Participación y poder local
Justo Arosemena, enfocó así en su magistral ensayo El Estado Federal de Panamá(1855) la relación entre poder y territorio : "Así que, centralismo, ejército y autoridad absoluta han sido ideas correlativas, inseparables, hermanas como las Furias, destinadas a labrar la ruina y la humillación de los pueblos." Sitúa la concentración del poder de esta manera: "Cómo nace el despotismo del poder centralizado, me parece que no es difícil explicarlo. El poder tiende siempre a ensancharse y a abusar de su fuerza cuando no está dividido, y esa división no consiste únicamente en separar los diferentes ramos del Gobierno, organizándolos de diverso modo y encargándolos a distintas personas: también consiste en compartir el poder en cada uno de esos mismos ramos, tronchando, si así puede decirse, las atribuciones de la soberanía; y esto es lo que se logra con el pleno ejercicio del régimen o gobierno municipal."
¿Qué puede aportar una propuesta descentralizadora y de democracia y desarrollo local regional a la especificidad de una propuesta de desarrollo integral nacional? Más bien, ¿no debilita al Estado nacional? ¿No lo hace perder capacidad negociadora? La propuesta ¿no se identifica como una de las explícitas recetas neoliberales?
Es evidente la hegemonía de una especie de cultura centralista, construida en torno a los intereses que se fraguan con relación a las ventajas de esa posición y que es diseminada e introyectada en toda la sociedad. En cambio en la periferia subdotada y subequipada lo que existe es "una cultura de la marginalidad, del abandono, cuando no, una cierta cultura de la resignación de tener que asumir a regañadientes los efectos perniciosos del centralismo, y un reclamo de poder y competencias para evitar esos efectos ineludibles del sistema centralista" (García, Daniel. 1993)
Pero esta cultura centralista tiene su situación límite: El escaso consenso que se logra en torno de políticas y programas públicos. La poca identificación de los estamentos políticos con los problemas reales. La necesidad de cambiar valores y prácticas políticas, y más aún el vacío provocado por la escasa presencia de movimientos plurales y efectivos de la sociedad civil para ampliar y mejorar los márgenes de la democracia.
El poder local se refiere al conjunto de actores individuales y colectivos, con capacidades y posibilidades diferenciadas para incidir en la realidad y en el comportamiento de otros dentro de un espacio determinado. Consideramos al municipio y la comarca indígena como espacios de poder local. ¿Cuál es la capacidad de la municipalidad y la comarca de influir en su comunidad y en el gobierno central, en la defensa y promoción del interés vecinal, cultural y social? La capacidad local se fundamenta en la base social que participando lo legitima, en la autonomía y ejercicio del poder público a esos niveles. ¿Cuál es la participación de esa base social? ¿Cuál es la capacidad para tener acceso - por parte los grupos sociales que integran las instancias autónomas- a las decisiones, ejecución y propuestas, y no sólo a la presencia como voluntariado o mano de obra disponible? ¿Se va propiciando la aparición de un liderazgo emergente que ofrezca oportunidades que antes no existían, para la formación de representantes auténticos de la comunidad que surjan de la base misma de la sociedad?
Pero autonomía no es aislamiento, por el contrario los espacios autónomos constituyen factores claves en la articulación entre el gobierno, mercado, sociedad civil y las fuerzas vivas de la comunidad.
La participación democrática y poder local no resuelven el problema del poder en la sociedad por sí solos pues están presentes factores como la estratificación social y el poder del Estado, entendiéndose con esta afirmación que toda la cuestión de la descentralización y la democracia local tiene sentido en la perspectiva de un proyecto nacional democrático y transformador. Es decir lo local puede significar ganar espacios de poder sin que necesariamente se esté construyendo poder real de cambio. No podemos dejar de lado que al enfoque neoliberalismo le interesa el tema del desarrollo local, porque quiere impulsar la descentralización en la perspectiva de la transformación del Estado Liberal, transfiriendo a lo local lo que antes era responsabilidad del Estado benefactor. En su afán de adelgazar al Estado y asegurar la dictadura del mercado ven la esfera de lo local y la descentralización solo en la perspectiva de la privatización.
El camino es diferente. Se trata de una propuesta de democratización que fortalece el Estado nacional en sus raíces y en las células básicas de su tejido, pero al mismo tiempo involucra a la población en la posibilidad de transformación desde abajo. Se privilegia la transferencia de recursos y competencias desde el nivel central del Estado hacia los niveles regionales y locales, fortaleciendo su protagonismo lo que tiene sentido real en la medida que por otra parte se suceda procesualmente el desenvolvimiento efectivo de funciones y recursos de parte del gobierno local, articulándose con las instancias de autogobierno comunitario. Así, desde sus diversas esferas las autonomías municipales e indígenas pueden conjugar esfuerzos para recrear la democracia y el desarrollo en función de la humanización de las relaciones sociales y del poder.
¿Es posible una estrategia de descentralización y de desarrollo del poder democrático local? La descentralización antes que una operación técnica encaminada a introducir nuevos modos de gerenciar la cosa pública, es un proceso político democrático que persigue la redistribución del poder en el seno de la sociedad. Una reforma descentralista debe invitar a la reformulación más participativa y equitativa de la democracia. Esto implica una redefinición de las relaciones entre la sociedad civil y el Estado, pues la legitimidad del sistema político depende en gran medida de la equidad, eficacia y eficiencia del Estado.
