Paternalismo envilecedor
EL TÉRMINO "PATERNALISMO" viene del latín "pater" (padre), y significa: "autoridad o mando ejercido a la manera del padre sobre los hijos". ¡Aborrezcan mil veces los pobres a quienes practican el paternalismo a sabiendas de que éste envilece y crea dependencia! Sí señor, el paternalismo, al igual que las drogas, crea dependencia en el "beneficiario". "No le des pescado al hombre, enséñalo a pescar", dice un proverbio antiguo.
A las comunidades tratadas con paternalismo les pasa como aquel hijo a quien su padre quiere mucho. Desde pequeño quiere darle de todo en abundancia, no le permite irse ejercitando en las experiencias que lo van capacitando para desarrollarse como hombre digno de sí mismo. Va creciendo físicamente, pero -como lo ama- no lo deja trabajar, no lo deja luchar. Él mismo se preguntará: ¿Por qué lucho?, pues sabe que: "mi padre me dará de todo". Y, claro, el padre amoroso le hace de todo: le lava la ropa, lo peina, le da la comida, le consigue placeres, le compra carro, le paga las "boletas" o multas de tránsito, y el niño va creciendo físicamente, pero moralmente, espiritualmente, se va atrofiando. Cuando comete un error, el padre se lo perdona, no lo corrige. De esta manera el niño se va convirtiendo en un engreído y en un lastre para la sociedad.
Asimismo sucede con los pueblos tratados con paternalismo. No aprenden a organizarse para resolver sus problemas. A lo sumo, se organizan formalmente sólo para conseguir algún padrino o "papá" que les dé las cosas que necesitan. Cuando ese papá falta, entonces se hunden en su propia miseria.
Al igual que en el drogadicto, en las comunidades envilecidas por el paternalismo se descubre una historia "clínica" -por así decirlo- de grandes trastornos sociales. Los rasgos más constantes de su envilecimiento pueden agruparse en los siguientes estados: a) Inmadurez afectiva, b) incapacidad para asumir responsabilidades, c) incapacidad para superar las dificultades y establecer contactos sociales válidos; d) deseo de "evasión"; e) pasividad; f) dependencia; y, g) ansiedad.
A esas comunidades así enfermas o "dañadas", no se les puede ni se les debe dejar a su libre albedrío, pues serán presas constantes de cualquier manipulación o se hundirán en el abismo de la muerte.
Un pueblo envilecido es como una persona drogada, que ha perdido su facultad volitiva; es decir, la voluntad para realizar trabajos físicos.
La persona en ese estado no es capaz de levantarse con su propio esfuerzo. Hay que ayudarla a levantarse, pero de manera tal que su dignidad no quede mancillada y no sea que añadamos a grandes males, otro peor: el robo de su dignidad.
A muchas personas les place practicar el paternalismo, porque de esta manera los pueblos se hacen dependientes de ellos, y... los manipulan a su antojo.
Un pueblo envilecido por paternalismos, al igual que la persona drogada, pierde su voluntad colectiva para levantarse con su propio esfuerzo.
¡No al paternalismo!
A las comunidades tratadas con paternalismo les pasa como aquel hijo a quien su padre quiere mucho. Desde pequeño quiere darle de todo en abundancia, no le permite irse ejercitando en las experiencias que lo van capacitando para desarrollarse como hombre digno de sí mismo. Va creciendo físicamente, pero -como lo ama- no lo deja trabajar, no lo deja luchar. Él mismo se preguntará: ¿Por qué lucho?, pues sabe que: "mi padre me dará de todo". Y, claro, el padre amoroso le hace de todo: le lava la ropa, lo peina, le da la comida, le consigue placeres, le compra carro, le paga las "boletas" o multas de tránsito, y el niño va creciendo físicamente, pero moralmente, espiritualmente, se va atrofiando. Cuando comete un error, el padre se lo perdona, no lo corrige. De esta manera el niño se va convirtiendo en un engreído y en un lastre para la sociedad.
Asimismo sucede con los pueblos tratados con paternalismo. No aprenden a organizarse para resolver sus problemas. A lo sumo, se organizan formalmente sólo para conseguir algún padrino o "papá" que les dé las cosas que necesitan. Cuando ese papá falta, entonces se hunden en su propia miseria.
Al igual que en el drogadicto, en las comunidades envilecidas por el paternalismo se descubre una historia "clínica" -por así decirlo- de grandes trastornos sociales. Los rasgos más constantes de su envilecimiento pueden agruparse en los siguientes estados: a) Inmadurez afectiva, b) incapacidad para asumir responsabilidades, c) incapacidad para superar las dificultades y establecer contactos sociales válidos; d) deseo de "evasión"; e) pasividad; f) dependencia; y, g) ansiedad.
A esas comunidades así enfermas o "dañadas", no se les puede ni se les debe dejar a su libre albedrío, pues serán presas constantes de cualquier manipulación o se hundirán en el abismo de la muerte.
Un pueblo envilecido es como una persona drogada, que ha perdido su facultad volitiva; es decir, la voluntad para realizar trabajos físicos.
La persona en ese estado no es capaz de levantarse con su propio esfuerzo. Hay que ayudarla a levantarse, pero de manera tal que su dignidad no quede mancillada y no sea que añadamos a grandes males, otro peor: el robo de su dignidad.
A muchas personas les place practicar el paternalismo, porque de esta manera los pueblos se hacen dependientes de ellos, y... los manipulan a su antojo.
Un pueblo envilecido por paternalismos, al igual que la persona drogada, pierde su voluntad colectiva para levantarse con su propio esfuerzo.
¡No al paternalismo!