Para los nuevos dirigentes políticos
Hoy todo parece indicar que los panameños creemos más en la verdad de los cuentos que en la verdad de los políticos. En efecto, nada es tan fácil como matar una idea; basta con ponerla en un medio inadecuado, tal vez en el cerebro de un político mediocre, incapaz. Las ideas científicas ejercitan su mística fecundidad, quietas y quintaesenciadas en los libros; las ideas políticas en cambio, como los dioses humildes de toda clásica religión, tienen que tomar carne y habitar un cuerpo para cumplir sus redenciones. En principio es toda idea política una idea científica; la pensó primero un sabio, luego sobreviene un artífice de la política, un artista de la Historia, que acierta a inyectarla en el aparato nervioso de una generación. Entonces la idea, el logo, el verbo, habita en nosotros. En Panamá, correspondió al Dr. Belisario Porras, durante las dos primeras décadas de la era republicana, materializar esta tarea con las ideas liberales.
Sin ánimo de socavar el prestigio de nuestros hombres y mujeres públicos de hoy, pero seguro de que, muy pocos, o tal vez ninguno, observan la conducta a que se debe un digno sucesor del Dr. Belisario Porras, por ejemplo; dirigentes políticos con ideas y sentimientos de Porras, que sean unos analizadores de una creciente persistencia frente a las dificultades, que sientan robustecida su disposición a acumular y acendrar fuerzas morales destinadas a precipitar el saneamiento y la hermosura de la sociedad panameña. Dirigentes, siempre dispuestos a llegar a más en la lucha contra la injusticia, la incomprensión, la hipocresía, la corrupción, el nepotismo, el engaño, la ignorancia y la maldad.
El análisis y la exaltación de los valores éticos del Dr. Belisario Porras, puede aumentar la fe en los nuevos dirigentes políticos -de que está tan urgida la Nación panameña- y así, en la ponderación de las virtudes ciudadanas de Porras, puedan éstos también afinar las suyas. De la ternura y generosidad del Dr. Porras extraigan uno de los mejores antecedentes de su extraordinaria capacidad para perdonar y amar. Y señalamos a Porras, aunque tenemos otras figuras dignas de mención, porque su ejemplo se cuenta entre los mejores valores que puede exhibir una comunidad política de ciudadanos útiles y probos.
A nadie escapa el conocimiento de que estemos viviendo una conmoción nacional; sin embargo, sentimos que voces interiores nos recomiendan tener fe y paciencia. Frente a una cada vez más extensa clase privilegiada, que tiene por patrimonio el producto del trabajo de las grandes mayorías nacionales, se impone la organización y fortalecimiento en el campo feliz de la unión, de los que aspiramos al imperio de los principios exaltados en la "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano".
Panamá necesita, pues, sin más demora, de nuevos dirigentes políticos con apego a la máxima invención política de los Padres de la Patria, que midan sus pasos alrededor del conflicto social que amenaza el sosiego y la estabilidad nacionales. Dirigentes políticos nuevos ricos en ideas sanas y humanistas que les permitan manejar armas de distintas clases, y levantar sólidos argumentos frente a los del adversario. Necesitamos, en suma, nuevos dirigentes, cuya personalidad política tienda a crecer paralelamente a los conflictos públicos.
Resulta obligante que en los nuevos dirigentes políticos panameños se den todas estas cualidades, que, como las tuvo el Dr. Porras en el pasado, son tan necesarias en estos tiempos nuestros, verdaderamente tormentosos. Creemos, también, que ante el desafío de la convulsión política actual, bien pudieran los nuevos dirigentes políticos hacer buen oficio del lenguaje humano, como en los tiempos en que el Dr. Porras lo usó con especial maestría.
Finalmente, tenemos que buscar juntos la formación de una conciencia panameña para que nuestro país llegue algún día, no lejano, a trabajar unido como un todo compacto por la defensa de los intereses comunes, por la defensa de los ideales que sirvieron de fundamento a la lucha por la Independencia, muchos de los cuales aún se hallan sin realizar en el curso de nuestra historia patria. En Panamá, todavía dividida por las pasiones políticas, por la codicia, la corrupción, la frustración y la incomprensión, no se logrará el equilibrio ni una paz social sólida y fecunda sino el día en que restablezcamos sobre nuevas bases la confraternidad, producto de un entendimiento patriótico entre los panameños. Por eso mismo, pedimos a los políticos militantes sobre todo a los nuevos dirigentes, y nos atrevemos a hacerlo en nombre de todos nuestros compatriotas, un sentido mensaje de aliento y esperanza por una cruzada patriótica permanente para bien de todos los panameños, en este nuevo siglo XXI.
