¿Para qué sirve la Organización Mundial de la Salud?
Del 26 al 30 de septiembre se llevó a cabo en Washington, D.C. la 57º sesión del comité regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), auspiciada por la Organización Panamericana de la Salud. Al igual que en ocasiones anteriores, se establecerán las estrategias para combatir las preocupaciones sanitarias que los participantes consideren prioritarias. Sin embargo, mientras enfermedades como el HIV/Sida y la malaria continúan en aumento, cabe preguntarse: ¿cuáles son las prioridades de la OMS?
En un mundo en que la esperanza de vida aumenta en función de la riqueza personal, la OMS debería concentrar su limitado presupuesto en las enfermedades que cruzan fronteras y que presentan una mayor amenaza para la salud mundial. Esas incluyen no solo las plagas como la gripe aviar, sino también el SIDA y el paludismo. Pero en lugar de estos objetivos encomiables, un análisis del presupuesto de la OMS del próximo año confirma que esas enfermedades son relegadas a un segundo plano en Ginebra. El presupuesto 2006-7 muestra que la OMS se ha transformado en una niñera internacional que brinda sermones principalmente a los países ricos sobre todo tipo de preocupaciones sanitarias, mientras sus gastos burocráticos se salen de control. Por ejemplo, un 59% del presupuesto de $3.200 millones se gastará el próximo año en combatir enfermedades no contagiosas, como la hipertensión y la salud psiquiátrica. Una tercer parte de estos fondos se gastará en la sede de Ginebra, en donde los salarios libres de impuestos son altos y el nivel de vida es suntuoso. El 41% restante se dedica, con mayor justificación, a enfermedades contagiosas como el SIDA, el paludismo o la tuberculosis. Nuevamente, un cuarto de esto se queda en Ginebra.
¿Por qué la OMS privilegia las enfermedades de los ricos sobre las de los pobres? Cinco países desarrollados contribuyen más de la mitad de las donaciones totales. Por lo tanto, la OMS no responde a los más desdichados sino a la clase política de los países ricos y, en consecuencia, a necesidades políticas más que médicas.
Esta clase política y las burocracias sanitarias de los países desarrollados viven bajo el encanto de los grupos de presión, con sus exigencias políticamente correctas como la regulación de la leche en polvo, la reducción de la sal en los alimentos, y la prohibición contra la publicidad del tabaco en el deporte. Es así como pueden existir iniciativas de la OMS para promover "una nutrición sana" mientras millones de niños africanos no tienen qué comer.
Aún cuando la OMS interviene en contra de las enfermedades contagiosas, muchas veces fracasa. Con siete años de recorrido, su programa "Hacer retroceder el paludismo" es testigo de un incremento en los casos de la enfermedad, sobretodo porque se ha plegado a las demandas de los ecologistas para limitar el uso del DDT, a pesar que este insecticida es sumamente efectivo contra la malaria. Es imprescindible una nueva constitución para la OMS que limite sus actividades a combatir enfermedades contagiosas, las verdaderas amenazas a la salud mundial.
"Me decía que le daba asco verme por el continuo enrojecimiento de la piel, nunca me acompañó al médico para hacerme un ultrasonido, a sabiendas que venía una criatura que era fruto de nuestra relación", recuerda muy acongojada Yanely.
Pero ella aprendió a ser fuerte, con el objetivo de sacar a su familia adelante y abriendo su horizonte a la luz de los más necesitados. Por esto, la valentía de esta mujer la lleva a darle gracias a Dios, pues su hijo, que hoy tiene cinco años de edad, vino al mundo sin problemas.
Con lágrimas en los ojos Yanely, define la psoriasis como la enfermedad que le recuerda a su hijo de cinco años, quien cuando grande desea ser médico dermatólogo, para curar a la persona que con difíciles obstáculos le dio la vida: su madre, el ser más preciado que existe sobre el planeta Tierra.
Aunque su hijo es pequeño, se da cuenta de los sufrimientos, y a tan corta edad está fascinado con ser doctor, con la finalidad de quitarle todas los brotes que le salen en la piel, señala con voz entrecortada.
En un mundo en que la esperanza de vida aumenta en función de la riqueza personal, la OMS debería concentrar su limitado presupuesto en las enfermedades que cruzan fronteras y que presentan una mayor amenaza para la salud mundial. Esas incluyen no solo las plagas como la gripe aviar, sino también el SIDA y el paludismo. Pero en lugar de estos objetivos encomiables, un análisis del presupuesto de la OMS del próximo año confirma que esas enfermedades son relegadas a un segundo plano en Ginebra. El presupuesto 2006-7 muestra que la OMS se ha transformado en una niñera internacional que brinda sermones principalmente a los países ricos sobre todo tipo de preocupaciones sanitarias, mientras sus gastos burocráticos se salen de control. Por ejemplo, un 59% del presupuesto de $3.200 millones se gastará el próximo año en combatir enfermedades no contagiosas, como la hipertensión y la salud psiquiátrica. Una tercer parte de estos fondos se gastará en la sede de Ginebra, en donde los salarios libres de impuestos son altos y el nivel de vida es suntuoso. El 41% restante se dedica, con mayor justificación, a enfermedades contagiosas como el SIDA, el paludismo o la tuberculosis. Nuevamente, un cuarto de esto se queda en Ginebra.
¿Por qué la OMS privilegia las enfermedades de los ricos sobre las de los pobres? Cinco países desarrollados contribuyen más de la mitad de las donaciones totales. Por lo tanto, la OMS no responde a los más desdichados sino a la clase política de los países ricos y, en consecuencia, a necesidades políticas más que médicas.
Esta clase política y las burocracias sanitarias de los países desarrollados viven bajo el encanto de los grupos de presión, con sus exigencias políticamente correctas como la regulación de la leche en polvo, la reducción de la sal en los alimentos, y la prohibición contra la publicidad del tabaco en el deporte. Es así como pueden existir iniciativas de la OMS para promover "una nutrición sana" mientras millones de niños africanos no tienen qué comer.
Aún cuando la OMS interviene en contra de las enfermedades contagiosas, muchas veces fracasa. Con siete años de recorrido, su programa "Hacer retroceder el paludismo" es testigo de un incremento en los casos de la enfermedad, sobretodo porque se ha plegado a las demandas de los ecologistas para limitar el uso del DDT, a pesar que este insecticida es sumamente efectivo contra la malaria. Es imprescindible una nueva constitución para la OMS que limite sus actividades a combatir enfermedades contagiosas, las verdaderas amenazas a la salud mundial.
"Me decía que le daba asco verme por el continuo enrojecimiento de la piel, nunca me acompañó al médico para hacerme un ultrasonido, a sabiendas que venía una criatura que era fruto de nuestra relación", recuerda muy acongojada Yanely.
Pero ella aprendió a ser fuerte, con el objetivo de sacar a su familia adelante y abriendo su horizonte a la luz de los más necesitados. Por esto, la valentía de esta mujer la lleva a darle gracias a Dios, pues su hijo, que hoy tiene cinco años de edad, vino al mundo sin problemas.
Con lágrimas en los ojos Yanely, define la psoriasis como la enfermedad que le recuerda a su hijo de cinco años, quien cuando grande desea ser médico dermatólogo, para curar a la persona que con difíciles obstáculos le dio la vida: su madre, el ser más preciado que existe sobre el planeta Tierra.
Aunque su hijo es pequeño, se da cuenta de los sufrimientos, y a tan corta edad está fascinado con ser doctor, con la finalidad de quitarle todas los brotes que le salen en la piel, señala con voz entrecortada.