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¿Para qué una nueva ley sobre justicia?


No tiene ningún sentido proponer la creación de nuevas y más complicadas leyes cuando las existentes son sencillas y solo sufren de la falta de voluntad de los órganos que tienen que aplicarlas. En Panamá, como en otras partes de América Latina, tenemos un grave problema de aplicación de la ley y nunca lo vamos a remediar diagnosticándole la fiebre a la sábana.

Es lo que ocurre con el juzgamiento de los magistrados y el intento de hacer ver que es necesario establecer nuevas normas cuando las que tenemos nos bastan. ¿Se necesita que se expida una nueva ley diciendo que cuando los magistrados de la Corte Suprema faltan a sus deberes éticos deben ser juzgados por la Asamblea y destituidos si se reúne el número de votos suficiente, que de acuerdo con el Código Judicial son dos terceras partes de los miembros del Órgano Legislativo?

La Constitución es muy clara cuando dice que la Asamblea Nacional juzgará a los magistrados "por actos ejecutados en el ejercicio de sus funciones en perjuicio del libre funcionamiento del poder público o violatorios de esta Constitución o las leyes". Firmar una sentencia contra derecho es un acto ejecutado "en el ejercicio de sus funciones" y violatorio de la Constitución y la ley.

Allí están las sentencias infames. El Código Judicial establece otros casos en los que la conducta del magistrado puede constituir una violación de sus deberes éticos y no se necesita que una nueva norma los reitere.

Allí están los hechos, hay testimonios y fotos. Los asesores legales del Legislativo debieran explicarle a los diputados que el juicio a los magistrados de la Corte es político y no de carácter penal.

Esto significa que no es necesario que se haya cometido algún delito para que los diputados arriben a la conclusión de que los Magistrados han violado sus deberes éticos, y que por lo tanto deben proceder a destituirlos. Los juristas miembros del Pacto de Estado por la Justicia, debieran pedir que las leyes existentes se apliquen en vez de inventar otras que sufrirán la misma suerte que las que ahora tenemos.

101 años de Panamá América

 
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