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¿Pasar la página?


Se presentó ante el Jurado y ante el Magistrado que presidía la audiencia señalando lo siguiente: “La Fiscalía solamente quiere, respetuosamente, señalar ante el Honorable Cuerpo de Jurados que luego de haber analizado el caso, de haber transcurrido los cuatro largos años que ha estado el acusado privado de la libertad, somos del concepto que no debemos acusarlo porque creemos que nunca debió estar preso ya que es inocente y por ello, insistimos, no acusaremos”. Esas fueron las palabras de un Fiscal Superior. El Abogado Defensor, que no era el suscrito, reprochó mucho al fiscal su falta de cordura y dijo al jurado: “Y eso que dice que muy respetuosamente no acusará”, “¿qué tal si lo hubiese hecho irrespetuosamente?”, “respetuosamente señala que no acusará; sin embargo, mantuvo a mi defendido privado de la libertad por más de cuatro años”, “¿es esto justicia?”, “¿así trabaja el Ministerio Público en este país?”, y no paró la abundante argumentación para indicarle a los miembros del jurado que “algo podrido huele en Dinamarca”, según lo advertía Shakespeare en Hamlet.

Así no puede haber justicia, tampoco aplicación potable de la ley. La ley no puede burlarse de nadie, de ninguna persona, sea acusada de lo que sea. La Ley no puede tener doble filo: Uno bien amolado para los incautos e ingenuos y otro ordinario, de poco corte, rústico, para los verdaderos autores de crímenes. Tampoco pueden los fiscales ni los jueces mirar a unos con amor y a otros con odio.

Recojo, en este sentido, las palabras del Presidente Martinelli al llegar al domicilio del extinto Guillermo Endara Galimany: “Voltear y pasar la página”, destacando con ello la actuación de un Presidente que no se quedó en el odio ni en la inquina o la malquerencia, sino que se concentró en su actividad de gobernar, aunque, cabe destacar, otros en aquella época sí lo hicieron. Sin embargo, todo ello contrasta con las declaraciones de un ministro del actual gobierno que ayer, en un programa matutino de televisión, de modo anonadado, decía que “ahora sí iban a escarbar”. Que se escarbe para investigar, con pruebas y con derecho fundado, es bueno, pero que se escarbe para perseguir o sembrar miedo, me huele muy mal.

No se puede perder tiempo en cacerías de brujas. Los tribunales y las fiscalías deben ser recipiendarias de denuncias o de querellas, de acusaciones, que lleven de modo expreso la prueba indubitable de la comisión de un hecho delictivo y no el rédito de la malquerencia, el odio que se prohíja en las mentes enfermas y amargadas o de aquellas que estando en la alcurnia de un cargo político creen, simple y sencillamente, que tienen, como reza el adagio muy popular, “A Dios agarrado por las manos”.

La política de querer anclarse en la persecución estéril; de estacionar la nave del Estado en la cursilería de discursos demagogos, al parecer, se ha apoderado de no pocos agentes del actual gobierno en clara contradicción con los altos prolegómenos que dicta el discurso del Presidente Ricardo Martinelli.

101 años de Panamá América

 
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