Para salir del hueco...¡Educación!
Es increíble que uno de los temas más relevantes que ayudarían a cualquiera a salir de la pobreza, sea el tema con el cual más se pierde en discusiones bizantinas sin llegar a nada concreto.
El tema de la educación es el protocolo de todos los libros, seminarios y charlas en donde se busca la respuesta para la salida de los países del tercer mundo a un nivel de vida mejor; pero, mientras que los empresarios exigen empleados más educados pareciese que esa misma élite prefiere un pueblo bruto para que sean pocos los privilegiados y muchos los explotados. No, no es un pensamiento marxista, es una realidad que no se puede tapar.
Educación es un asunto para el gobierno y para nosotros, los contribuyentes; y como me siento parte del problema, deseo dar mi enfoque sobre esto. Primero, evaluemos la realidad: El personal administrativo y ministerial, ya hemos comprobado que son puestos políticos con ideosincrasia política Sería muy difícil hallar académicos pedagogos en la dirección de la educación nacional, y no me extrañaría que en el Ministerio del ramo nos encontráramos personal sin preparación universitaria, y por ahí es que tiene que venir el ejemplo. Por ello es tan difícil administrar, preparar colegios según cronograma, nombrar profesores, preparar licitaciones, crear "rutas críticas", elaborar "círculos de calidad", inspecciones, correcciones y prevenciones, y tantas otras cosas que si no se tiene estudio y se cree que sólo lo empírico vale, tenemos en la dirección de la educación panameña hombres y mujeres que se contentan con dar excusas.
Seguimos con los profesores; gran parte de ellos sin vocación y con la satisfacción que, como no había trabajo en ningún otro lado, bueno, se hicieron docentes. La modernidad no viene por la computadora, sino por el profesor. Primero, debe estar bien pagado. Claro que sí, pero a cambio lo quiero bien, bien preparado. Actualizado en pedagogía y ciencias afines sobre instrucción y relaciones humanas. Esta persona debe estar en seminarios sobre estos asuntos; que se lo dé el gobierno, está bien, pero también él o ella debe pagarse su propia autogestión. Esto no es un derecho, es un deber de su profesión. Además, si la materia a la que se dedica va evolucionando, él también debe seguirla.
El material y la estructura física de los centros de enseñanza deben estar al día y limpios, y esto no es sólo obligación del gobierno, sino también de los padres de familia. Debe existir una política de instrucción pública primero, antes que cualquier otra cosa. No es posible que una revista de desnudos sea más barata que un libro sobre soldadura o finanzas; no es posible que para solucionar un problema escolar se tenga que cerrar el centro educativo. Ese debe ser el último recurso de protesta, ¡la escuela jamás se cierra! Cerrándola incrementamos el daño. Es imperdonable una sin tablero, tiza, luz y agua.
La educación debe estar al tanto con la realidad y superarla. De qué le sirve a un niño en el último rincón del Darién conocer la segunda Ley de Newton, si el profesor no lo relaciona con una mejor construcción de balsas; o que sepa de las leyes de la rentabilidad, si el maestro no lo encaja con una mejor venta de sus productos. Para esos fines se crean laboratorios-talleres, que el niño vea el hecho real y no sólo la teoría. Los laboratorios no son sólo de computadoras.
Para atacar a la crisis en la educación se empieza con un plan. Se le podrá dar todos los millones que se quiera a Educación, pero si el personal encargado de administrar esos fondos no sabe por dónde ir ni a dónde llegar, y para colmo, no tiene ni idea sobre control de capitales, estamos perdidos. Lo primero que debe hacer este plan es buscar personal administrativo-ministerial capacitado; segundo, mejorar estructuras físicas, seguido de una entrenamiento y elección de buenos directores y profesores; enfocar hacia los medios de comunicación para que éstos sean colaboradores en la educación del país (no sólo hacer suplementos); y vender una filosofía de gente nueva y emprendedora, no de repetidores y subalternos.
