Para opinar debemos primero escuchar
Qué triste es conocer personas de una gran capacidad intelectual y de gran elocuencia, pero de muy poca capacidad para atender otros puntos de vista. Estos individuos pueden transmitir por horas sus ideas y pensamientos, pero cuando les toca escuchar no son capaces de dedicar ni cinco minutos a la contraparte.
No sólo resulta una falta de cortesía para quienes soportan sus prolongadas intervenciones, sino que definen el poco interés de aceptar otros puntos de vista; pareciera que todo lo saben o piensan que la única verdad es la suya. Muchos de estos sabelotodos están dedicados a la política, ya que el poder les incrementa el ego y con ello la megalomanía hasta que aburren al ciudadano al punto que éste se cansa y le retira su atención, y eventualmente su apoyo.
Este escenario no es exclusivo de los políticos y se repite en todos los sectores de la sociedad, en los gremios, los comunicadores sociales, los gobernantes, las iglesias y los colegios.
El ser humano lo que más ansía es alguien que escuche sus problemas, bien se trate de su maestro, su sacerdote, sus padres, su esposo (a), su amigo (a), su representante, su legislador o presidente.
Muchas veces un hombro donde llorar, una oreja para descargar, una palmadita en la espalda o un reconocimiento resulta suficiente para hacernos olvidar las vicisitudes, calmar e incluso sobrellevar nuestras penas.
Me atrevo apostar que tus mejores amigos son, sin duda, los que han sabido escucharte y viceversa a quienes has sabido escuchar; igual suerte tendrás con tus clientes o familiares. Siempre me ha gustado conversar con los jóvenes y he notado que desde temprana edad sienten un especial aprecio para quienes los escuchan y comparten sus vivencias, sean o no sus parientes.
¿Por qué cuando tenemos algún interés personal (negocios, votos, penas, etc.) somos tolerantes y escuchamos, mas no así cuando el prójimo está en la misma situación?
No me queda duda de que si hacemos un esfuerzo para escuchar más a quienes nos rodean, nuestras opiniones serán mayormente apreciadas y aceptadas. Si no me creen, hagan la prueba hoy mismo con su consorte, sus electores, un amigo o su prole y vean si hay o no razón.