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Para no olvidar el 11 de octubre


De seguro que el 11 de octubre rechinarán las copas de algunos que añoran tan aciaga fecha para nuestra Patria. De ésos que, escondiéndose bajo las cobijas de los militares, lucraron política y económicamente, lograron hacer grandes y productivas firmas de abogados, formaron un partido político con fondos del Estado, en fin, estuvieron amamantándose de la ubre del Estado por más de veintiún años y que, gracias a la democracia que vivimos, se pasean campantes por todo el país.

Leyendo un interesante libro de mi antiguo profesor Ricardo Lasso Guevara sobre el juicio de Noriega, (“USA vs General Noriega ¿Amigo o Enemigo?”, Litho Impresora Panamá), encuentro el facsímil de una carta renuncia de un diplomático nortamericano, en desacuerdo con el trato que los norteamericanos daban a los militares golpistas del ’68, esos mismos que durante tanto tiempo glorificaron los dirigentes del PRD.

Jerry L. Dobson, al momento del golpe, Cónsul de Estados Unidos en David Chiriquí, asqueado por lo que veía, prefirió dejar todo los beneficios de varios años en el servicio diplomático de su país y renunciar el 5 de junio de 1969 ante el Secretario de Estado William Rogers, denunciando porqué lo hacía: le preocupaba el apoyo que su país le brindaba a la Guardia Nacional, comandada por Omar Torrijos Herrera.

Según Dobson “nuestro entrenamiento, equipamiento y apoyo a la Guardia Nacional es irreconciliable con nuestros principios nacionales”. Explicaba el Cónsul que desde el golpe del 11 de octubre los militares habían “disuelto la Asamblea Legislativa Nacional, han destruido el sistema judicial, han clausurado la Universidad de Panamá y han instituido un reinado de terror en el territorio de la República de Panamá. Gran número de ciudadanos norteamericanos han sido arrestados sin razón aparente y maltratados, negando acceso consular a estos ciudadanos”. El renunciante exigía cierta responsabilidad a su gobierno debido a su “apoyo a la organización”.

Este desconocido documento refleja el hecho que desde sus inicios Estados Unidos apoyó el golpe de 1968, que hoy todavía nos enrostran quienes en su símbolo partidario mantienen el número 11 como su faro y su luz.

Al conmemorarse el 41 aniversario de tan nefasto suceso de nuestra historia Patria es preciso que las actuales y futuras generaciones se percaten del tremendo daño que a nuestro país, principalmente a mi generación, hizo ese golpe contra la democracia y del cual tanto lucraron algunos –otros siguen haciéndolo como los beneficiarios del contrato de Petroterminales y las grandes firmas de abogados que hoy mantienen- en contra de los mejores intereses nacionales.

101 años de Panamá América

 
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