Para nuestra seguridad, la neutralidad
Informo sobre la reunión que sostuvo una delegación del PDC con el Ministro de Gobierno y Justicia sobre su proyecto de Plan de Seguridad. Analizo la propuesta que le hicimos de completar la neutralidad ya declarada del Canal con la declaración de neutralidad de nuestro país.
El viernes 7 de enero, una delegación del PDC, encabezada por su Presidente Rubén Arosemena Valdés, sostuvo una reunión técnica, de más de dos horas, con el Ministro de Gobierno y Justicia Winston Spadafora, el Secretario Ejecutivo del Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional, el Director del SPI y altos oficiales de los servicios de policía, para que nos informaran sobre su proyecto de Plan Estratégico de Seguridad Nacional.
Contrario a nuestra expectativa, encontramos al Ministro en una postura razonable, y por ende, flexible. En cuanto a procedimientos, expresó su disposición a acoger cambios sustanciales a su proyecto, a programar, después de las reuniones bilaterales con el PDC y el PRD, una o varias reuniones multilaterales con las fuerzas políticas y las principales fuerzas organizadas de la sociedad civil para tratar de lograr un consenso en torno a una política de seguridad panameña y, por último, a intentar este esfuerzo antes de decidir ningún acuerdo bilateral con un país extranjero. Cuando le preguntamos sobre el propuesto acuerdo con la Agencia de Inteligencia de Defensa de los E.U. para el acopio combinado de inteligencia marítima, respondió tajantemente : "No lo he firmado, ni lo firmaré".
El Ministro reveló una postura análoga en cuanto a temas sustanciales. Dijo comprender nuestro cuestionamiento del concepto de "seguridad nacional" por su arrastre militarista y nuestra preferencia por los conceptos de "seguridad humana" o de "seguridad democrática". Aceptó modificar la parte de su texto donde afirmaba que las amenazas externas obligan "normalmente a recurrir a los instrumentos propios de la guerra y de la defensa en el marco del derecho bélico" , para preconizar de preferencia los medios políticos, diplomáticos y morales.
En este contexto le señalamos un error feliz en su proyecto, al afirmar que de los objetivos nacionales "se desprenden los paradigmas estratégicos de la seguridad nacional de Panamá", el primero de los cuales sería: "Neutralidad: Respetar y hacer respetar la neutralidad de Canal y del Istmo de Panamá..." En efecto, mientras que la neutralidad del Canal fue declarada por el segundo de los Tratados Torrijos-Carter, la de Panamá como país nunca lo ha sido directamente, aunque este Tratado establece que "Panamá declara la neutralidad del Canal... para que el Canal y consecuentemente el Istmo de Panamá no sea objetivo de represalias en ningún conflicto bélico..." (art. 2). Por ello, le sugerimos como idea fuerza de la política de seguridad panameña la declaración de la neutralidad de nuestro país y que nos esforzáramos porque la misma fuese reconocida por instancias internacionales multilaterales como la ONU y la OEA. Respondió con entusiasmo que mucho le gustaría hacerlo y que sometería el tema al Gobierno.
Ello asentaría nuestra seguridad externa sobre una plano realista para un pequeño país como Panamá, con limitadísimos recursos materiales, pero con una Canal que nos expone a ingentes amenazas. Panamá vive en circunstancias realmente nuevas que podemos resumir en los siguientes términos: 1. La administración del Canal bajo nuestra plena responsabilidad nos plantea por primera vez la necesidad de asumir por nuestra propia cuenta su seguridad y la de nuestro país. 2. Esta tarea la debemos cumplir de acuerdo con la desmilitarización constitucional, que de ninguna manera debiéramos comprometer. 3. La Guerra Fría y de la confrontación Este-Oeste, que anteriormente se proyectaban en nuestra región, han concluido y ello hace posible un modelo de seguridad diferente al basado en poder y alianzas militares.
En estas circunstancias, la neutralidad se nos presenta como la vía más realista, más cónsona con nuestra soberanía y con nuestra vocación internacional canalera de servicio pacífico a todo el mundo y también menos costosa, para garantizar nuestra seguridad externa y coadyuvar a la interna. Por lo demás, así completaríamos la neutralidad declarada del Canal y la perfeccionaríamos, salvaguardando y superando lo que tiene de positivo el Tratado con los E.U. concerniente a la neutralidad del Canal. Esta declaración ubicaría la neutralidad canalera en un contexto que fortalecería la interpretación panameña del Tratado correspondiente, con todo y sus enmiendas y entedimientos, interpretación con la que concordó claramente el ex - Presidente Carter en su discurso del 14 de diciembre pasado en la ceremonia de transferencia del Canal. Respetando nuestros compromisos contractuales, iniciaríamos de esta manera un modelo realmente nuevo de relación cooperativa con los E.U., que no sea excluyente de los demás países ni envuelta en los intereses militares de la única superpotencia actual. Y proyectaríamos una imagen internacional de altura moral, contrapuesta a la que desgraciadamente ha prevalecido.
