Paraísos fiscales
La crisis financiera mundial tiene a los gobiernos y las entidades financieras internacionales en un frenesí de improvisaciones. Algunas saldrán bien y otras podrán ser peor remedio que la enfermedad. Dicen que la mejor forma de tratar un mal es saber qué lo causó, y por ello ya empiezan todos estos gurús financieros a apuntar los dedos acusadores en múltiples direcciones. Por supuesto que lo mejor es no tener que señalarse a sí mismo, así que hay que buscar chivos expiatorios.
No es sorpresa que el rol de los ejecutivos bancarios estafadores, la imprudencia política de eliminar los controles a las operaciones financieras, la imbecilidad de permitir la consolidación de megabancos globales y las irresponsables políticas que toleraron y hasta indujeron a las sucesivas burbujas financieras, se quieran tapar con un dedo; el dedo acusador hacia los llamados "paraísos fiscales", e incluir en la nueva lista negra a países como Panamá.
Lo primero que habría que señalar es que el principal "paraíso fiscal" del mundo está en los Estados Unidos; lo próximo sería recalcar que los que le siguen en importancia están ubicados en pequeños principados y ducados creados por los propios europeos poderosos, con el fin de escapar a las normas que ellos crearon para el resto de los súbditos y que no tendrían ninguna viabilidad como Estados si no cumplieran con esa función de válvula de control a los excesos de los regímenes tributarios continentales.
Lo más llamativo en cuanto a Panamá, es que nuestro Centro Financiero está más sólido que los de los países que nos acusan, pero no porque hacia acá se hayan movido sus grandes capitales, sino porque nuestros banqueros se comportaron como banqueros y no como especuladores o ludópatas en un casino, al rechazar los papeles tóxicos que tienen quebrada a la gran banca internacional.
Otro aspecto a considerar es que la crisis financiera comprende montos de pérdidas de dimensiones difíciles de comprender -ubicadas en los millones de millones de dólares-, y en Panamá los activos bancarios no llegan a los 50 mil millones de dólares, con lo que es más que evidente que esos billones perdidos no están escondidos en Panamá.