default

Patria


Me aprendí "Patria" de Ricardo Miró cuando asistía a la escuela primaria, no me acuerdo si en los primeros años en la Escuela Simón Bolívar frente a la Iglesia de San Francisco, diagonal al Teatro Nacional, o más tarde en la Escuela Miramar de los Hermanos de La Salle, frente al Parque Urraca. Me acuerdo que los cuadernos tenían el poema impreso en la contraportada. Me gustaba leerlo y recitarlo en voz baja. Adquirió para mí la condición de un símbolo patrio.
Hoy repito estas líneas del poema:
"La Patria es el recuerdo...Pedazos de la vida
envueltos en jirones de amor o de dolor;
la palma rumorosa, la música sabida,
el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor."
Se destaca el papel del recuerdo en Miró. Su hijo Rodrigo, en su La Literatura Panameña, comenta que ni en sus poemas patrióticos " domina lo que pudiéramos llamar un empeño cívico , sino más bien el paisaje, y añade: "El sentimiento patrio, fenómeno de natural raíz colectiva, para él es una escueta experiencia personal... . l tenía, según Rodrigo, una " teoría de la patria como recuerdo. Y en su Historia de la Literatura Panameña Ismael García, quien lo califica de posmodernista y neoromántico, afirma: "yo lo identificaría como Miró o la nostalgia, porque considero que ese combustible psíquico ocasiona toda la descarga emocional de su poesía.
No estimo esta característica de Miró como una falla de su concepción y sentimiento de Patria. Cuando era joven, me gustaba enormemente el poema, pero no compartía plenamente su enfoque. Predominaba en mi pensamiento y emoción de Patria un sentido de expectativa compartida de nuevas experiencias y de búsqueda común de un futuro mejor. Ahora que he recorrido buena parte de mi vida, más de la mitad en ajetreos de la vida pública, concibo y siento la Patria más personalmente y el recuerdo, esa forma íntima y subjetiva de la historia, tiene una papel mucho más importante en mi vivencia patriótica. Hoy me siento más plenamente interpretado por Miró, a pesar de que él no alcanzó la vejez, pues murió en 1940, cuando tenía 57 años de edad.
Mis primeros recuerdos con sentido Patria son del barrio donde nací y viví hasta que me casé a los
treinta años. En San Felipe, frente al caserón de mi abuela, donde vivíamos sus cuatro hijos y sus
siete nietos, quedaba el Arco Chato. Desde mi cuarto veía la pequeña Iglesia de Santo Domingo,
cuyas campanas me despertaron más de una vez. Patinaba y montaba bicicleta en la Plaza de Francia y
en las Bóvedas. Allí reconocía el busto de Pedro J. Sosa, ingeniero del Canal Francés, como el de un
pariente político. En efecto, era el padre de mi tío Martín Sosa (el Contralor de " hierro del
Presidente Harmodio Arias), quien había sido el esposo de mi tía Adela Calderón. El edificio de la
Corte Suprema me inspiraba curiosidad y admiración hacia el Estado
(¿ será por eso que, a pesar de todo, continúo aspirando a un Estado que, por respetable,
sea respetado?).
Muy de mañana acompañaba a mi abuela Magdalena a misa en San Francisco. Pasábamos por la heladería de Purruñotis, en la esquina de Calle 2da y la Ave. Central, y por el costado del edificio del Ministerio de Gobierno y Justicia. Algunas veces me iba caminando por la Avenida Central hasta la Plaza de la Independencia. Para mí era el centro de Panamá: la Catedral cuyas " vetustas torres dominaban (en mi vida esas torres me han proporcionado un norte insustituible); el Correo o sea el contacto con el mundo exterior (nuestro apartado era el no. 402); el Municipio, cuya estatua de una mujer desnuda reclinada en la entrada representaba en mármol el atractivo de la mujer; el Hotel Central, que asociaba al francés que mi abuela hablaba y que yo quería aprender; detrás del viejo edificio del Arzobispado (¡qué crimen arquitectónico sustituirlo!) estaba la Presidencia, no por encima del país sino entre sus monumentos coloniales, de tiempos del Canal Francés y de los primero años de la República (el entorno la envolvía y humanizaba); en el centro de la plaza, el quiosco desde donde tocaba la Banda Republicana los domingos que había retreta; presidiendo los bustos de los Próceres y, para mí motivo de hondo orgullo, los de mi bisabuelo, Ricardo Arias, y de su medio hermano, Tomás Arias, (en el cierre de la campaña de 1984, cuando corrí como candidato a la Segunda Vicepresidencia con el Dr. Arnulfo Arias, desde el balcón de la Instituto Istmeño recordé a mi bisabuelo y me fijé en su busto).
Nunca me sentí alienado de Panamá. Esta tierra es mi Patria y el casco viejo mi hogar. Aunque estudié fuera del país catorce años, en Estados Unidos y Francia, jamás dudé que regresaría a Panamá. Esos son algunos de los " jirones de amor y de dolor que constituyen mis primeros recuerdos de la geografía de la Patria.
