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¿Para quién salvamos la Caja?


HACE ALGÚN tiempo un connotado dirigente sindical se hacía esta pregunta: ¿De quiénes hay que salvar a la Caja? Es allí donde radica el error conceptual que éste transmite a los obreros, porque la pregunta no es ésa, sino ¿para quién salvamos la Caja?
Para determinarlo, vamos a ver quiénes son los que más se benefician con los servicios que brinda la Caja de Seguro Social (CSS), quienes dependen de ella para subsistir o para conservar la salud: No son los políticos gobernantes, magistrados, etc., ahora con altos salarios y con una práctica evasora heredada y aumentada, ya que pueden pagar clínicas privadas, pero a quienes esto no les exime del deber de ser los primeros en dar el ejemplo de "sacrificio" renunciando o despojándose de esas prebendas fiscales injustificadas y corruptamente de instituidas a manera de sobornos por gobiernos anteriores para aprobar leyes nefastas como las privatizaciones o para desviar la justicia con el favor de magistrados.
Tampoco necesita a la CSS el empresario de Zona libre, evasor por excelencia, porque sus condiciones económicas les permiten recibir atención médica privada y tiene asegurado su retiro; sin embargo a éste sí le cabe la responsabilidad de resarcir a esta estratégicamente ubicada tierra que le ha sido tan prodiga en beneficios y a sus habitantes, tributando correctamente lo poco que le es gravado, declarando correctamente al personal y sus salarios.
Tampoco hacen uso de la CSS los grandes comerciantes, ya que pueden procurarse las atenciones y seguros privados que les permiten tranquilidad. Pero deben abandonar sus prácticas de tributación dolosas, como la subfacturación de importaciones, la no facturación o doble facturación, la no remisión del 5% cobrado; deben declarar correctamente al personal y sus salarios.
Por otro lado, tampoco afecta al trabajador informal, porque no tiene derecho a los beneficios de la Caja.
Los jubilados, para quienes la jubilación es su único ingreso y le proporciona una estabilidad y cierta independencia económica . Sin ella, en 90 días dejaría de existir más del 30% de esta población.
Los obreros, que usan la CSS en sus prestaciones médicas propias y de dependientes, y confían en la promesa de una jubilación. Sin la existencia de la Caja, los índices de mortalidad actuales de este segmento se incrementarían notablemente.
En conclusión, son los trabajadores los más interesados y necesitados de que se salve el Seguro Social. Entonces, razonablemente, el incremento en sus aportes, de los patronos y del gobierno debe ser una parte fundamental de la solución, y no sólo la persecución de la evasión, en la cual ellos cifran la solución al problema. Todas las tropelías de patronos y gobiernos no sobrepasan los 500 millones de dólares (sin querer justificarlo) y el déficit actual de la Caja excede los $4,000 millones. Es claro que la causa de este déficit no es esa.
La verdadera causa del descalabro financiero de la CSS es que los aportes de los asegurados son inferiores a las erogaciones que ellos mismos y sus dependientes causan a la Caja, por lo que inscribir nuevos asegurados en las actuales condiciones no viene a disminuir el déficit, por el contrario lo agrava. De allí podemos colegir que la única y viable solución tendrá que forzosamente analizar el aumento del número de cuotas para obtener la jubilación, el incremento de la edad de jubilación, equiparar la edad de jubilación de hombres y mujeres, incremento de cuota por dependientes adicionales al núcleo básico familiar y control de gastos de cada asegurado y dependientes, sin desmedro de todas las otras medidas administrativas de cobros a morosos, inspecciones y verificación de inscripciones .
La quiebra del CSS sería una hecatombe para el país: De salida 15,000 empleados serían despedidos, se produciría el cese de pago de pensiones y jubilaciones, el colapso del sistema público de salud, etc.
Todo ello generaría un caos, una atmósfera inestable, insegura, que haría inhabitable nuestro bello país. La solución es dura, pero las opciones reales son las expuestas, pensar en otras alternativas y esperar sería iluso y suicida. Aquí es donde los sindicalistas deben actuar responsablemente, en lugar de ser azuzadores de las masas sin medir las consecuencias.
El sindicalista más cumplidor no es el más confrontador, ni el que tiene la opción y decide obstinadamente por el camino errado, de ello puede dar muestras palpables el nada agradablemente recordado Sr. Morris, de las bananeras de Puerto Armuelles, que por su obcecada y malintencionada dirigencia producto de segundas intenciones, como se pudo constatar posteriormente, ha dejado sumida en la miseria a su ciudad.
El mejor dirigente es el que logra conquistas laborales y mantiene rentable la empresa que lo emplea . El fin principal de la creación de una empresa es ganar dinero, lo que no es incompatible con el respeto a las conquistas laborales razonables, pero si no genera suficiente riqueza es imposible cumplir con este objetivo, por lo que es también función del trabajador responsable realizar su labor con eficiencia, disposición y esmero para producir con costos eficientes.
La globalización es un proceso que no tiene marcha atrás y los que se opongan a ella serán irremisiblemente arrollados. No podemos competir en cuanto a costo directo de mano de obra con la mayoría de las economías del tercer mundo, pero sí está en nuestras manos producir con dedicación, calidad, interés y manteniendo la paz social para así compensar con calidad nuestra desventaja económica que unido a nuestra estratégica posición y amplias facilidades tecnológicas nos harían verdaderamente competitivos.

101 años de Panamá América

 
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