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Participar, ¿cuál es el miedo?


El reto del desarrollo social, económico cultural y ambiental exige otras y nuevas maneras de hacer política en Panamá. Se trata de incrementar la participación, la equidad, la eficacia en el desarrollo y la democracia a todos los niveles. Cualquier sistema que no sea sosteniblemente fundamentado en un modelo participativo y transparente, se convierte en un esquema autoritario que lo pervierte. Es innegable la necesidad de estrechar o anular la brecha entre el quehacer público y la ciudadanía. Sólo en la medida en que el ciudadano se considere parte de la sociedad y la democracia tendrá la iniciativa de ser actor y fiscalizador.

Entre las acciones que pueden ser oportunidades para impulsar la participación está el contar con una ley de descentralización que permitan cambiar de un Estado centralista como el que tenemos a un Estado que redistribuya el poder y recursos territorialmente en el marco de desarrollo local participativo. Esperamos que el debate sobre esta ley sea plural y amplio, y permita realmente cambiar para bien la manera como funciona el país.

Es necesario contar con una ley de participación ciudadana que plantee como objetivo el ejercicio pleno de los derechos fundamentales a través de instrumentos como la auditoría social, el presupuesto participativo, sistemas de información pública o de interés colectivo; la obligación de consultas ciudadanas en temas relevantes como todo lo relacionado al agua, ambiente, servicios públicos, transporte, etc.

La educación con calidad y equidad, a lo largo de toda la vida debe ser una prioridad nacional, y esto pasa por la despolitización y reorganización del Meduca, y por cambios fundamentales en la educación muchos ya señalados en múltiples diagnósticos y concertaciones. La educación debe fomentar la participación, cambios en la cultura política, valores y actitudes transformando el proceso de enseñanza aprendizaje a con metodologías participativas y de construcción critica del conocimiento.

Vivimos una cultura política degradada que funciona como un espejo: Un parte de la población percibe que los partidos se mueven por conveniencia y oportunismo, y por consiguiente hace lo mismo. Los partidos son, en fin de cuenta, reflejo de ese electorado que es al mismo tiempo reflejo del sistema de partidos. Así a muchas personas no les preocupa ni le da mucho valor a estar inscrito o votar en un partido o no, pues no posee lealtad a doctrina, programa o ideología partidaria. La utilidad de inscribirse está condicionado con la posibilidad o esperanza de ocupar un cargo, conseguir empleo o proteger un empleo suyo o de alguien, o por recibir regalos puntuales.

Urgen, pues, reformas políticas a través de la democratización de sistemas electorales. Eliminación del subsidio estatal si hay financiamiento privado, y este financiamiento a partidos o candidatos debe ser con montos máximos, públicos, transparencia contable, prohibición de donaciones de extranjeros. Además evitar la absorción o cooptación partidaria de organizaciones sociales. Es necesario un sistema de más partidos abiertos e incluyentes de distintas opciones y diversidad sin temer su número, pues la realidad los decantará. También un esfuerzo nacional sostenido de educación para una cultura política democrática.

raulleisr@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
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