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Paraguay: salvar al dorado


Asunción, Paraguay / AIPE.- Hubo un tiempo en que la zona del río Paraná a la altura de la Isla Yacyretá era considerada uno de los tres mejores sitios de pesca del mundo. Abundaban el bagre, el pacú, el salmón y la corvina, todos de sabor excepcional. No era raro para aficionados capturar un surubí de 40 kilos. Pero la pieza más apreciada era el dorado, salmónido de carne blanca y deliciosa, un verdadero tigre de los ríos. Ya no más. La depredación está exterminando el dorado. Los ecologistas aseguran que el desastre surge del desmedido afán de lucro de la pesca comercial y de la ineptitud y corrupción de las autoridades encargadas del control. Insisten en leyes más severas, mayor vigilancia y funcionarios honestos. Además, afirman que es preciso educar y cambiar la mentalidad depredadora de la gente.
Pero se equivocan. Ni el mejor control estatal evitará la depredación de los peces, ni la culpa la tiene la pesca comercial. Y tampoco es un problema de educación o de mentalidad porque la depredación se ha dado en todas partes, desde el bacalao en el mar de Noruega hasta el salmón en el río Columbia. La causa de la devastación está en el socialismo, en la propiedad estatal o colectiva de los peces, que son arrasados debido a la ausencia de derechos privados de propiedad. Los peces, al ser del dominio público, no son de nadie. No tienen quién los cuide y defienda. En cambio, las vacas, cerdos y gallinas no son depredados porque tienen dueños.
El exterminio de los peces es el resultado de lo que el biólogo Hardin describió como "La tragedia de lo comunal" (1968). Cuando un recurso al que todos tienen acceso se vuelve escaso, el resultado es la utilización abusiva del mismo. Hardin puso como ejemplo a los campos comunales de pasto para el ganado. En estos campos, a medida que aumenta el ganado y hay menos pasto, cada uno trata de sacar el máximo provecho introduciendo más animales, pues recibe todo el beneficio y casi nada del costo. El campo pronto se arruina.
Para evitar "la tragedia de lo comunal" y lograr que los recursos escasos y preciosos, como los peces, sean cuidados y aprovechados racionalmente, con vista al futuro, es necesario crear para los mismos derechos de propiedad bien definidos y protegidos. En estos principios se sustenta el creciente movimiento ecológico de libre mercado, fundado por Terry L. Anderson, director del instituto PERC en Montana. Fueron los incentivos del mercado los que impidieron la extinción del elefante, el rinoceronte, los búfalos y bisontes, etc. Y que también pueden salvar al dorado.
Estudios de PERC muestran que en Escocia existieron durante siglos derechos privados sobre la pesca del salmón. Esos derechos - transferibles - sobre territorios determinados, en los ríos y el mar, hoy los tienen personas, empresas y clubes ecologistas que administran y vigilan sus zonas. La pesca sin el permiso escrito del propietario es un delito punible. No existe control estatal, pero el salmón está en su apogeo. En Noruega, debido a la depredación, se dividió la pesca del bacalao en distritos de pesca bien definidos a cargo de asociaciones que establecen sus propias normas y resuelven sus disputas, sin injerencia estatal. En Japón, miles de cooperativas de pescadores son propietarias de los derechos de pesca en sus costas. En Inglaterra, el gobierno asigna cupos de pesca marítima a las asociaciones de pescadores.
En Yacyretá también podrían asignarse los derechos de pesca a los pescadores que han vivido por generaciones de esa actividad, quizá, sobre la base de cupos por zonas y épocas del año. Las organizaciones de pescadores deberían administrar la pesca comercial y deportiva en sus sectores, hacer de guardianes y guías, controlar la cantidad y el tamaño de las piezas y cobrar los derechos de pesca a los pescadores. Como propietarios, los pescadores asociados tratarán de mejorar su nivel de vida y el de sus descendientes poniendo el máximo celo en la protección de los peces.
Los derechos de propiedad y el libre mercado son los únicos que pueden salvar a la rica fauna de los ríos del Paraguay y en especial al dorado. No se conoce otro sistema más enérgico y moral para resguardar los valiosos recursos que Dios ha dado al hombre.

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