¿Para quién es el Canal?
Un campesino panameño que reside y trabaja en su buena tierra, lo mismo que lo hicieron varias generaciones de sus antepasados, en las estribaciones de los cerros cercanos a río indio, le preguntaba al periodista que lo entrevistó cuál sería el destino suyo y el de sus vecinos cuando se ampliara la cuenca del Canal y sus tierras fueran inundadas para agrandar los lagos que intentarán saciar la sed insaciable de los grandes barcos que sirven a los dueños de la navegación y el comercio de las grandes potencias mundiales. Ese mismo campesino inteligente y sagaz le recordaba al periodista que casi un siglo después de las inundaciones realizadas para construir los lagos que alimentan las esclusas, lo cual condujo a la desaparición de los llamados "pueblos perdidos" de los cuales nos habla Gil Blas Tejeira en su novela histórica del mismo nombre, no se han producido los cambios sociales, ni culturales ni económicos que soñaron los pueblos situados en sus orillas. Ahí están esos campesinos, muy cerca del canal y de la capital, pero llenos de necesidades, enfermedades, analfabetismo, desnutrición, frustración política y pobreza.
Se está mencionando con mucha insistencia que nuestro país debe tomar rápidamente la decisión de ensanchar el Canal mediante la construcción de un tercer juego de esclusas para que pueda tener la capacidad de permitir el paso de los grandes barcos Post Panamax, que están construyendo las grandes potencias. Se están ejerciendo presiones internas y externas para que tomemos una decisión acelerada, sin la consulta debida con todos los sectores de nuestra población, que corre el peligro de comprometer el futuro de muchas generaciones, con el riesgo de equivocarnos en perjuicio de toda la nación.
Algunos economistas, ingenieros y comerciantes han predicho que si en el año 2010 no está terminado el ensanche del canal, éste se volverá obsoleto y no podrá competir con otros sistemas de transporte. Sin embargo, todos sabemos que se han modernizado y multiplicado los puertos (Balboa, Cristóbal, Manzanillo, Coco Solo, Muelle Seis, Colón 2000) y que se está modernizando el ferrocarril. También se está construyendo la autopista Panamá -Colón y se está organizando un sistema multimodal de transporte en la Zona Libre de Colón. Todos estos sistemas de transporte de carga a través de nuestro Istmo-puente son competencia para el Canal de Panamá, pero generan empleos y riqueza que puede llegar a los sectores más deprimidos de la población.
Los compromisos contractuales de Panamá en relación con el Canal le impiden a la nación fijar los peajes que sean justos y que beneficien realmente a nuestro país. Esto sucede porque el Canal y el país donde se encuentra sólo existen para beneficio del mundo, tal como reza la frase latina que aparece en la parte superior de nuestro escudo (pro mundi beneficio). Cuando yo cursaba el sexto grado en la escuela Benjamín Quintero aprendí un lema distinto del escudo, que fue establecido en la constitución de 1941, el cual rezaba honor, justicia y libertad.
Con este lema creo que podemos estudiar y decidir entre todos los panameños lo que debemos hacer con el Canal. El honor nos servirá para tener como principal motivo el servicio a la patria y sus habitantes, la justicia para que nuestra nación obtenga lo que realmente merece por el uso de sus recursos naturales y pueda elevar el nivel de vida de su población; y, la libertad nos dará el derecho de escoger lo que más convenga a Panamá.
Se está mencionando con mucha insistencia que nuestro país debe tomar rápidamente la decisión de ensanchar el Canal mediante la construcción de un tercer juego de esclusas para que pueda tener la capacidad de permitir el paso de los grandes barcos Post Panamax, que están construyendo las grandes potencias. Se están ejerciendo presiones internas y externas para que tomemos una decisión acelerada, sin la consulta debida con todos los sectores de nuestra población, que corre el peligro de comprometer el futuro de muchas generaciones, con el riesgo de equivocarnos en perjuicio de toda la nación.
Algunos economistas, ingenieros y comerciantes han predicho que si en el año 2010 no está terminado el ensanche del canal, éste se volverá obsoleto y no podrá competir con otros sistemas de transporte. Sin embargo, todos sabemos que se han modernizado y multiplicado los puertos (Balboa, Cristóbal, Manzanillo, Coco Solo, Muelle Seis, Colón 2000) y que se está modernizando el ferrocarril. También se está construyendo la autopista Panamá -Colón y se está organizando un sistema multimodal de transporte en la Zona Libre de Colón. Todos estos sistemas de transporte de carga a través de nuestro Istmo-puente son competencia para el Canal de Panamá, pero generan empleos y riqueza que puede llegar a los sectores más deprimidos de la población.
Los compromisos contractuales de Panamá en relación con el Canal le impiden a la nación fijar los peajes que sean justos y que beneficien realmente a nuestro país. Esto sucede porque el Canal y el país donde se encuentra sólo existen para beneficio del mundo, tal como reza la frase latina que aparece en la parte superior de nuestro escudo (pro mundi beneficio). Cuando yo cursaba el sexto grado en la escuela Benjamín Quintero aprendí un lema distinto del escudo, que fue establecido en la constitución de 1941, el cual rezaba honor, justicia y libertad.
Con este lema creo que podemos estudiar y decidir entre todos los panameños lo que debemos hacer con el Canal. El honor nos servirá para tener como principal motivo el servicio a la patria y sus habitantes, la justicia para que nuestra nación obtenga lo que realmente merece por el uso de sus recursos naturales y pueda elevar el nivel de vida de su población; y, la libertad nos dará el derecho de escoger lo que más convenga a Panamá.