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Partidos políticos y representatividad


Dirigir nuestra atención hacia el campo de participación ciudadana en la república, nos sitúa necesariamente en la síntesis fundamental maquiavélica de los medios. Las formas de intervención del hombre en los cambios estructurales de la sociedad a través de la historia han sido objeto de transformaciones, producto quizás del nivel de desarrollo cultural de sus asociados, siendo tales según Enrique Neira en el Saber del poder: institucional, organizada o bien autónoma y espontánea, dando surgimiento, consecuentemente, a lo que se denomina como estratos sociales políticos.
El método por excelencia de legitimación de las estructuras gubernamentales es el del sufragio, que deviene de la elección sistemática de administración democrática y de la cual no escapa el Estado panameño.
Los partidos políticos son en especie el elemento indispensable de un Estado democrático, a decir en palabras de Hans Kelsen citado por Naranjo Mesa en su Teoría Constitucional e Instituciones Políticas: "La democracia, necesaria e inevitablemente, requiere un Estado de partidos".
La gran interrogante surge cuando intentamos delimitar el concepto, del cual existen muchas definiciones, pero que a razón del ilustre catedrático colombiano Naranjo Mesa: "Todas ellas han de coincidir en dos puntos esenciales: que son medios de expresión de la opinión pública y que buscan el manejo del poder del Estado para obtener, a través de él, determinados objetivos".
El documento donde se han contenido las voluntades reales de poder panameñas, desde un criterio constitucional Lasallista, a definido a los partidos como los medios expresivos de: a-pluralismo político, b- formación y manifestación de la voluntad popular, c- instrumentos fundamentales para la participación política.
Se extrae entonces una sustancia y esencia, a decir del modo aristotélico, que dan existencia y consistencia al partidismo como medio efectivo de participación, siendo que es inherente al sistema por cuanto le da forma e identidad, lo cualifica y cuantifica.
No obstante, una categoría necesaria es la que definió Lincoln, sin la cual no se legitima una representatividad del grupo político democrático: "gobierno del pueblo, para el pueblo, a nombre del pueblo".
Esta última definición dista en gran manera de la práctica contemporánea de los actores sociales políticos, en cuanto a la solicitud de concurrencia de las masas sociales electorales, distorsionándose la finalidad del ser colectivo. En este sentido Maurice Duverger, citado por Neira, clasifica de acuerdo a su contenido humano, ideológico y pragmático a los partidos, así pues: de cuadros, de masas o de atracción.
Para los efectos prácticos, en Panamá los actuales partidos políticos se caracterizan más por ser de masas de atracción, que ideológicos, por cuanto su interés fundamental está en lograr mayoría de adeptos a fin de controlar la administración gubernamental.
Ahora bien, desde sus orígenes parlamentarios, el partidismo ha sido objeto de múltiples críticas, encontrándonos que entre sus principales detractores está el propio George Washington, al cual cita Naranjo Mesa: "Os he advertido ya el peligro que entraña la división en partidos, sobre todo si está basada en discriminaciones geográficas. Permitidme extenderme algo más en este sentido para advertiros de las desastrosas consecuencias que pueden resultar del espíritu partidario en general. Desgraciadamente, este espíritu parece sernos innatos, estando arraigado en las más fuertes pasiones humanas. Existe bajo diversas formas en todos los gobiernos, reprimido, controlado o ahogado, pero se observa principalmente en los gobiernos populares y se convierte con frecuencia en su peor enemigo...".
Al parecer lo que se erige como la gloria del sistema democrático es a su vez el germen virulento que le enferma en su desarrollo, pero no es que se encuentre un ser funcional y a la vez un no ser funcional, puesto que el no ser funcional partidista es la falsa representación de las necesidades del pueblo.
Existen, por otra parte, otros medios a través de los cuales se expresan los ciudadanos de un Estado particular, los organismos no gubernamentales, asociaciones cívicas, sindicatos, instituciones, etc., y cada cual se asiste de representar intereses de la población en general, pero la duda es ¿en verdad la finalidad de una asociación es responder a la generalidad social o al interés de su benefactor o masa adscrita?
Estas premisas nos permiten colegir que un partido político en la actualidad se caracteriza más a una asociación de intereses particulares, que a la reunión de individuos dispuestos a un fin de intereses colectivos sociales, mal podríamos afirmar que los partidos políticos en Panamá se sustentan en principios ideológicos prácticos de administración estatal, pues se falsean en la fenomenología de sus intereses, los cuales responden a la imposición del individuo o grupo específico que le da sustento logístico, y que en última instancia decide muy por encima de la masa electoral que le da legitimidad, contenido y fuerza.
Es por ello, que muchas veces, la democracia se deforma, deslegitimiza y sucumbe afectando al Estado, corroída de intereses personalistas, individualistas o de grupos organizados, lo que trae causalmente en la población, el surgir de la desconfianza en el sistema y sus instituciones. ¿Podrá crearse una unión de individuos, llámese como quiera llamarse, que responda realmente al interés de toda una población perteneciente a un Estado en condiciones de igualdad?. Reflexionemos.

101 años de Panamá América

 
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