¿Para qué sesiones extraordinarias?
Pareciera un tanto burlesco que el Presidente de la Asamblea Legislativa, Carlos Alvarado, demuestre vivo interés en que se celebren reuniones extraordinarias con el fin de aprobar algunos proyectos de ley que no fueron atendidos, debidamente, por el irresponsable ausentismo de algunos legisladores en las últimas semanas de clausura de este Organo del Estado. Tal como lo pudo observar la comunidad, el trabajo de los honorables "Padres de la Patria" se vio afectado por la gran cantidad de legisladores que no asistía a las sesiones, porque se encontraban en sus respectivos circuitos electorales en abierta campaña para alcanzar una reelección.
El ausentismo fue tan perjudicial e irresponsable, que el Presidente del Legislativo se sintió obligado a llamar a reuniones a los jefes de bancada, a fin de tratar el asunto, ya que las funciones de la Asamblea estaban, prácticamente, paralizadas.
Bien hace la Sra. Presidenta en no llamar a sesiones extraordinarias y mantenerse firme para que eso no suceda, ya que sería una burla más para un pueblo que ha dejado de confiar en quienes fueron elegidos para que trabajaran, permanentemente, por el progreso y desarrollo de las comunidades. Hubo suficiente tiempo para que la Asamblea desarrollara un trabajo meritorio en cuanto a preparación y aprobación de leyes que, verdaderamente, respondan a los intereses de la República, pero ese tiempo, dolorosamente, no ha sido empleado como corresponde, en legislar teniendo siempre presente los problemas más álgidos del país.
¿Qué se ha hecho en la Asamblea Legislativa para mejorar el problema del agro, de la vivienda, del desempleo, de la inseguridad pública, de la violencia, de la economía, de la pobreza extrema, del precarismo, de la corrupción, etc.? Todos éstos están haciendo crisis en la misma vida de los panameños y no se percibe el menor deseo de parte de algunos legisladores, de entregarse, con vocación, a la reconstrucción de una patria nueva, tan necesaria en momentos en que nos acercamos al centenario de vida independiente. Pareciera que este espíritu patriótico, esa entrega total a la causa de un Panamá mejor, esa capacidad e inteligencia, y ese profundo respeto a los valores éticos y morales, heredados de buenos panameños, no hubieran servido de estímulo a quienes hoy, desde el seno del Legislativo, están llamados a cumplir, responsablemente con el delicado trabajo de legislar para todos los nacionales. Estamos convencidos de que el pueblo no desea oír hablar de sesiones extraordinarias y menos cuando son consecuencia de la irresponsabilidad como las que se están solicitando.
Creemos en las sesiones extraordinarias legislativas cuando el tiempo ha sido corto para discutir y aprobar importantes leyes con la participación total de legisladores, animados en llevar bienestar y progreso a todos los sectores de la patria.
El ausentismo fue tan perjudicial e irresponsable, que el Presidente del Legislativo se sintió obligado a llamar a reuniones a los jefes de bancada, a fin de tratar el asunto, ya que las funciones de la Asamblea estaban, prácticamente, paralizadas.
Bien hace la Sra. Presidenta en no llamar a sesiones extraordinarias y mantenerse firme para que eso no suceda, ya que sería una burla más para un pueblo que ha dejado de confiar en quienes fueron elegidos para que trabajaran, permanentemente, por el progreso y desarrollo de las comunidades. Hubo suficiente tiempo para que la Asamblea desarrollara un trabajo meritorio en cuanto a preparación y aprobación de leyes que, verdaderamente, respondan a los intereses de la República, pero ese tiempo, dolorosamente, no ha sido empleado como corresponde, en legislar teniendo siempre presente los problemas más álgidos del país.
¿Qué se ha hecho en la Asamblea Legislativa para mejorar el problema del agro, de la vivienda, del desempleo, de la inseguridad pública, de la violencia, de la economía, de la pobreza extrema, del precarismo, de la corrupción, etc.? Todos éstos están haciendo crisis en la misma vida de los panameños y no se percibe el menor deseo de parte de algunos legisladores, de entregarse, con vocación, a la reconstrucción de una patria nueva, tan necesaria en momentos en que nos acercamos al centenario de vida independiente. Pareciera que este espíritu patriótico, esa entrega total a la causa de un Panamá mejor, esa capacidad e inteligencia, y ese profundo respeto a los valores éticos y morales, heredados de buenos panameños, no hubieran servido de estímulo a quienes hoy, desde el seno del Legislativo, están llamados a cumplir, responsablemente con el delicado trabajo de legislar para todos los nacionales. Estamos convencidos de que el pueblo no desea oír hablar de sesiones extraordinarias y menos cuando son consecuencia de la irresponsabilidad como las que se están solicitando.
Creemos en las sesiones extraordinarias legislativas cuando el tiempo ha sido corto para discutir y aprobar importantes leyes con la participación total de legisladores, animados en llevar bienestar y progreso a todos los sectores de la patria.