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Para mayor solidaridad humana


El maestro, el empleado, el empresario, el obrero, el estudioso, el periodista, el profesional desempeñan menesteres que son indispensables para la armónica y fructuosa convivencia humana. Educar, crear riqueza y distribuirla; dirigir y realizar las tareas de la administración pública; investigar en los laboratorios, asimilar conocimientos en las vigilias estudiosas o difundirlos a través del libro, el periódico o la revista; organizar y conducir empresas industriales o mercantiles; producir obras de arte; orientar e informar a la opinión pública por medio de la prensa escrita u oral, cada uno de estos quehaceres significa ejecutar funciones de precioso contenido social, sin las cuales no habría vida comunitaria ni progreso y bienestar colectivos.

Todo hombre conoce en su vida situaciones que le imponen la necesidad de reflexionar y examinar. Es menester estar seguro de sí, ver claro en la realidad, establecer los errores cometidos en la acción diaria, conocer sus causas, prevenir la reincidencia en ellos, evaluar lo que se ha hecho de positivo para alcanzar los logros propuestos y adquirir conciencia de los obstáculos encontrados y de los medios para superarlos.

Quizá nunca los panameños hemos tenido ante nosotros una perspectiva más brillante, más deslumbradora, más grávida de estupendas promesas que la actual. Y si nos detenemos a pensar en estas promesas en términos de esfuerzo y progreso, lo menos que presentimos es un largo periodo de abundancia material, capaz de brindarnos una felicidad que nos redima del lote de sufrimientos y miserias que todavía padecemos. Mediante el trabajo honrado, con sentimiento de patria, se podrá mejorar la fecundidad del suelo para producir alimentos; se podrá intensificar y ampliar la explotación de la riqueza que contiene; se incorporarán nuevas fuentes de recursos; será posible que los pueblos de las distintas regiones y provincias del país se conozcan mejor entre sí y creen vínculos de verdadera unión; adelantará la cultura en todos los órdenes; la prosperidad nacional hará que desaparezcan la miseria, la inseguridad, el atraso, la ignorancia; y disminuirán las enfermedades y la mortalidad.

Concluyamos: El ser humano fue creado para vivir en sociedad. El aislamiento atrofia sus buenos sentimientos, impide el ejercicio de sus virtudes y lo arrastra a la ignorancia, la ineficacia y la incivilidad. Desde su gestación, el hombre necesita el servicio y el favor de sus semejantes; de la misma manera, al crecer siente el ser humano la necesidad de servir, de ser útil a la sociedad en que vive. En el nacimiento, en su desarrollo, en su educación, en el adiestramiento de oficios y profesiones, en la lucha por el pan cotidiano y en cada uno de los momentos de su proceso vital, uno necesita de sus semejantes, en un juego necesario de ayuda del bienestar material y espiritual.

101 años de Panamá América

 
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