Para una definición de la política
Son muchas las definiciones que se tiene acerca de lo que es la política. No obstante, nosotros queremos referirnos a la concepción de la política que parte de la existencia de núcleos humanos vigorosamente organizados. La política ha de tener por aspiración suprema de salud, la educación y el bienestar del pueblo. Pero ¿qué es un pueblo? Un pueblo es un conjunto de dolores y esperanzas, de vileza que se ha de sujetar y de virtud que se ha de defender, de ignorancia apasionada y de luces e instintos que salvan y dirigen, de hombres y mujeres a quienes se ha de servir como sirve el médico al enfermo que le muerde la mano.
La política bien entendida abarca todo el campo de las ciencias sociales y económicas, la teoría y la administración del Estado, etc. etc. Ahora bien, intervenir en la política no es mercadear. La política verdadera, la política que es estudio de los diversos métodos de vida común que ha ideado y puede idear el hombre, la política que busca el mejor cauce para los intereses colectivos, es la patria. Quien utiliza la política para auparse o beneficiarse ilegítimamente ataca a la patria misma.
Es impura y nociva la política que tiene por objeto cambiar las meras formas de un país y reemplazar en el poder público a los autoritarios arrellanados con los autoritarios hambrientos, sin varias las condiciones de injusticia en que padecen los demás. Es pura y fecunda la política que tiene por objeto poner en situación de vivir a quienes un estado inicuo de gobierno priva de los medios de aspirar por el trabajo y el decoro a la felicidad. Además, es preciso creer y prever. En enseñar a los hombres y mujeres a creer está el secreto para la formación de los pueblos. Prever es la cualidad esencial en la constitución y el gobierno de los pueblos.
La función primera de la política es sanear y poner en movimiento las fuerzas útiles que levantan a un pueblo y lo convierten en sostén y honra de la patria. Pero, eso sí, hay que diferenciar entre una política práctica y la política que es una combinación de ciencia y arte. La política práctica no es más que la lucha por el goce del poder. Es decir, la política que no sabe orientarse, y es impaciente, y se fatiga de esperar y es irresponsable, y carece de toda función creadora.
La combinación de ciencia y arte que es la verdadera política es todo lo contrario: es previsora, y rehuye entrar por escotillón y gobernar, y avanza con bandera desplegada y a tambor batiente, y se prepara para tiempo largo, e inspira confianza, entusiasmo, respeto y fe en su intención enérgica de reformar juiciosamente.
Por otra parte, hombre (o mujer) de Estado como bien señalaba el Dr. Octavio Méndez Pereira en 1932, sólo puede serlo quien posee en grado superior el arte y la ciencia política. Quien posee únicamente los resortes ordinarios del gobierno y la habilidad técnica o rutinaria del oficio para aplicar aquellos, podrá ser un funcionario o un administrador, pero no un estadista. Y cuando la política -agregamos nosotros- no es más que el arte de administrar, o el de obtener aprovechamientos por el halago de las pasiones y la complicidad con intereses bastardos, o el de satisfacer la vanidad, la política es profesión enojosa y desdeñable.
Enumerando las cualidades que necesita un hombre (o mujer) de Estado fuerte y valiente estilo Cromwell, Napoleón, Gladstone, Lincoln, Golda Meir, Holtzendorff anota lo siguiente: "Firmeza en las resoluciones y flexibilidad en la ejecución de lo resuelto, valentía y precisión, prontitud y prudencia, hábito de hablar y de callarse a tiempo, reserva y cortesía, confianza y desconfianza, producto del conocimiento profundo de los hombres"...
Estas y muchas otras cualidades requiere el político en grande para hacer efectivo el orden justo y equitativo de las relaciones entre los hombres, para que el Estado venga a ser en la vida política: "la sociedad constituida de una manera permanente y organizada para hacer que el derecho reine en las relaciones humanas".
La política bien entendida abarca todo el campo de las ciencias sociales y económicas, la teoría y la administración del Estado, etc. etc. Ahora bien, intervenir en la política no es mercadear. La política verdadera, la política que es estudio de los diversos métodos de vida común que ha ideado y puede idear el hombre, la política que busca el mejor cauce para los intereses colectivos, es la patria. Quien utiliza la política para auparse o beneficiarse ilegítimamente ataca a la patria misma.
Es impura y nociva la política que tiene por objeto cambiar las meras formas de un país y reemplazar en el poder público a los autoritarios arrellanados con los autoritarios hambrientos, sin varias las condiciones de injusticia en que padecen los demás. Es pura y fecunda la política que tiene por objeto poner en situación de vivir a quienes un estado inicuo de gobierno priva de los medios de aspirar por el trabajo y el decoro a la felicidad. Además, es preciso creer y prever. En enseñar a los hombres y mujeres a creer está el secreto para la formación de los pueblos. Prever es la cualidad esencial en la constitución y el gobierno de los pueblos.
La función primera de la política es sanear y poner en movimiento las fuerzas útiles que levantan a un pueblo y lo convierten en sostén y honra de la patria. Pero, eso sí, hay que diferenciar entre una política práctica y la política que es una combinación de ciencia y arte. La política práctica no es más que la lucha por el goce del poder. Es decir, la política que no sabe orientarse, y es impaciente, y se fatiga de esperar y es irresponsable, y carece de toda función creadora.
La combinación de ciencia y arte que es la verdadera política es todo lo contrario: es previsora, y rehuye entrar por escotillón y gobernar, y avanza con bandera desplegada y a tambor batiente, y se prepara para tiempo largo, e inspira confianza, entusiasmo, respeto y fe en su intención enérgica de reformar juiciosamente.
Por otra parte, hombre (o mujer) de Estado como bien señalaba el Dr. Octavio Méndez Pereira en 1932, sólo puede serlo quien posee en grado superior el arte y la ciencia política. Quien posee únicamente los resortes ordinarios del gobierno y la habilidad técnica o rutinaria del oficio para aplicar aquellos, podrá ser un funcionario o un administrador, pero no un estadista. Y cuando la política -agregamos nosotros- no es más que el arte de administrar, o el de obtener aprovechamientos por el halago de las pasiones y la complicidad con intereses bastardos, o el de satisfacer la vanidad, la política es profesión enojosa y desdeñable.
Enumerando las cualidades que necesita un hombre (o mujer) de Estado fuerte y valiente estilo Cromwell, Napoleón, Gladstone, Lincoln, Golda Meir, Holtzendorff anota lo siguiente: "Firmeza en las resoluciones y flexibilidad en la ejecución de lo resuelto, valentía y precisión, prontitud y prudencia, hábito de hablar y de callarse a tiempo, reserva y cortesía, confianza y desconfianza, producto del conocimiento profundo de los hombres"...
Estas y muchas otras cualidades requiere el político en grande para hacer efectivo el orden justo y equitativo de las relaciones entre los hombres, para que el Estado venga a ser en la vida política: "la sociedad constituida de una manera permanente y organizada para hacer que el derecho reine en las relaciones humanas".