ese informe, en el futuro "los soldados todavía se parecerán mucho a los de hoy, pero serán reclutados en una sociedad armada por la biotecnología, por lo que tendrán mayor fortaleza y resistencia a las enfermedades y al envejecimiento". Para evitar que los soldados hieran o maten a sus propios compañeros por error, el informe estima que los soldados podrán ingerir compuestos denominados "biomarcadores", que les identificarán ante sus camaradas y que podrían llegar a permitir que sean rastreados con sensores y satélites. Además, el informe sugiere que se hagan más digeribles las raciones mediante enzimas para que los soldados puedan obtener más calorías sin tener que cargar con el peso de las comidas. Incluso, se habla de que deberían comer raciones que contengan vacunas contra males como la diarrea por virus intestinales y la disentería.
Esas mismas raciones podrían contener compuestos antimicrobianos que reduzcan o eliminen la necesidad de enviar equipos de refrigeración al campo de batalla, y a los soldados se les darán caramelos con componentes nutritivos especiales que eleven la temperatura del cuerpo en climas fríos, o que reduzcan la susceptibilidad de ser detectados por sensores enemigos.
El estudio, preparado por 16 científicos de universidades e industrias, señaló que en las próximas dos décadas se desarrollarán "biosensores capaces de detectar las amenazas químicas, biológicas y ambientales de todo tipo".
El futurista informe augura que los soldados también contarán con "componentes bioelectrónicos que permitan la supervivencia en ambientes de alta radiación, materiales inspirados biológicamente que podrían brindar un blindaje liviano a las tropas, y terapias para el trauma y el shock causados por la excesiva pérdida de sangre". También se recomienda que se desarrollen nuevos tipos de memoria para computador basados en proteínas que guarden los datos y sean compatibles con pequeños PC portátiles.
Otras de las recomendaciones de los científicos fueron usar las características genéticas de los soldados para aumentar la eficacia de las vacunas y que se trabaje en el desarrollo de tecnologías de cicatrización que permitan el crecimiento de nueva piel para socorrer a los soldados quemados, y de vasos sanguíneos y tejido óseo para los soldados que resulten con heridas.
Otro capítulo de estudio es la vestimenta que usará este soldado del futuro. Nuevas telas y polímeros están siendo analizados para lograr un traje altamente resistente a las diferencias climáticas que pueden encontrar las tropas, que se mimetice automáticamente con el terreno por el cual avancen y que permita y aproveche la respiración corporal para mantener una temperatura apropiada del organismo.
La mayoría de estos estudios son secretos y no se sabe en qué nivel de desarrollo se encuentran y si serán utilizados masivamente en Afganistán, pero sí es seguro que, al menos, los más adelantados serán probados en combate para atrapar a Osama.

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