Espero, que estas ideas ayuden en algo para un mejor Panamá.
El tema de la educación es el protocolo de todos los libros, seminarios y charlas en donde se busca la respuesta para la salida de los países del tercer mundo a un nivel de vida mejor; pero, mientras que los empresarios exigen empleados más educados pareciese que esa misma élite prefiere un pueblo bruto para que sean pocos los privilegiados y muchos los explotados. No, no es un pensamiento marxista, es una realidad que no se puede tapar.
Educación es un asunto para el gobierno y para nosotros, los contribuyentes; y como me siento parte del problema, deseo dar mi enfoque sobre esto. Primero, evaluemos la realidad: El personal administrativo y ministerial, ya hemos comprobado que son puestos políticos con ideosincrasia política Sería muy difícil hallar académicos pedagogos en la dirección de la educación nacional, y no me extrañaría que en el Ministerio del ramo nos encontráramos personal sin preparación universitaria, y por ahí es que tiene que venir el ejemplo. Por ello es tan difícil administrar, preparar colegios según cronograma, nombrar profesores, preparar licitaciones, crear "rutas críticas", elaborar "círculos de calidad", inspecciones, correcciones y prevenciones, y tantas otras cosas que si no se tiene estudio y se cree que sólo lo empírico vale, tenemos en la dirección de la educación panameña hombres y mujeres que se contentan con dar excusas.
Seguimos con los profesores; gran parte de ellos sin vocación y con la satisfacción que, como no había trabajo en ningún otro lado, bueno, se hicieron docentes. La modernidad no viene por la computadora, sino por el profesor. Primero, debe estar bien pagado. Claro que sí, pero a cambio lo quiero bien, bien preparado. Actualizado en pedagogía y ciencias afines sobre instrucción y relaciones humanas. Esta persona debe estar en seminarios sobre estos asuntos; que se lo dé el gobierno, está bien, pero también él o ella debe pagarse su propia autogestión. Esto no es un derecho, es un deber de su profesión. Además, si la materia a la que se dedica va evolucionando, él también debe seguirla.
El material y la estructura física de los centros de enseñanza deben estar al día y limpios, y esto no es sólo obligación del gobierno, sino también de los padres de familia. Debe existir una política de instrucción pública primero, antes que cualquier otra cosa. No es posible que una revista de desnudos sea más barata que un libro sobre soldadura o finanzas; no es posible que para solucionar un problema escolar se tenga que cerrar el centro educativo. Ese debe ser el último recurso de protesta, ¡la escuela jamás se cierra! Cerrándola incrementamos el daño. Es imperdonable una sin tablero, tiza, luz y agua.
La educación debe estar al tanto con la realidad y superarla. De qué le sirve a un niño en el último rincón del Darién conocer la segunda Ley de Newton, si el profesor no lo relaciona con una mejor construcción de balsas; o que sepa de las leyes de la rentabilidad, si el maestro no lo encaja con una mejor venta de sus productos. Para esos fines se crean laboratorios-talleres, que el niño vea el hecho real y no sólo la teoría. Los laboratorios no son sólo de computadoras.
Para atacar a la crisis en la educación se empieza con un plan. Se le podrá dar todos los millones que se quiera a Educación, pero si el personal encargado de administrar esos fondos no sabe por dónde ir ni a dónde llegar, y para colmo, no tiene ni idea sobre control de capitales, estamos perdidos. Lo primero que debe hacer este plan es buscar personal administrativo-ministerial capacitado; segundo, mejorar estructuras físicas, seguido de una entrenamiento y elección de buenos directores y profesores; enfocar hacia los medios de comunicación para que éstos sean colaboradores en la educación del país (no sólo hacer suplementos); y vender una filosofía de gente nueva y emprendedora, no de repetidores y subalternos.
Espero, que estas ideas ayuden en algo para un mejor Panamá.