Para la ministra Tejada
La Ministra de la Familia tiene en sus espaldas una responsabilidad muy grande en cuanto a la promoción y la aplicación de ciertas normas de derecho de familia, derecho de la mujer, derecho del menor, etc. No ponemos en tela de duda que la enfermera Alba Tejada de Rolla justifica el salario que percibe como Ministra de Estado, como tampoco ponemos en tela de duda que posee atributos personales, políticos y profesionales que la adornan y la respaldan para ocupar el cargo de Ministra de la Familia. Sin embargo, me parece que ha quedado corta, sin visión y sin misión en algunos aspectos sumamente importantes.
Siempre he dicho que el mayor problema de la sociedad panameña radica en la desintegración familiar. El núcleo social, que es la familia, se ha erosionado tanto, hasta el punto que nuestro país anda sin rumbo definido. Parece ser que desde 1903 las políticas gubernamentales solamente están destinadas a resolver los conflictos sobrevivientes de la economía, las relaciones internacionales y la conservación del poder por parte de las castas políticas, pero la familia es a la que menos atención se le brinda. ¿Cómo podemos hablar de defender, proteger o salvaguardar a la familia si somos tan pasivos y permisivos con aquellas cosas que le hacen daño a la familia? ¿Qué programa contundente y definido tiene el Ministerio de la Familia para combatir el consumo de bebidas alcohólicas, el cigarrillo, el libertinaje sexual y la inmoralidad, por ejemplo?
Ahora bien, mis críticas no están dirigidas contra el gobierno actual ni contra una persona en particular, sino más bien en contra de su sistema que es corrupto, perverso, inhumano, retrógrada, inoperante, ineficaz, disfuncional y obsoleto. ¿De qué nos sirve hacer alardes de que estamos preocupados por la familia, si nos abstenemos de ejercer los derechos que nos otorgan la Constitución y la Ley para erradicar y/o regular los males sociales? ¿Nos hemos convertido en demagogos y charlatanes en torno al tema de la familia?
No soy moralista ni fanático religioso, pero acuso a la inmoralidad, el libertinaje sexual y a los productos nocivos para la salud (bebidas alcohólicas, cigarrillos, etc.) de ser culpables del deterioro de la sociedad panameña. Un país no puede progresar si sus habitantes, sean gobernantes y/o gobernados, son promiscuos sexuales y/o beodos consuetudinarios. Acuso a las empresas promotoras de vicios e inmoralidad de atentar contra la estabilidad y continuidad del Estado panameño.
Le paso un dato a la ministra Tejada de Rolla, por si acaso no me he sabido explicar. La Constitución Política, que ella prometió cumplir y hacer cumplir, en su artículo 85, en concordancia con el artículo 59 de esta misma norma legal, claramente preceptúa que la difusión de cuñas publicitarias en los medios de comunicación social que son contrarias a la salud, la moral, la educación, formación cultural de la sociedad y la conciencia nacional, están prohibidas. Repito, están prohibidas.
Bueno, Señora Ministra, lo que le toca hacer a usted, como regente de la familia, es presentar acciones legales ante las autoridades competentes para que se prohiban rotundamente y/o regulen tenazmente en los medios de comunicación social las cuñas publicitarias descritas en líneas anteriores. De no hacerlo, usted sería cómplice de los males que vulneran a la sociedad panameña. Nadie es perfecto, pero si yo fuera Ministro de la Familia, tenga la plena seguridad que lo haría, y sé que contaría con el apoyo irrestricto de las iglesias, los grupos cívicos y los panameños sensatos.
Siempre he dicho que el mayor problema de la sociedad panameña radica en la desintegración familiar. El núcleo social, que es la familia, se ha erosionado tanto, hasta el punto que nuestro país anda sin rumbo definido. Parece ser que desde 1903 las políticas gubernamentales solamente están destinadas a resolver los conflictos sobrevivientes de la economía, las relaciones internacionales y la conservación del poder por parte de las castas políticas, pero la familia es a la que menos atención se le brinda. ¿Cómo podemos hablar de defender, proteger o salvaguardar a la familia si somos tan pasivos y permisivos con aquellas cosas que le hacen daño a la familia? ¿Qué programa contundente y definido tiene el Ministerio de la Familia para combatir el consumo de bebidas alcohólicas, el cigarrillo, el libertinaje sexual y la inmoralidad, por ejemplo?
Ahora bien, mis críticas no están dirigidas contra el gobierno actual ni contra una persona en particular, sino más bien en contra de su sistema que es corrupto, perverso, inhumano, retrógrada, inoperante, ineficaz, disfuncional y obsoleto. ¿De qué nos sirve hacer alardes de que estamos preocupados por la familia, si nos abstenemos de ejercer los derechos que nos otorgan la Constitución y la Ley para erradicar y/o regular los males sociales? ¿Nos hemos convertido en demagogos y charlatanes en torno al tema de la familia?
No soy moralista ni fanático religioso, pero acuso a la inmoralidad, el libertinaje sexual y a los productos nocivos para la salud (bebidas alcohólicas, cigarrillos, etc.) de ser culpables del deterioro de la sociedad panameña. Un país no puede progresar si sus habitantes, sean gobernantes y/o gobernados, son promiscuos sexuales y/o beodos consuetudinarios. Acuso a las empresas promotoras de vicios e inmoralidad de atentar contra la estabilidad y continuidad del Estado panameño.
Le paso un dato a la ministra Tejada de Rolla, por si acaso no me he sabido explicar. La Constitución Política, que ella prometió cumplir y hacer cumplir, en su artículo 85, en concordancia con el artículo 59 de esta misma norma legal, claramente preceptúa que la difusión de cuñas publicitarias en los medios de comunicación social que son contrarias a la salud, la moral, la educación, formación cultural de la sociedad y la conciencia nacional, están prohibidas. Repito, están prohibidas.
Bueno, Señora Ministra, lo que le toca hacer a usted, como regente de la familia, es presentar acciones legales ante las autoridades competentes para que se prohiban rotundamente y/o regulen tenazmente en los medios de comunicación social las cuñas publicitarias descritas en líneas anteriores. De no hacerlo, usted sería cómplice de los males que vulneran a la sociedad panameña. Nadie es perfecto, pero si yo fuera Ministro de la Familia, tenga la plena seguridad que lo haría, y sé que contaría con el apoyo irrestricto de las iglesias, los grupos cívicos y los panameños sensatos.