Pasiones y política
Una vez más la Asamblea Nacional es el escenario de lo que está por venir: disputas estériles y pasiones desbordadas. Diputados de oposición, entre éstos figuras panameñistas, están practicando una dialéctica pueril y perversa contra todas las obras del gobierno. No hacen distinciones entre los logros (que los hay) y los temas pendientes, y atacan desde el recinto legislativo todos los programas sin hacer diferencias o matizar posiciones.
El debate en la Asamblea es en tal sentido artificioso e irresponsable, pues las razones que esconden muchos de estos diputados es sólo mantener un supuesto liderazgo lleno de pasiones, pero sin razones, para ganar a los sectores desilusionados por la falta de respuestas, especialmente en lo social. Lo lamentable es que intenten convencer (a gritos) a su auditorio de que buscan para los panameños el "bien común". Falso, pues nada más disparatado que intentar hacerlo ignorando las responsabilidades compartidas durante casi dos décadas de democracia en el país. El torrente de descalificaciones es abusivo y es signo inequívoco que pocas cosas han cambiado para algunos sectores de la oposición que olvidan que la importancia de su existencia radica en constituirse en una alternativa razonable, con propuestas y promesas posibles y no demagógicas que en nada contribuyen a la madurez de un pueblo cansado de retóricas huecas y falsas.