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Paraninfo y rescate de la Universidad


El proyecto de renovación del Paraninfo de la Universidad de Panamá, cuyo diseño estuvo a cargo del arquitecto Eduardo Pérez, merece el pleno apoyo no sólo de los egresados sino de la ciudadanía que ha tenido en la máxima casa de estudios panameña una fuente inagotable de oportunidades, superación personal y social.
Inaugurado en 1952, el vetusto recinto, en el que recitó una vez sus versos Pablo Neruda y que ha sido testigo de infinitas gestas históricas, como el Sitio de la Colina de 1958, con su intento de detener la escalada del militarismo criollo; los trágicos acontecimientos de enero de 1964; y la resistencia contra el golpe castrense de 1968, hoy acusa el paso del tiempo. Medio siglo es más que suficiente.
La nueva estructura contaría con 700 cómodas butacas distribuidas en dos áreas y una amplia tarima para eventos. La realización de la obra requeriría, según sus gestores, de un aporte de B/.750 mil, que estaría a cargo de donantes, principalmente egresados del centro de estudios, para lo cual se planea organizar una cena como punto de inicio de una campaña de recolección de fondos. A simple vista, sin embargo, es evidente que el monto indicado entrañaría acaso un tercio del costo total de los trabajos, si es que se quiere hacer bien, incluyendo la completa climatización del recinto.
Pese a su mérito intrínseco, la obra en sí no nos parece tan importante como el hecho de integrar a los egresados y demás donantes en un esfuerzo común a favor del mejoramiento integral de la Universidad, la cual padece de duros aprietos económicos. Y de esa participación constructiva pueden derivarse otras consecuencias, porque quien da tiene derecho a exigir. De ese modo, quizás se abran las puertas para el rescate de la institución de las malas manos que la controlan desde 1969, manteniéndola en condiciones precarias y decadentes.
Pero así y todo, es tan fuerte la semilla sembrada por su fundador, Harmodio Arias Madrid, que la concibió como centro de consolidación de la nacionalidad y motor de superación social, que aun con la carga de quienes la monopolizan y usurpan, para sus intereses, conserva sobrado liderazgo. Por eso, vemos en el proyecto una bella oportunidad para rescatarla y reintegrarla al país. Y cuando eso ocurra, le sobrarán donantes, recursos y motivaciones para ser mucho mejor.
La libertad individual nunca ha existido en América Latina. Vargas Llosa culpa la tragedia latinoamericana en la opresión representada por el corporativismo y mercantilismo de Estado, el privilegio, la transferencia de riqueza y leyes politizadas. "En América Latina no hay un sistema de justicia. Lo que hay es un sistema político: los tribunales son sus instrumentos".
El atraso latinoamericano no resulta tan misterioso una vez que examinamos los hechos y detectamos las falsedades de la bulla constante de políticos y burócratas, tanto locales como multilaterales.
(*) Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
www.aipenet.com

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