Si adoptáramos este camino para estructurar nuestra seguridad, estaríamos inspirándonos del ejemplo de Costa Rica. En efecto, el 17 de noviembre de 1983 el Presidente Monge proclamó la neutralidad perpetua, activa y no armada del hermano y vecino país. Al precisar sus deberes y derechos, Monge especificó que éstos incluían el derecho "a participar y cumplir con los compromisos contraídos en la Organización de la Naciones Unidas, en la Organización de los Estados Americanos y en aquellos organismos internacionales cuyos objetivos de paz, amistad y cooperación sean compatibles con nuestra neutralidad perpetua". Y al precisar el carácter activo de su neutralidad, especificó que ella "no significará imparcialidad en el campo ideológico o político", pues Costa Rica "reafirma su fe en la concepción política y social que ha compartido y comparte con las democracias occidentales."
Dos ex -Cancilleres de Panamá, de bandos políticos opuestos, al comentar la propuesta de la neutralidad de nuestro país, han insistido que debe ser ampliamente debatida, antes de ser adoptada. Tienen toda la razón. Sin rechazarla, expresan algunas reservas que necesitan esclarecerse. El Dr. Jorge Ritter se pregunta si estaríamos dispuestos a vivir con la exigencia de asumir sin la cooperación de los E.U. las tareas de defensa de nuestro territorio y de seguridad del Canal. Pero debemos preguntarnos si nos convienen formas de cooperación con los E.U. que no sean compatibles con la neutralidad. Por su parte, el Lic. José Raúl Mulino se preocupa porque la neutralidad nos atara respecto al nuevo rol que puede adquirir Panamá ahora que es dueño del Canal. Pero debemos preguntarnos si la neutralidad nos ataría más que el tipo de acuerdo de cooperación en materia de seguridad que podría ser necesario para nuestra seguridad sin la neutralidad. Y las reservas de ambos nos plantean saber cuán efectiva es la neutralidad pactada del Canal si no suscita iguales reservas.
La discusión no hace más que comenzar. Es una discusión indispensable y provechosa, porque de ella puede surgir que constituyamos, en el corazón de nuestra América, un foco de democracia desmilitarizada y neutral que ejemplarice una nueva visión y práctica de seguridad humana entre las naciones.
El viernes 7 de enero, una delegación del PDC, encabezada por su Presidente Rubén Arosemena Valdés, sostuvo una reunión técnica, de más de dos horas, con el Ministro de Gobierno y Justicia Winston Spadafora, el Secretario Ejecutivo del Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional, el Director del SPI y altos oficiales de los servicios de policía, para que nos informaran sobre su proyecto de Plan Estratégico de Seguridad Nacional.
Contrario a nuestra expectativa, encontramos al Ministro en una postura razonable, y por ende, flexible. En cuanto a procedimientos, expresó su disposición a acoger cambios sustanciales a su proyecto, a programar, después de las reuniones bilaterales con el PDC y el PRD, una o varias reuniones multilaterales con las fuerzas políticas y las principales fuerzas organizadas de la sociedad civil para tratar de lograr un consenso en torno a una política de seguridad panameña y, por último, a intentar este esfuerzo antes de decidir ningún acuerdo bilateral con un país extranjero. Cuando le preguntamos sobre el propuesto acuerdo con la Agencia de Inteligencia de Defensa de los E.U. para el acopio combinado de inteligencia marítima, respondió tajantemente : "No lo he firmado, ni lo firmaré".
El Ministro reveló una postura análoga en cuanto a temas sustanciales. Dijo comprender nuestro cuestionamiento del concepto de "seguridad nacional" por su arrastre militarista y nuestra preferencia por los conceptos de "seguridad humana" o de "seguridad democrática". Aceptó modificar la parte de su texto donde afirmaba que las amenazas externas obligan "normalmente a recurrir a los instrumentos propios de la guerra y de la defensa en el marco del derecho bélico" , para preconizar de preferencia los medios políticos, diplomáticos y morales.
