Partidocracia o democracia
En el mal denominado “Programa de Gobierno” (en realidad propuestas electorales) que presentó el candidato Ricardo Martinelli, no hay referencias a los cambios que, con urgencia, requiere nuestro “Sistema Electoral”. Y entre los primero rumbos marcados por el ahora presidente tampoco hay indicios de que ese tema tendrá prioridad en su gobierno.
Las normas electorales, por ser piedra angular pora la construcción de un verdadero sistema democrático. Por tanto, es asignatura pendiente, que hay que abordar con tiempo y con la mayor seriedad. Para que no se repitan los exabruptos de las pasadas elecciones, las reglas electorales para las elecciones del 2014 deben estar definidas y aclaradas con suficiente antelación, preferiblemente, durante el primer año del nuevo gobierno.
El pasado proceso electoral puso en evidencia, de manera palmaria, que se requieren cambios profundos a las normas electorales si es que queremos avanzar hacia una plena democracia. Tradicionalmente se ha dejado que el Tribunal asuma y dirija el proceso para introducir reformas a la legislación electoral. Pero las conductas zigzagueantes y parcializadas de quienes lo integran aconsejan un cambio en los protagonismos.
Vivir en democracia es un derecho inalienable de los pueblos. Por consiguiente, el sistema electoral debe estar orientado para garantizarlo y permitir que sea el pueblo el verdadero protagonista. Pero, contrariando el sentido esencial de la democracia, el sistema vigente en Panamá está diseñado para favorecer la partidocracia, en perjuicio y con la exclusión de aquellos ciudadanos y ciudadanas a los que no les interesa ser miembros de un partido político o involucrarse en las actividades partidistas.
Las reglas electorales vigentes contienen una serie de privilegios y prebendas especialmente planificadas y diseñadas para consolidar la partidocracia, que es excluyente y contraria a una verdadera democracia.
Hasta el reciente fallo de la Corte Suprema, que declaró inconstitucional el aberrante artículo 233 del Código Electoral, solamente los partidos políticos podían postular candidatos a la presidencia de la República. Y si esa norma se mantuvo vigente fue por la actitud contumaz del Tribunal Electoral, que desoyó todas las advertencias sobre su inconstitucionalidad. Dictado el fallo, se imponía que el TE procediera a reglamentar la candidatura independiente; pero nada se ha hecho en ese sentido.
Ya se ha anunciado que en el año 2010 comenzará una nueva ronda de “consultas entre el TE y los partidos políticos para revisar las normas electorales.” O sea, que se repetirá el mismo procedimiento de años anteriores. Los cambios que se deben introducir, y con urgencia, no son precisamente los que convienen a los partidos, pues deben enfocarse a acabar con sus injustos privilegios. Por tanto, sería iluso esperar que puedan lograrse por esa vía. Para poder materializarlos, es necesario cambiar el método y disminuir el protagonismo del TE y de los partidos. De lo contrario, muy poco cambiará.