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Para educar la conciencia pública


El gobierno de la llamada alianza política "Unión por Panamá", ha resultado un fiasco, ha entrado en plana crisis: crisis de prestigio y de credibilidad, que nosotros señalamos hace más de dos años. Ahora todo Panamá ya lo sabe y por eso empieza a despreciarlo, y rechazarlo públicamente. La crisis verdadera comenzó a darse con el rechazo popular a las denuncias comprobadas de nepotismo y corrupción generalizada en el gobierno, y se ha profundizado por el aumento creciente de los escándalos de "corrupción", nunca antes visto en gobierno alguno.
La lección primera está dada. El pueblo soberano ahora está en pleno conocimiento de que solamente pueden salvar a Panamá hombres y mujeres de mente clara y sin prejuicios tradicionales; hombres y mujeres movidos por corazones transparentes. Decía Cervantes, hablando en general, "cada cual es hijo de sus obras". Pero este gobierno de "Unión por Panamá" lo es en particular. Vivirá de lo que fructifique. Y aunque parezca paradójico, el calificativo es acertado: el árbol vive para dar frutos, pero este árbol del gobierno actual tiene que dar frutos para sobrevivir. Es una planta sin raíces, como las orquídeas que vegetan en el aire.
Frente a este estrepitoso fracaso de la clase política tradicional (de "Unión por Panamá" en particular), la juventud panameña tiene un desafío muy serio, tiene una doble responsabilidad ciudadana y patriótica: el rescate y afirmación de las instituciones tutelares de la República. Sabemos que no ha existido ni existe una organización política fuerte que eduque en el pueblo panameño la conciencia de la libertad. Y esto no es un juego de palabras. Conciencia equivale a sensibilidad, capacidad para darse cuenta, conocimiento. Hay que educar, pues la conciencia pública panameña; esta es la labor que desde hoy tiene que iniciar la juventud.
Muchas veces la gente se pregunta si la juventud de ayer era distinta a la de hoy. Como educador respondemos que para el maestro de verdad, la juventud es siempre la misma: es la alegre realidad del presente y la luminosa esperanza del futuro. Lo cierto es que los tiempos cambian, las circunstancias también son bien diferentes para cada generación, pero la juventud mantiene lo mismo su alentador ímpetu generoso que sus excusables vanidades pueriles.
En general, la juventud se impregna del ambiente que la envuelve. Y al decir verdad, el ambiente político y social del Panamá de hoy es un tanto negativo, pero edificante: pareciera que todo es hipocresía, corrupción, embrollo, nepotismo, insuficiencia, engaño, tráfico de influencias, codicia, narcotráfico, lavado de dinero, inmoralidad, traición, etc. Es decir, el medio en que vivimos hoy día, satura el ser y amenaza devorar la personalidad de nuestros jóvenes. Pero aún frente al peligro de este ambiente deplorable, de mal ejemplo de la clase política -con muy pocas excepciones- confiemos en que nuestros jóvenes de esta hora crítica, tomen plena conciencia de sus responsabilidades y se tracen un programa de acción como dejamos anotado en párrafo anterior.
La juventud panameña tiene que aprender a vivir en democracia, sí; pero en una democracia distinta a la que practican hoy los gobernantes de turno (los de "Unión por Panamá!"). La Democracia para éstos es "una pelea constante por los espacios políticos y por el beneficio económico para sus parientes". Contrario a ello, nuestra juventud concibe la democracia como la lucha permanente por la libertad y la decencia, y sabe que a ella se llega conquistando la mayoría de las voluntades ciudadanas; no con gritos, ni con dinero malhabido, ni con propaganda sucia, ni con balazos... se consigue inspirando confianza en el pueblo y exhibiendo hombres y mujeres nuevos para los tiempos nuevos.
La juventud panameña ha de tener bien claro, además, que no puede haber grandeza nacional si no hay un nuevo tratamiento para los trabajadores, para los jubilados y ancianos, para los campesinos, para los indígenas, para los minusválidos, para los niños, para las mujeres y para los débiles. Ha de establecer, finalmente, la diferencia principal que existe entre este gobierno de "Unión por Panamá" y un verdadero gobierno democrático.
La diferencia principal radica en que el primero sólo reconoce la dignidad de los "clanes", de los parientes incapaces, mientras que el segundo supone y exige probidad y la dignidad de todos. ¡Presidenta: los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!.

101 años de Panamá América

 
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