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Paternidad: ¿por amor o por la ley?


La inquieta intelectual y admirable mujer Ileana Gólcher, nos entregó el pasado domingo 20 de abril, en este diario, el reportaje “Hombres: ¿víctimas de las pensiones alimenticias? Así, Ileana aporta sobre un controversial tema social y familiar. Precisamente cita, entre otras personas, a una extraordinaria profesora, abogada y educadora, Eiza de Herrera, la misma que nos ha dictado la materia de Derecho de Familia. En las discusiones y preguntas en clases hemos tomado nota de algunos aspectos controversiales: ¿Hay parcialidades para favorecer a las cónyuges en despachos presididos por juezas? ¿Se utiliza la pensión alimenticia o cuota alimentaria, término jurídico, como instrumento de venganza por mujeres airadas o despechadas? ¿Se pueden ventilar todos estos casos tan comunes, en un ambiente de madurez y reflexión favorable a los hijos, sin pasiones desbordadas? ¿Son suficientes las normas jurídicas del derecho de familia o hace falta ampliarlas?
Algunos ejercicios prácticos y las discusiones del tema, estimulados por una excelente educadora, nos ofrecieron un buen material. Por otra parte, no existen “escuelas para padres, para novios, para parejas, para hijos” en nuestro país, y pienso que tampoco la encontramos en otros lares. La sociedad mundial se aboca a un impresionante número de divorcios o separaciones, de madres solteras, parejas en pugnas, hijos confundidos y llenos de frustraciones, rabia y dolor. Los que llevan sus dramas ante jueces o juezas, generalmente, también padres o madres con sus propios problemas. Ellos o ellas tienen que hacer de magistrados, psicólogos, religiosos, consejeros.
Panamá ha dado varios pasos adelante buscando situarse bien en el marco de las normas modernas que protegen la familia, la niñez, la adolescencia, la pareja, el hogar; o sea, la esencia misma de la sociedad y de una nación.
Los elementos jurídicos para la materia son el Código de la Familia o Ley 3 de 17 de mayo de 1994, con las modificaciones y agregados, algunos recientes como los aprobados en 1999, además de los aportes de la jurisprudencia y otras leyes que son coadyuvantes, como la Ley 38 sobre Violencia Familiar. Creo que estamos dentro de los países que se adhieren jurídicamente a los conceptos más avanzados en la teoría del derecho de familia. A pesar de un Estado flaco, por lo general, en recursos; y a veces en intenciones para aplicar bien tantas normas que buscan, precisamente, que tengamos una familia más fuerte y sana.
Algunos abogados y personas especulan que los hombres llevan las de perder en los casos de pensiones alimenticias o cuotas alimentarias, supuestamente porque los jueces, especialmente si son mujeres, les cargan la mano “por algunos resabios del mentado “género”. A esos hombres “bandidos”, como dicen muchas mujeres. Un apreciado tío, difunto hace muchos años, cuando le decían que “era un mujeriego”, solía responder con gran convencimiento: “No hombre, no es que yo sea un mujeriego, es que las mujeres son muy hombreriegas”. La verdad que el argumento no es muy fácil de cuestionar, en el fondo, la interrogante de tipo biológica, psicológica, sociológica: ¿Tiene mayor culpa o responsabilidad en este tema tan repetido de la paternidad o maternidad irresponsable el hombre que la mujer? Valga la pena una cuestión adicional, ¿será el hombre, realmente, el conquistador o el conquistado?
De este debate hemos oído interesantes polémicas, especialmente en Europa. Lo que sí me consta es que un divorcio, la ruptura de un hogar se convierte en una pasión y crucifixión; el sufrimiento de los hijos lesionados, el drama interno del padre que ama frente a tal hecho. He tenido la suerte de recibir seminarios y entrenamientos de gran calidad en varios países, los cuales, gracias a Dios, me han enseñando técnicas y actitudes para el autoanálisis, con el fin de mejorar las relaciones entre padres e hijos, que nos permiten comprender y sanar mejor esos traumas y mantenernos siempre en aprendizaje y crecimiento. Considero que la causa principal de los divorcios es la falta de madurez, de sentido adulto para crear un matrimonio. Y creo que esa causa, la inmadurez, sigue siendo el talón de Aquiles de tantas rupturas de parejas, que ahora parecen más la generalidad que la excepción.
De las notas de clases en Derecho de Familia puedo transcribir preguntas y respuestas entre estudiantes y profesora. Nos dice la abogada y magistrada de familia, en algunos temas que logré escribir: -“La pasión y la emoción que una juez resiste entre cónyuges con controversias, generalmente, oscurecen la razón de las partes y salen perjudicados, lamentablemente, los hijos, objeto de mayor cautela. Los padres debieran tomar en cuenta esas prioridades y dejarse llevar menos por sus pugnas, orgullos, rencillas”. -“El tema del desacato es uno de los puntos más álgidos: como jueces o juezas nos cuesta trabajo mandar un padre irresponsable a la cárcel, por el hecho de que queda incluso más desprotegido el hijo, especialmente si esa cárcel le causa el despido”. -“La propia Corte Suprema nos ha recomendado a los jueces de familia administrar con mucha discreción la cárcel por desacato, dejándola como último recurso”. -“La gran mayoría de casos en esta sociedad de demandas de pensiones son contra varones, pero no encuentro que haya parcialidad contra ellos en los juzgados”. -“Si bien el Código de Familia tiene normas suficientemente abarcadoras, la especialidad de familia y la experiencia nos hacen ver algunas lagunas “.
Finalmente, el tema del bienestar de la familia no es cosa sólo de juzgados, es asunto de todos; el hogar, la escuela, las iglesias, el Estado y sus recursos docentes, los medios de comunicación, todos los estamentos. Especialmente es cosa primordial de los padres, quienes deben ver en temas como la cuota o pensión alimentaria no un asunto de imposición judicial ni venganzas supuestas de jueces, sino de obligación moral. Por algo el tema conlleva un activo, el menor, el niño o niña, que es un tesoro más importante que el Canal de Panamá.

101 años de Panamá América

 
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