Sin ánimo de socavar el prestigio de nuestros hombres y mujeres públicos de hoy, pero seguro de que, muy pocos, o tal vez ninguno, observan la conducta a que se debe un digno sucesor del Dr. Belisario Porras, por ejemplo; dirigentes políticos con ideas y sentimientos de Porras, que sean unos analizadores de una creciente persistencia frente a las dificultades, que sientan robustecida su disposición a acumular y acendrar fuerzas morales destinadas a precipitar el saneamiento y la hermosura de la sociedad panameña. Dirigentes, siempre dispuestos a llegar a más en la lucha contra la injusticia, la incomprensión, la hipocresía, la corrupción, el nepotismo, el engaño, la ignorancia y la maldad.
El análisis y la exaltación de los valores éticos del Dr. Belisario Porras, puede aumentar la fe en los nuevos dirigentes políticos -de que está tan urgida la Nación panameña- y así, en la ponderación de las virtudes ciudadanas de Porras, puedan éstos también afinar las suyas. De la ternura y generosidad del Dr. Porras extraigan uno de los mejores antecedentes de su extraordinaria capacidad para perdonar y amar. Y señalamos a Porras, aunque tenemos otras figuras dignas de mención, porque su ejemplo se cuenta entre los mejores valores que puede exhibir una comunidad política de ciudadanos útiles y probos.
A nadie escapa el conocimiento de que estemos viviendo una conmoción nacional; sin embargo, sentimos que voces interiores nos recomiendan tener fe y paciencia. Frente a una cada vez más extensa clase privilegiada, que tiene por patrimonio el producto del trabajo de las grandes mayorías nacionales, se impone la organización y fortalecimiento en el campo feliz de la unión, de los que aspiramos al imperio de los principios exaltados en la "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano".
Panamá necesita, pues, sin más demora, de nuevos dirigentes políticos con apego a la máxima invención política de los Padres de la Patria, que midan sus pasos alrededor del conflicto social que amenaza el sosiego y la estabilidad nacionales. Dirigentes políticos nuevos ricos en ideas sanas y humanistas que les permitan manejar armas de distintas clases, y levantar sólidos argumentos frente a los del adversario. Necesitamos, en suma, nuevos dirigentes, cuya personalidad política tienda a crecer paralelamente a los conflictos públicos.
Resulta obligante que en los nuevos dirigentes políticos panameños se den todas estas cualidades, que, como las tuvo el Dr. Porras en el pasado, son tan necesarias en estos tiempos nuestros, verdaderamente tormentosos. Creemos, también, que ante el desafío de la convulsión política actual, bien pudieran los nuevos dirigentes políticos hacer buen oficio del lenguaje humano, como en los tiempos en que el Dr. Porras lo usó con especial maestría.
Finalmente, tenemos que buscar juntos la formación de una conciencia panameña para que nuestro país llegue algún día, no lejano, a trabajar unido como un todo compacto por la defensa de los intereses comunes, por la defensa de los ideales que sirvieron de fundamento a la lucha por la Independencia, muchos de los cuales aún se hallan sin realizar en el curso de nuestra historia patria. En Panamá, todavía dividida por las pasiones políticas, por la codicia, la corrupción, la frustración y la incomprensión, no se logrará el equilibrio ni una paz social sólida y fecunda sino el día en que restablezcamos sobre nuevas bases la confraternidad, producto de un entendimiento patriótico entre los panameños. Por eso mismo, pedimos a los políticos militantes sobre todo a los nuevos dirigentes, y nos atrevemos a hacerlo en nombre de todos nuestros compatriotas, un sentido mensaje de aliento y esperanza por una cruzada patriótica permanente para bien de todos los panameños, en este nuevo siglo XXI.