Pascua de resurrección
"Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de arriba, donde esta Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no los de la tierra".
Tomada de la carta de Pablo a los Colosenses. Aún resuenan en mis oídos las cadencias del gregoriano semitonado en latín. "Quae sursum sunt quaerite, queae sursum sapite, non quae sunt per terram".
"Sursum" (hacia arriba). Todos los años cuando celebramos la Pascua Litúrgica queda en la mente, en el corazón esa reminiscencia del canto que nos invita a ver hacia arriba, a buscar las cosas de arriba, a saborear las cosas de arriba. Claro que no lo entendemos literalmente, y obviamente sabemos que se refiere a las cosas espirituales en contraste con la bajura de las cosas materiales.
En vez del Angelus, se reza el Regina coeli, laetare (Reina del cielo, alegrate, aleluya). Hacia arriba se nos dice a los que la gravedad del peso de la tierra nos tiene contra el suelo. Hacia arriba, porque Cristo ha resucitado.
Los cristianos originales celebran esa noche, la noche del sábado santo, todo el contenido esencial del misterio de Cristo. Celebran, pues, la encarnación de Dios en Cristo, la pasión, la muerte, la resurrección, la exaltación de Jesucristo como Señor del Universo, y la difusión del Espíritu Santo entre sus seguidores.
Con el deseo de ir convirtiendo en cristianas distintas celebraciones judías y paganas se fue desenvolviendo el misterio de Cristo en fiestas distintas.
Celebramos la resurrección de Jesucristo y la esperanza cierta de nuestra futura resurrección. No tenemos ningún motivo más importante de alegría que estas dos cosas. Quien entendiera el significado de lo que llamamos y hemos hecho "santa", deberíamos celebrar estas fechas como quien celebra la independencia de nuestra patria.
Celebramos en suma, que Cristo nos ha revelado, con su propia resurrección, que la muerte no es un hecho definitivo y final; que Dios reina y reinará y que por tanto, lo definitivo y final es la vida, es el amor, es la esperanza, es la resurrección, es el reinado de Dios.
La resurrección de Cristo significa que hemos de ir resucitando ya, desde ahora, en esas zonas del ser humano que están demasiado muertas, porque lo que nos va a resucitar es nuestra vida no otra.
La resurrección significa que el justo no muere por gusto. Sino que Dios se ha comprometido a reivindicar, a rehabilitar al justo condenado injustamente. Dios es el reivindicador del justo y de la causa por la cual el justo ha sido asesinado.
Es la celebración más solemne de todo el año cristiano y la liturgia cristiana no tiene en todo el año un ritmo más solemne. En la Iglesia primitiva nunca se tenía la celebración antes de media noche y durante la Eucaristía se tenían todos los bautismos, confirmaciones y primeras comuniones de todo el año.
Cincuenta días que median entre el domingo de resurrección y el de Pentecostés, es lo que llamamos el Tiempo Pascual, la cincuentena pascual.
Cincuenta días después de haber comido la Pascua, el pueblo judío celebrara el día de Pentecostés, palabra que en griego significa cincuenta, era la fiesta de las semanas, que señalaba el comienzo de la cosecha del trigo y a la cual en el tiempo de Jesús, se había asociado el recuerdo de la promulgación de la Ley sobre el Sinaí.
El Cirio Pascual que brilla junto al ambón de todas las celebraciones hasta el día de la Ascensión, la característica principal del tiempo pascual consiste en la repetición del canto del Aleluya, exclamación hebrea que quiere decir "Alabad a Dios" y que resuena en el Apocalipsis como himno de los redimidos. Estos cincuenta días son un anticipo de la felicidad del cielo, "del tiempo de gozo que vendrá pronto, del tiempo del descanso, la felicidad y la vida eterna.
Hoy, cantamos el aleluya del camino, mañana cantaremos el aleluya de la patria" -exclama el Doctor de Hiposa- "Hoy, lo cantamos no para hacer grato nuestro reposo, sino para aliviar nuestra carga. Canta, como acostumbra hacerlo el viajero. Canta, pero camina, alivia tu fatiga al cantar, pero guárdate de la pereza. Canta y camina". Que ojalá algo de esta Pascua que anhelamos sea realidad entre nosotros con una mayor inteligencia entre todos nosotros los actores de nuestra historia panameña.