Los otros recuerdos se sitúan mucho más tarde en mi vida, en torno al 9 de Enero de 1964. Ese día me casé civilmente en una ceremonia en casa de mi padrastro y de mi madre. Había conocido a Teresita como estudiante en un curso de Introducción a la Filosofía que yo dictaba. Me llamó primero la atención porque, al yo sostener que para Sócrates la razón sólo debía recurrir a la violencia en última instancia y entonces con " indecible tristeza (me acuerdo las palabras exactas que utilicé), ella levantó la mano y desde su experiencia cubana, primero de fidelista y luego de antifidelista, me preguntó si no había circunstancias en las cuales la violencia era instrumento de la razón. El periódico universitario del grupo "Reforma" tituló al día siguiente: " Estudiante reta a Arias Calderón . Ella se acercó para asegurarme que no tenía nada que ver ni con el titular ni con el grupo.
El 9 de Enero, después de que el Juez nos casó y mientras celebrábamos con unos pocos amigos, comenzamos a recibir las informaciones por radio sobre los eventos frente a la Escuela Secundaria de Balboa y a lo largo de la Avenida 4 de Julio. No podíamos creer lo que oíamos. Don Samuel Lewis Arango, mi padrastro, quien había sido Embajador en Washington y Ministro de Relaciones Exteriores, estaba conmocionado. Pasamos las primeros horas recorriendo la ciudad, en un estado de preocupación extrema, a medida de que se informaba sobre el número de muertos y de heridos.
Al día siguiente Teresita y yo decidimos irnos a nuestro predio habitual, la Universidad. Cuando llegamos se estaba formando, más o menos espontáneamente, una asamblea en el Paraninfo de la Facultad de Humanidades, de gente universitaria y no universitaria, quienes como nosotros pensaban que, si la nacionalidad estaba en peligro, la Universidad sería una de las fuentes de inspiración patriótica.
Después que dicha asamblea decidió crear el Comité de Rescate de la Soberanía, algunos dirigentes se fueron a la Facultad de Derecho para integrar una directiva del Comité. El Dr. Gustavo Tejada Mora y yo nos sumamos. Una vez escogido el Dr. Jorge Illueca como Presidente del Comité, Gustavo y yo quedamos como Co-Secretarios. El dirigente sindical social cristiano Diógenes Gutiérrez, por su parte, ofreció la sede de su Federación Sindical como lugar de reunión del Comité.
Allí tuve la evidencia de que los comunistas no habían iniciado el 9 de enero, como algunos panameños y extranjeros lo afirmaron. Vi cuando un médico del Partido del Pueblo portaba en la mano un plano de la ciudad donde ciertos edificios altos tenían un círculo en rojo. Cuando le pregunté qué representaba ese círculo, me contestó: "es donde vamos a colocar francotiradores cuando nos lleguen las armas . Evidentemente, nos las tenían todavía. Por otra parte, alguien me comentó que no sabían hacer bombas molotov, porque no le ponían a las botellas la cantidad de arena necesaria para darles peso y dirección al lanzarlas.
Pronto comenzamos las reuniones multitudinarias, convocadas todas las noches por el Comité en la sede del Sindicato de Periodistas. Durante los primeros días después del 9, con la Guardia Nacional totalmente replegada en sus cuarteles, la ciudad quedó expuesta al desorden, que no se produjo porque las discusiones del Comité concentraron la atención de la opinión pública y sobre todo porque gracias a la decisión del Presidente Chiari de romper relaciones con los E.U. la población acogió las recomendaciones del Gobierno.
Los diferentes grupos, que en esta oportunidad trabajábamos juntos, teníamos un acuerdo de que ninguno comenzaría actividades sin participar a los demás. Una tarde los marxistas nos sorprendieron con un llamado a una marcha desde la Universidad. Entonces los católicos en el Comité recurrimos a Monseñor McGrath y le solicitamos que la Iglesia convocara a una Cita con Dios por la Patria. McGrath, quien había comprometido a la Iglesia en esos días con " la justicia de la causa panameña, lo consultó y aceptó. El 26 de Enero la Cita se realizó frente a la Catedral, con una multitud que desbordaba la Plaza de la Independencia. Este evento fue, si no el Bautismo, la Confirmación del nacionalismo panameño.
Mientras esto sucedía, una delegación del Comité visitó a todos los partidos del país: la Coalición Patriótica, el Liberalismo y el Partido de Arnulfo Arias. Ninguno mostró interés ni comprensión por lo que le sucedía a la nación, ocupados como estaban en el proceso electoral que culminaría en Mayo de ese año. Sólo un pequeño partido, recién fundado, me impresionó por su seriedad y patriotismo de cara al trauma que sufríamos los panameños. Fue el Partido Demócrata Cristiano, que ya desde antes del 9 de enero había elaborado su tesis sobre la plena panameñización del Canal y de la Zona. A raíz de esta comprobación, a las pocas semanas ingresé el PDC, iniciando así treintiséis años de vida política ininterrumpida y rectilínea.
Si mis primeros recuerdos definieron para mí la geografía de la Patria, estos otros recuerdos correspondieron a la vivencia a través de la cual asumí personalmente el drama histórico de Panamá y, en consecuencia, opté por la política, por ser actor productivo y no mero consumidor de la misma, para así vivir y hacer Patria por encima de cualquiera otra aspiración. ¡Sí, como decía Miró, "la Patria es el recuerdo..."!
La misma para todos, es, sin embargo, personal para cada uno. Por eso recitamos:
"Oh Patria tan pequeña,
quizás fueras tan chica,
para que yo pudiera,
llevarte toda entera dentro del corazón."
(ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América