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Patria nueva


En el escenario político, quien defiende la justicia y el bien común tiene el deber de ser objetivo. Esto lo logra asegurándose de que sus opiniones estén basadas en datos confiables y usando la misma medida para juzgar a tirios y a troyanos. Traducido al escenario político actual, esto significa que los críticos que ayer adversamos al gobierno del PRD, tenemos hoy el deber de juzgar al gobierno del Partido Arnulfista de acuerdo con los mismos criterios que usamos con el PRD.
Al respecto, hay que recordar que quienes nos opusimos a la creación de la Sala Quinta en la Corte Suprema lo hicimos porque consideramos que el presidente Pérez Balladares y su partido se proponían lograr el control de la Corte Suprema mediante el nombramiento de tres magistrados quienes servirían sus intereses. Por lo tanto, si hoy creemos que la presidenta Mireya Moscoso y su partido se proponen hacer lo mismo con el nombramiento de dos magistrados que han sido dirigentes del partido Arnulfista, tenemos el deber de objetar. De lo contrario, perdemos credibilidad y contribuimos a que se mantenga la maldita actitud de que la política es solamente cuestión de "quítate tú para ponerme yo".
Es cierto que el PRD fue engendrado por una dictadura militar para ser su brazo político y que ha tenido una trayectoria infame en este país. Es cierto que, a pesar de que el artículo 209 de la Constitución prohibe la participación en la política a quienes ostentan cargos en el Organo Judicial, el presidente Pérez Balladares politizó a la Corte Suprema. Pero también es cierto que los partidos que adversan al PRD no le dan un estímulo y una lección para que cambie su proceder porque, cada vez que llegan al poder, incurren en prácticas por las cuales anteriormente censuraron a ese partido.
Privadamente se dice que con el nombramiento de dos copartidarios, los arnulfistas buscan balancear a la Corte Suprema por considerar que está dominada por el PRD. Sin embargo, este criterio solamente sirve para perpetuar la politización de la Corte. Además, es iluso pensar que Endara serviría como contrapeso al PRD ya que, siendo presidente, no se caracterizó por mantener una línea dura contra ese partido. Al contrario, inmediatamente después de la invasión, aceptó que el PRD continuara como partido, nombró a personas vinculadas con el régimen anterior a puestos de confianza en su gobierno -por ejemplo a Menalco Solís, quien fue Secretario Ejecutivo del Consejo de Seguridad Pública- y terminó indultando a cientos de civiles que colaboraron con la dictadura de Noriega (La Prensa 19 de marzo de 1998 y 1 de marzo de 1991).
Aunque el nombramiento de Endara se critica porque ha sido un destacado dirigente del partido Arnulfista, como ha asegurado la legisladora Teresita Yanis de Arias, hay otros requisitos que tienen que ver con la conducta, la reputación y el equilibrio de quien aspira a ser magistrado de la máxima corporación de justicia (La Prensa 17 de diciembre de 1999).
Por una parte, el comportamiento personal del ex presidente Endara no está a la altura de lo que se requiere de un magistrado de la Corte Suprema. Aunque es conocido como un hombre de buenos sentimientos, además de ser un abogado preparado y respetuoso de la ley, Endara tiene un problema. No diferencia entre el comportamiento que debe ser estrictamente privado y el comportamiento que se debe llevar en el escenario público. El ex presidente ha ventilado sus problemas maritales ruidosamente ante la opinión pública y cuando comenta sobre temas políticos, muestra una tendencia a expresarse a la ligera y con un vocabulario descomedido. Una prueba reciente de lo anterior es el desenfreno con que atacó a la respetada corresponsal de La Prensa, Betty Brannan Jaén (La Prensa 20 de diciembre de 1999). Si Endara continuara con el mismo proceder siendo magistrado de la Corte Suprema, se podría suscitar más de un escándalo.
Por otra parte, hay que tener en cuenta la reputación del bufete Solís, Endara, Delgado y Guevara. Si Endara fuera PRD, los que adversan a ese partido ya le habrían echado en cara el hecho de que ese bufete ha sido muy cuestionado en el ámbito internacional. Alegando que si el río suena es porque piedras trae, hubieran mencionado el caso de Willie Falcón y Salvador Magluta, las denuncias de que ese bufete representó a figuras asociadas con el narcotráfico y que en el gobierno de Endara, varios funcionarios importantes fueron acusados de no cooperar con diversas entidades policiales internacionales porque estaban "secuestrados por su pasado". También pudieron haberse referido al hecho de que el bufete estableció sociedades anónimas vinculadas a la Colonia Dignidad, un enclave alemán en Chile que fue usado como centro de tortura durante la dictadura de Pinochet (La Prensa 24 de marzo de 1996; Cambio 16, mayo 20, 27 y 3 de junio de 1991; La Prensa 28 de enero de 1999).
En los casos anteriores no se ha establecido que hubo culpabilidad de parte del bufete Solís, Endara, Delgado y Guevara. Sin embargo, la mujer de César no sólo debe ser honrada sino parecerlo. Es posible que, si el nombramiento de Endara es ratificado por la Asamblea Legislativa y si su actuación en la Corte Suprema llega a ser cuestionada, tanto la prensa nacional como la prensa internacional se referirán a lo anterior y la reputación de la Corte Suprema sufrirá. ¿Por qué correr ese riesgo cuando no hay necesidad?
No es de buen criterio nombrar una figura que puede causar un problema a la imagen de la Corte Suprema y es irresponsable insistir en ello a sabiendas de que evoca una polémica innecesaria, cuando hay personalidades conocidas por su preparación y honradez quienes, de ser nombrados magistrados en la Corte Suprema, serían una garantía para todos.
La transferencia del Canal a Panamá, el inicio del segundo centenario de la República y el comienzo del segundo milenio infunden en el pueblo panameño un ardiente anhelo de vivir en una Patria nueva. Queremos correr con un velo el pasado y dejar atrás a los dirigentes desgastados, a la corrupción y la injusticia. Queremos que se le dé una oportunidad a la gente joven y bien preparada. Queremos avanzar con la frente en alto, mirando al futuro con confianza y optimismo. Pero no lo lograremos si permitimos que este Gobierno proceda como la procesión de Portobelo, dando un paso atrás y dos adelante. Para lograr que en la Patria nueva prevalezca la democracia y la justicia, debemos exigir de nosotros mismos el comportamiento que requerimos de otros, usando la misma medida para juzgar tanto a tirios como a troyanos.

101 años de Panamá América

 
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