Las claves reguladoras del mundo de hoy son la hegemonía de las fuerzas de mercado que propugna un crecimiento económico sin equidad y un Estado adelgazado en sus políticas públicas, por ello es importante definir la clave reguladora del fortalecimiento de la sociedad civil, a través de la construcción de sujetos con capacidad de intervención y regulación de la acción estatal y la dinámica del mercado. En ese marco el poder local expresado a través de la posibilidad de una redistribución democrática del territorio, de la gestión económica sostenible y de la participación ciudadana se convierte en un desafío de primera magnitud.
¿Qué puede aportar una propuesta descentralizadora y de democracia y desarrollo local regional a la especificidad de una propuesta de desarrollo integral nacional? Más bien, ¿no debilita al Estado nacional? ¿No lo hace perder capacidad negociadora? La propuesta ¿no se identifica como una de las explícitas recetas neoliberales?
Es evidente la hegemonía de una especie de cultura centralista, construida en torno a los intereses que se fraguan con relación a las ventajas de esa posición y que es diseminada e introyectada en toda la sociedad. En cambio en la periferia subdotada y subequipada lo que existe es "una cultura de la marginalidad, del abandono, cuando no, una cierta cultura de la resignación de tener que asumir a regañadientes los efectos perniciosos del centralismo, y un reclamo de poder y competencias para evitar esos efectos ineludibles del sistema centralista" (García, Daniel. 1993)
Pero esta cultura centralista tiene su situación límite: El escaso consenso que se logra en torno de políticas y programas públicos. La poca identificación de los estamentos políticos con los problemas reales. La necesidad de cambiar valores y prácticas políticas, y más aún el vacío provocado por la escasa presencia de movimientos plurales y efectivos de la sociedad civil para ampliar y mejorar los márgenes de la democracia.
El poder local se refiere al conjunto de actores individuales y colectivos, con capacidades y posibilidades diferenciadas para incidir en la realidad y en el comportamiento de otros dentro de un espacio determinado. Consideramos al municipio y la comarca indígena como espacios de poder local. ¿Cuál es la capacidad de la municipalidad y la comarca de influir en su comunidad y en el gobierno central, en la defensa y promoción del interés vecinal, cultural y social? La capacidad local se fundamenta en la base social que participando lo legitima, en la autonomía y ejercicio del poder público a esos niveles. ¿Cuál es la participación de esa base social? ¿Cuál es la capacidad para tener acceso - por parte los grupos sociales que integran las instancias autónomas- a las decisiones, ejecución y propuestas, y no sólo a la presencia como voluntariado o mano de obra disponible? ¿Se va propiciando la aparición de un liderazgo emergente que ofrezca oportunidades que antes no existían, para la formación de representantes auténticos de la comunidad que surjan de la base misma de la sociedad?
Pero autonomía no es aislamiento, por el contrario los espacios autónomos constituyen factores claves en la articulación entre el gobierno, mercado, sociedad civil y las fuerzas vivas de la comunidad.
La participación democrática y poder local no resuelven el problema del poder en la sociedad por sí solos pues están presentes factores como la estratificación social y el poder del Estado, entendiéndose con esta afirmación que toda la cuestión de la descentralización y la democracia local tiene sentido en la perspectiva de un proyecto nacional democrático y transformador. Es decir lo local puede significar ganar espacios de poder sin que necesariamente se esté construyendo poder real de cambio. No podemos dejar de lado que al enfoque neoliberalismo le interesa el tema del desarrollo local, porque quiere impulsar la descentralización en la perspectiva de la transformación del Estado Liberal, transfiriendo a lo local lo que antes era responsabilidad del Estado benefactor. En su afán de adelgazar al Estado y asegurar la dictadura del mercado ven la esfera de lo local y la descentralización solo en la perspectiva de la privatización.
El camino es diferente. Se trata de una propuesta de democratización que fortalece el Estado nacional en sus raíces y en las células básicas de su tejido, pero al mismo tiempo involucra a la población en la posibilidad de transformación desde abajo. Se privilegia la transferencia de recursos y competencias desde el nivel central del Estado hacia los niveles regionales y locales, fortaleciendo su protagonismo lo que tiene sentido real en la medida que por otra parte se suceda procesualmente el desenvolvimiento efectivo de funciones y recursos de parte del gobierno local, articulándose con las instancias de autogobierno comunitario. Así, desde sus diversas esferas las autonomías municipales e indígenas pueden conjugar esfuerzos para recrear la democracia y el desarrollo en función de la humanización de las relaciones sociales y del poder.
¿Es posible una estrategia de descentralización y de desarrollo del poder democrático local? La descentralización antes que una operación técnica encaminada a introducir nuevos modos de gerenciar la cosa pública, es un proceso político democrático que persigue la redistribución del poder en el seno de la sociedad. Una reforma descentralista debe invitar a la reformulación más participativa y equitativa de la democracia. Esto implica una redefinición de las relaciones entre la sociedad civil y el Estado, pues la legitimidad del sistema político depende en gran medida de la equidad, eficacia y eficiencia del Estado.
Las claves reguladoras del mundo de hoy son la hegemonía de las fuerzas de mercado que propugna un crecimiento económico sin equidad y un Estado adelgazado en sus políticas públicas, por ello es importante definir la clave reguladora del fortalecimiento de la sociedad civil, a través de la construcción de sujetos con capacidad de intervención y regulación de la acción estatal y la dinámica del mercado. En ese marco el poder local expresado a través de la posibilidad de una redistribución democrática del territorio, de la gestión económica sostenible y de la participación ciudadana se convierte en un desafío de primera magnitud.