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¿Para qué?


Ya muchos comienzan a cuestionarse cuál es el motivo y la causa que se busca con el próximo torneo electoral, que es el producto de una especie de reparto oligárquico de las esferas del poder político del país. En tal sentido, las masas comienzan a sentir que frente éste no hay nadie que siquiera aparente querer representar sus intereses, sino que se acude a las urnas para escoger entre personeros de un mismo nivel social e ideológico dentro del cual parece que el pueblo no cuenta.
Desde Colombia hasta Argentina, pasando por Ecuador y Brasil, por decir lo menos, la voz electoral de los desposeídos se ha dejado escuchar y una especie de clamor que indica "vamos a cambiar esto a las buenas" parece tomar posesión en las narices del "big brother del norte", al cual no le queda más remedio que aceptar, como ha señalado la culta secretaria de estado Condoleezza Rice: "América Latina no está frente a una división entre gobiernos de izquierda y de derecha, sino que más bien va surgiendo una separación entre los gobiernos que actúan democráticamente y los que no lo hacen así". (Servicio Noticioso, Washington, 8/6/2005). Controlar los medios de comunicación previo a un referéndum o manipular la ya excesiva publicidad estatal a favor de los miembros de los partidos gobernantes hace una separación tajante entre un gobierno democrático y uno que no actúa como tal.
Hoy cuando la vieja Roma de nuestros antepasados latinos tiene de presidente al veterano comunista Giorgio Napolitano resulta muy difícil, por decir lo menos, pretender que un país o una república cualquiera puede o debe seguir siendo gobernada por clanes oligárquicos. infieles a sus pueblos e infieles a los Estados Unidos; sino, qué decir de las declaraciones de la senadora Hillary Clinton, publicadas por un diario local el 8 de marzo, en donde señala que China Popular controla el Canal de Panamá. Las izquierdas tenemos que entender que el compromiso con la democracia es el elemento fundamental para detener la expoliación oligárquica de nuestros pueblos y la exigencia de una separación al menos formal del poder político del poder económico. Es imprescindible para recuperar los niveles de cultura popular y decencia ciudadana, hoy perdidos en el infinito de un pueblo que trata de imitar la corrupción de los grandes y degrada hasta el infinito la oportunidad democrática que surge luego del derrocamiento primero de la oligarquía a finales de los sesenta y luego de la dictadura militar a finales de los ochenta, la reforma radical del sistema electoral panameño.
Democratizar el torneo electoral, abrir los medios de comunicación social a la libertad y el debate, recuperar para la cultura del país, desde el sistema de transporte hasta la Universidad de Panamá, son tareas que sólo se logran con más democracia, lo cual es lo mismo que construir un país sin oligarquía política. De esa forma el pueblo podrá responder: ¿Para qué nuevas elecciones?
El lobo nos ha mostrado las orejas varias veces. Ahora nos muestra los colmillos. Y si seguimos impasibles, pronto lo veremos de cuerpo entero. ¡Alerta Panamá!
Esa misma pobreza de la que los sectores marginados del país siguen quejándose.
El crecimiento de la economía en un 6.1% no es percibida en esas áreas, según coinciden expertos.
En ese sentido, el asesor económico de la Federación Nacional de Cámaras de Panamá, Alexis Soto, dijo recientemente que "sigue sin generarse empleos y sin disminuir la pobreza".
"La mayor parte de este crecimiento (68.7%) se da en sectores donde los intentos por disminuir los niveles de desempleo y de pobreza son muy pocos".
Entre los distritos que presentan mayores índices de pobreza destacan el área del oriente de Chiriquí y Chiriquí Grande, donde se concentra la comarca indígena, Bocas del Toro; en Veraguas, Cañazas, Las Palmas, La Mesa, San Francisco; en Herrera, Los Pozos, Las Minas; en Coclé los distritos de Penonomé, Olá, La Pintada; en Panamá, el área de Capira, Chepo y la Comarca Kuna Yala.

101 años de Panamá América

 
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