En este contexto le señalamos un error feliz en su proyecto, al afirmar que de los objetivos nacionales "se desprenden los paradigmas estratégicos de la seguridad nacional de Panamá", el primero de los cuales sería: "Neutralidad: Respetar y hacer respetar la neutralidad de Canal y del Istmo de Panamá..." En efecto, mientras que la neutralidad del Canal fue declarada por el segundo de los Tratados Torrijos-Carter, la de Panamá como país nunca lo ha sido directamente, aunque este Tratado establece que "Panamá declara la neutralidad del Canal... para que el Canal y consecuentemente el Istmo de Panamá no sea objetivo de represalias en ningún conflicto bélico..." (art. 2). Por ello, le sugerimos como idea fuerza de la política de seguridad panameña la declaración de la neutralidad de nuestro país y que nos esforzáramos porque la misma fuese reconocida por instancias internacionales multilaterales como la ONU y la OEA. Respondió con entusiasmo que mucho le gustaría hacerlo y que sometería el tema al Gobierno.
Ello asentaría nuestra seguridad externa sobre una plano realista para un pequeño país como Panamá, con limitadísimos recursos materiales, pero con una Canal que nos expone a ingentes amenazas. Panamá vive en circunstancias realmente nuevas que podemos resumir en los siguientes términos: 1. La administración del Canal bajo nuestra plena responsabilidad nos plantea por primera vez la necesidad de asumir por nuestra propia cuenta su seguridad y la de nuestro país. 2. Esta tarea la debemos cumplir de acuerdo con la desmilitarización constitucional, que de ninguna manera debiéramos comprometer. 3. La Guerra Fría y de la confrontación Este-Oeste, que anteriormente se proyectaban en nuestra región, han concluido y ello hace posible un modelo de seguridad diferente al basado en poder y alianzas militares.
En estas circunstancias, la neutralidad se nos presenta como la vía más realista, más cónsona con nuestra soberanía y con nuestra vocación internacional canalera de servicio pacífico a todo el mundo y también menos costosa, para garantizar nuestra seguridad externa y coadyuvar a la interna. Por lo demás, así completaríamos la neutralidad declarada del Canal y la perfeccionaríamos, salvaguardando y superando lo que tiene de positivo el Tratado con los E.U. concerniente a la neutralidad del Canal. Esta declaración ubicaría la neutralidad canalera en un contexto que fortalecería la interpretación panameña del Tratado correspondiente, con todo y sus enmiendas y entedimientos, interpretación con la que concordó claramente el ex - Presidente Carter en su discurso del 14 de diciembre pasado en la ceremonia de transferencia del Canal. Respetando nuestros compromisos contractuales, iniciaríamos de esta manera un modelo realmente nuevo de relación cooperativa con los E.U., que no sea excluyente de los demás países ni envuelta en los intereses militares de la única superpotencia actual. Y proyectaríamos una imagen internacional de altura moral, contrapuesta a la que desgraciadamente ha prevalecido.
Si adoptáramos este camino para estructurar nuestra seguridad, estaríamos inspirándonos del ejemplo de Costa Rica. En efecto, el 17 de noviembre de 1983 el Presidente Monge proclamó la neutralidad perpetua, activa y no armada del hermano y vecino país. Al precisar sus deberes y derechos, Monge especificó que éstos incluían el derecho "a participar y cumplir con los compromisos contraídos en la Organización de la Naciones Unidas, en la Organización de los Estados Americanos y en aquellos organismos internacionales cuyos objetivos de paz, amistad y cooperación sean compatibles con nuestra neutralidad perpetua". Y al precisar el carácter activo de su neutralidad, especificó que ella "no significará imparcialidad en el campo ideológico o político", pues Costa Rica "reafirma su fe en la concepción política y social que ha compartido y comparte con las democracias occidentales."
Dos ex -Cancilleres de Panamá, de bandos políticos opuestos, al comentar la propuesta de la neutralidad de nuestro país, han insistido que debe ser ampliamente debatida, antes de ser adoptada. Tienen toda la razón. Sin rechazarla, expresan algunas reservas que necesitan esclarecerse. El Dr. Jorge Ritter se pregunta si estaríamos dispuestos a vivir con la exigencia de asumir sin la cooperación de los E.U. las tareas de defensa de nuestro territorio y de seguridad del Canal. Pero debemos preguntarnos si nos convienen formas de cooperación con los E.U. que no sean compatibles con la neutralidad. Por su parte, el Lic. José Raúl Mulino se preocupa porque la neutralidad nos atara respecto al nuevo rol que puede adquirir Panamá ahora que es dueño del Canal. Pero debemos preguntarnos si la neutralidad nos ataría más que el tipo de acuerdo de cooperación en materia de seguridad que podría ser necesario para nuestra seguridad sin la neutralidad. Y las reservas de ambos nos plantean saber cuán efectiva es la neutralidad pactada del Canal si no suscita iguales reservas.
La discusión no hace más que comenzar. Es una discusión indispensable y provechosa, porque de ella puede surgir que constituyamos, en el corazón de nuestra América, un foco de democracia desmilitarizada y neutral que ejemplarice una nueva visión y práctica de seguridad humana entre las naciones.