Tomada de la carta de Pablo a los Colosenses. Aún resuenan en mis oídos las cadencias del gregoriano semitonado en latín. "Quae sursum sunt quaerite, queae sursum sapite, non quae sunt per terram".
"Sursum" (hacia arriba). Todos los años cuando celebramos la Pascua Litúrgica queda en la mente, en el corazón esa reminiscencia del canto que nos invita a ver hacia arriba, a buscar las cosas de arriba, a saborear las cosas de arriba. Claro que no lo entendemos literalmente, y obviamente sabemos que se refiere a las cosas espirituales en contraste con la bajura de las cosas materiales.
En vez del Angelus, se reza el Regina coeli, laetare (Reina del cielo, alegrate, aleluya). Hacia arriba se nos dice a los que la gravedad del peso de la tierra nos tiene contra el suelo. Hacia arriba, porque Cristo ha resucitado.
Los cristianos originales celebran esa noche, la noche del sábado santo, todo el contenido esencial del misterio de Cristo. Celebran, pues, la encarnación de Dios en Cristo, la pasión, la muerte, la resurrección, la exaltación de Jesucristo como Señor del Universo, y la difusión del Espíritu Santo entre sus seguidores.
Con el deseo de ir convirtiendo en cristianas distintas celebraciones judías y paganas se fue desenvolviendo el misterio de Cristo en fiestas distintas.
Celebramos la resurrección de Jesucristo y la esperanza cierta de nuestra futura resurrección. No tenemos ningún motivo más importante de alegría que estas dos cosas. Quien entendiera el significado de lo que llamamos y hemos hecho "santa", deberíamos celebrar estas fechas como quien celebra la independencia de nuestra patria.
Celebramos en suma, que Cristo nos ha revelado, con su propia resurrección, que la muerte no es un hecho definitivo y final; que Dios reina y reinará y que por tanto, lo definitivo y final es la vida, es el amor, es la esperanza, es la resurrección, es el reinado de Dios.
La resurrección de Cristo significa que hemos de ir resucitando ya, desde ahora, en esas zonas del ser humano que están demasiado muertas, porque lo que nos va a resucitar es nuestra vida no otra.
La resurrección significa que el justo no muere por gusto. Sino que Dios se ha comprometido a reivindicar, a rehabilitar al justo condenado injustamente. Dios es el reivindicador del justo y de la causa por la cual el justo ha sido asesinado.
Es la celebración más solemne de todo el año cristiano y la liturgia cristiana no tiene en todo el año un ritmo más solemne. En la Iglesia primitiva nunca se tenía la celebración antes de media noche y durante la Eucaristía se tenían todos los bautismos, confirmaciones y primeras comuniones de todo el año.
Cincuenta días que median entre el domingo de resurrección y el de Pentecostés, es lo que llamamos el Tiempo Pascual, la cincuentena pascual.
Cincuenta días después de haber comido la Pascua, el pueblo judío celebrara el día de Pentecostés, palabra que en griego significa cincuenta, era la fiesta de las semanas, que señalaba el comienzo de la cosecha del trigo y a la cual en el tiempo de Jesús, se había asociado el recuerdo de la promulgación de la Ley sobre el Sinaí.
El Cirio Pascual que brilla junto al ambón de todas las celebraciones hasta el día de la Ascensión, la característica principal del tiempo pascual consiste en la repetición del canto del Aleluya, exclamación hebrea que quiere decir "Alabad a Dios" y que resuena en el Apocalipsis como himno de los redimidos. Estos cincuenta días son un anticipo de la felicidad del cielo, "del tiempo de gozo que vendrá pronto, del tiempo del descanso, la felicidad y la vida eterna.
Hoy, cantamos el aleluya del camino, mañana cantaremos el aleluya de la patria" -exclama el Doctor de Hiposa- "Hoy, lo cantamos no para hacer grato nuestro reposo, sino para aliviar nuestra carga. Canta, como acostumbra hacerlo el viajero. Canta, pero camina, alivia tu fatiga al cantar, pero guárdate de la pereza. Canta y camina". Que ojalá algo de esta Pascua que anhelamos sea realidad entre nosotros con una mayor inteligencia entre todos nosotros los actores de nuestra historia panameña.