Patria e ideología
El episodio reciente en que un orador, designado por el Consejo Municipal para pronunciar el discurso de fondo en actos conmemorativos de la independencia, intercambió expresiones ásperas e intempestivas con el Canciller de la República en forma pública y descomedida, no es una situación cualquiera en que la falta de etiqueta se impuso, pese a que el acto reclamaba un comportamiento ritual. Afloraron posiciones ideológicas irreductibles entre un profesor universitario y el actual vicepresidente de la República. El primero realzó la herencia indígena y campesina, subyugada por siglos de dominación colonial, señaló el racismo que se encuentra ínsito en la dominación oligárquica que caracterizó al surgimiento del Estado panameño hace cien años, y denunció la forma encubierta como se han llevado a cabo acuerdos entre Estados Unidos y Panamá y que en su opinión son violatorios de la soberanía, pues reconducen a la situación histórica ya superada del uso del territorio panameño por tropas del ejército de Estados Unidos. Sobre lo último discrepó el Canciller. Lamentablemente, dicha intervención se destacó también por su benevolencia hacia los militares panameños, particularmente hacia Manuel Antonio Noriega, al que el académico recuerda como una víctima. No es ése el sentimiento nacional panameño, ni expresa la voluntad política mayoritaria del país. No obstante, historiador o no, el señor tiene derecho a su opinión, por muy minúsculos que sean los grupos que comparten su visión del presente. Cabe preguntar sobre los criterios del Consejo Municipal para elegir al polémico orador. ¿Será que participan del mismo ideario?