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Participación ciudadana


En la pasada contienda electoral se habló tanto del cambio por parte de los gobernantes que me pregunto, ¿cuánto los gobernados habrán creído que ellos no tienen que cambiar? Dos fueron las razones por las cuales el “verdadero cambio” no me convenció. Primero lo fue el hecho de que la campaña de los promotores de ese gran cambio era muy similar a la de sus adversarios, lo que me obligó a pensar de que “eran lo mismo”; y en segundo lugar, porque la historia ha demostrado que los cambios radicales siempre son violentos. A ese cambio en el ´68 se le llamó “proceso revolucionario”, y todos sabemos cómo tuvo que darse. Similarmente, sabemos qué fue necesario para deshacernos de dicho proceso. Así ha sido desde la revolución francesa.

¿Habrá una mejor alternativa? En realidad no lo sé. De lo que sí estoy convencido es que el verdadero cambio sólo es posible con una mayor participación ciudadana en la actividad de gobernar, participación que no sólo nos la quieren quitar los gobernantes, sino que la rehuimos. Esto último se aprecia cuando en una organización cívica todo el mundo “saca el cuerpo” a la hora de asignar comisiones y son siempre los mismos los que trabajan.

Han sido innumerables los artículos en los que se hace un llamado de consciencia sobre nuestros deberes ciudadanos, y se critica que nuestra responsabilidad ciudadana pareciera limitarse a votar cada cinco años. Si eso es lo que mejor sabe hacer el panameño, ¿por qué no lo ponemos a votar más a menudo? Imagínese, estimado lector, que las próximas elecciones fuesen para un periodo de seis años, pero que sólo se votaría para presidente y alcaldes; que dos años más tardes se vota para elegir a diputados y representantes de corregimientos e incluso, que dos años más tardes se vota para elegir a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y a los jueces de distrito. ¡Ese es un verdadero cambio!

Veamos otro aspecto. Soy de los que opinan que el problema del calentamiento global está en que el mismo aún no lo vemos. Si sólo reaccionamos ante lo que vemos y nos afecta directamente, hagamos uso de ello. Propongo que los impuestos que cada uno de nosotros pagamos (incluyendo el ITBMS) vayan a una cuenta individual y que para cada gasto del gobierno se sepa de qué cuentas proviene el dinero. Eso es tecnológicamente posible. Imaginémonos que un ciudadano sepa que el dinero de su cuenta ha sido utilizado en las reparaciones de la escuela Guillermo Andreve o para pagar el salario de un diputado que no asiste a la Asamblea. Allí veremos un verdadero cambio, no del gobierno, sino de los ciudadanos.

101 años de Panamá América

 
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