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Paremos el duelo político


Ha llegado el momento de las rectificaciones vitales y no de simples sanaciones epidérmicas. La situación que vive el Seguro Social hoy día no se presta para relajo y la misma debiera servir para que, de una vez por todas, los panameños nos dispusiéramos a abjurar del duelo político, y de modo solemne y definitivo nos deshiciéramos de una de las prácticas que más perniciosas resultan para la salud y decencia colectiva. A mi entender, ya ha sido mucha la censura a este vicio del duelo y la confrontación, y al mismo se le ha atacado por la vía del ridículo, arguyendo que de cada diez duelos, ocho son una farsa que no sirven más que para tener a cuatro individuos durante unas cuantas horas en conflicto dialéctico en los medios de comunicación, y a otros tantos durante unos cuantos minutos más, en trance de mostrar cuál de los dos sabe más de esgrima. ¡Y eso no es justo!
En estos momentos no se trata de ver quiénes o quién es el “guapo de la política”, porque aparte de que no basta que lo sea, siempre es posible que haya otro guapo con más poder animal y más técnica de esgrima o pistolera que él. Si la democracia representa realmente algo para nosotros, ésta debiera ser el coeficiente público de una mínima aptitud individual y de grupo, en donde tengamos la suficiente capacidad humana para resolver juntos nuestros graves problemas. Y el problema del Seguro Social es realmente serio para la economía personal, familiar y nacional.
Aunque de muy mala gana, los panameños podríamos aceptar que el duelo sustituya a la sanción legal cuando se trata de asuntos privados. Pero cuando se trata de cuestiones de interés público, el duelo político es intolerable, porque tiende a inhibir el espíritu general del país que hoy expone su deseo y su voluntad de solución de un problema, sin más restricciones que las legales y sin las cuales la democracia se convertiría entonces en simple cooperativismo y compadrería. Como solución puramente privada, el duelo suele ser, en efecto, una tontería más o menos excitante de los nervios, en donde dos señores creen que ella es siempre preferible a dejar un pleito sin solución. Allá ellos con su preferencia. Lo que a partir de este momento debemos ordenar con fuerza los panameños, es que el duelo político ante problemas de naturaleza nacional, como lo es la crítica situación del Seguro Social, sea proscrito para siempre y que prive, de parte y parte, una actuación fundamentada en el interés general. Probablemente no nos hemos percatado de la gran posibilidad de que ese tipo de duelos sea una de las causas aisladas más poderosas de los fracasos y desilusiones que hayamos tenido durante nuestra vida republicana.
Algunos me acusan, con desprecio inclusive, de ser un soñador, porque todo ello estaría bien sólo en una república ideal. Agregan que todavía en Francia, Inglaterra y Estados Unidos se dan casos en que el único procedimiento de que muchas veces se dispone para reivindicar derechos públicos es andar por allí diciendo pestes de quien difiere de su criterio para resolverlo, y que por desgracia, democracia tendrá que ser siempre un poco de insolencia, de soberbia y de plebeyez. No comparto esa opinión. Los obreros, los empresarios y el gobierno de Panamá sí podemos ponernos de acuerdo para llevar una verdadera solución al muy grave y serio problema de la Caja de Seguro Social. Para ello, primero tenemos que acabar con el duelo político ante situaciones delicadas de interés general, porque esta obsoleta práctica caballeresca, de las llamadas cuestiones de honor, ha sido uno de los morbos que han hecho un muladar de nuestra vida republicana. Y si no lo cree, mire, observe y tome nota de la actitud generalizada de los panameños hoy día.

101 años de Panamá América

 
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