Para el debate constituyente
La teoría y la práctica del poder constituyente se basan, como parece obvio, en ciertas ideas que podríamos llamar ideas fuerzas. Por una parte en la idea de la necesidad de reconstruir un sistema político agotado y, por el otro, en el diseño de un mecanismo democrático que privilegia la participación política de la sociedad, en su conjunto. A pesar de lógicas diferencias en el plano de la teoría, la concepción de una Asamblea Nacional Constituyente, como desarrollo de la teoría del poder constituyente, se fundamenta en ciertas cuestiones básicas. En todo caso, en el plano de la teoría no parece haber diferencias notables. Donde radica el punto de diferencia en el caso de Panamá, es el punto de partida fáctico. Un legítimo contradictor, en un artículo de opinión aparecido en el cotidiano La Prensa, critica nuestra evaluación de nuestro sistema político y el punto de agotamiento al que parece haber llegado. Para nosotros es tan evidente su agotamiento como para nuestro amigo se trata de simples desequilibrios coyunturales, atribuidos a problemas éticos de los gobernantes, que se podrían resolver mediante reformas parciales al sistema.
El punto de partida elegido conduce a conclusiones de salida también distintos. Así, si se parte de los simples desequilibrios del sistema político bastan las simples reformas al mismo conservando la matriz constitucional existente. Por su lado, si el razonamiento parte de la comprobación de un agotamiento del sistema, la salida estará en un proceso constituyente, es decir, un cambio total del sistema.
Veamos por qué planteamos que el sistema está agotado y que puede colapsar. El diseño de los órganos superiores del Estado no parece ser el más adecuado en términos de construcción de la democracia. La base electoral para la elección de los miembros del Organo Legislativo constituye una valla para una adecuada representación. El fraccionamiento del país en micro circuitos electorales y con un sistema de mayorías simples, unido a circuitos plurinominales con un sistema de representación proporcional concentrador produce las distorsiones existentes.
De igual manera, el Organo Ejecutivo posee tales atribuciones que se ha transformado en un super poder. Pensemos en las facultades extraordinarias para legislar que puede solicitar el Presidente de la República que evita el debate público en materias trascendentales, violentando el principio de que, la potestad delegada no puede ser a su vez delegada o la suspensión del Habeas Corpus y aún, el derecho de propiedad durante los estados de emergencia. Nadie puede dudar que son principios que corrompen la democracia. Ni qué decir de la manera como se escogen los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y la imprescindible reorganización que debe realizarse para desconcentrar su excesivo poder.
En pocas palabras, de lo que se trata es de transformar una democracia restringida en una democracia ampliada. Podríamos avanzar nuevos y más amplios cambios institucionales, pero por el momento no parece necesario. Llegará la oportunidad de presentar el programa democrático en su conjunto.
Dos problemas me gustaría responder y que surgen del artículo comentado. No nos parece posible que el actual gobierno convoque a una Asamblea Constituyente. Lo pudo haber hecho al inicio de su gestión con la legitimidad que le dio su triunfo electoral y no lo hizo. Prefirió jugar al poder y a la acumulación con las viejas y desgastadas reglas del juego. De manera que sólo lo hará si un poderoso movimiento social lo exige o la crisis se agrava. En tal caso, nada impide que todo se discuta incluyendo la "segunda vuelta electoral".
Por su parte, nadie ha pretendido excluir a los partidos políticos en la conformación de la Asamblea Constituyente. Lo que se señala es que no puede reducirse sólo a los partidos políticos y mucho menos a las reglas electorales vigentes. Existen formas de ampliar la participación para que cubra todos los espacios de la sociedad. Sobre esto habrá mucho que discutir.
El punto de partida elegido conduce a conclusiones de salida también distintos. Así, si se parte de los simples desequilibrios del sistema político bastan las simples reformas al mismo conservando la matriz constitucional existente. Por su lado, si el razonamiento parte de la comprobación de un agotamiento del sistema, la salida estará en un proceso constituyente, es decir, un cambio total del sistema.
Veamos por qué planteamos que el sistema está agotado y que puede colapsar. El diseño de los órganos superiores del Estado no parece ser el más adecuado en términos de construcción de la democracia. La base electoral para la elección de los miembros del Organo Legislativo constituye una valla para una adecuada representación. El fraccionamiento del país en micro circuitos electorales y con un sistema de mayorías simples, unido a circuitos plurinominales con un sistema de representación proporcional concentrador produce las distorsiones existentes.
De igual manera, el Organo Ejecutivo posee tales atribuciones que se ha transformado en un super poder. Pensemos en las facultades extraordinarias para legislar que puede solicitar el Presidente de la República que evita el debate público en materias trascendentales, violentando el principio de que, la potestad delegada no puede ser a su vez delegada o la suspensión del Habeas Corpus y aún, el derecho de propiedad durante los estados de emergencia. Nadie puede dudar que son principios que corrompen la democracia. Ni qué decir de la manera como se escogen los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y la imprescindible reorganización que debe realizarse para desconcentrar su excesivo poder.
En pocas palabras, de lo que se trata es de transformar una democracia restringida en una democracia ampliada. Podríamos avanzar nuevos y más amplios cambios institucionales, pero por el momento no parece necesario. Llegará la oportunidad de presentar el programa democrático en su conjunto.
Dos problemas me gustaría responder y que surgen del artículo comentado. No nos parece posible que el actual gobierno convoque a una Asamblea Constituyente. Lo pudo haber hecho al inicio de su gestión con la legitimidad que le dio su triunfo electoral y no lo hizo. Prefirió jugar al poder y a la acumulación con las viejas y desgastadas reglas del juego. De manera que sólo lo hará si un poderoso movimiento social lo exige o la crisis se agrava. En tal caso, nada impide que todo se discuta incluyendo la "segunda vuelta electoral".
Por su parte, nadie ha pretendido excluir a los partidos políticos en la conformación de la Asamblea Constituyente. Lo que se señala es que no puede reducirse sólo a los partidos políticos y mucho menos a las reglas electorales vigentes. Existen formas de ampliar la participación para que cubra todos los espacios de la sociedad. Sobre esto habrá mucho que discutir.