Patria Nueva y carnaval
Me llamó poderosamente la atención el hecho de que para contrarrestar las opiniones relativas a la existencia de un pacto MAMI, el candidato de la “oposición” (que no es tal, porque sólo ha sabido pasar agachado) ideó un pacto GUIMI (Guillermo-Mireya). Me dio la impresión que Martincito y sus asesores no aplicaron mayor inventiva. Pensé que GUIMI fue un desliz freudiano que en efecto quiere decir “give me”. Esto es, give me, give me, dame, dame la presidencia porque...soy hijo de papá, será.
Pero eso no fue lo peor, alguien con buen tino recordó que a Leonidas Trujillo, el chacal del Caribe, le llamaban Gran Benefactor y Padre de la Patria Nueva. Una vez más los que escogieron la denominación de la Alianza Patria Nueva patinaron. Yo prontamente la llamé (todo por la) Patria Nueva. De aquí a que Martincito llegue a ser gran benefactor y padre de la patria nueva hay un largo trecho que recorrer.
Mientras suceden estas farsas y tramoyas las verdades sobresalen. La separación de los poderes en realidad no existe. Y a los tres poderes del Estado, en no armónica sino forzada colaboración, se le parecen agregar otros estamentos como la Procuraduría de la Nación, la Contraloría y, sorpresa de sorpresas, el Tribunal Electoral (TE).
Haciendo a un lado las leyes, leguleyadas e interpretaciones, creo que nadie convence a la mayoría del pueblo panameño que la quinta papeleta, cuya extinción parece haber sido decretada por los hiperínclitos miembros del TE, es una medida sabia. Los panameños somos tan ignorantes que no podemos manejar una quinta papeleta con un sí o un no. La impresión de las mismas es más intrincada que un viaje a Marte. Y la capacitación de los morones que serán jurados en las elecciones requeriría un “título académico” y, muy importante, la quinta papeleta trastocaría el proceso electoral de mayo venidero. ¡Trastocaría! Eso es dominar el idioma, la retórica, la semántica.
Lo que no admiten los que tienen la sartén agarrada por el mango es que la quinta papeleta causaría un enredo, un revolcón, un revuelco, que los que gozan de las mieles del poder no quieren. Prohibido hacer olas. De otra manera no tendremos 78 “honorables” y más en el futuro. Las dietas, los celulares, los carros exonerados, los viajes faraónicos podrían ser afectados y el país entraría en caos, o por lo menos en el aburrimiento.
Por lo menos uno de los grupos que se oponen a la Constituyente sostiene que obtendrá el respaldo de los independientes. Sí que soy torpe. Ya que creo que los independientes deben votar en contra de los que quieren continuar manejando la cosa pública para beneficio de grupúsculos que se han enriquecido y, si algún éxito han tenido, es que han sembrado la corrupción a todos los niveles de nuestra sociedad.
Si los independientes no votan pensada y conscientemente por los que quieren una patria más grande y digna, no puedo pensar sino que el revolcón vendrá. No tendrá el nombre de “revolución” o “proceso”, pero de que vendrá no lo dudemos. ¡Ah!, pero los panameños somos superpacíficos. Esta parte no me molesta. Son los revolcones de derecha e izquierda que tienen al mundo patas pa´ arriba. Sin embargo, algo debemos hacer sin necesidad de asesinatos, torturas, invasiones, y así sucesivamente. Ese hacer tiene que ser sacar a los malandrines del templo de la patria, a aquellos que han convertido a Panamá “...en una cueva de ladrones”.
No hay otra forma que sea incruenta. Ese es el camino que debemos seguir. La ciudadanía consciente, que es mayoritaria, emitirá su veredicto el 2 de mayo de 2004. Confío que decidirá a favor del templo y en contra del carnaval y de la cueva.
¿O no?
Pero eso no fue lo peor, alguien con buen tino recordó que a Leonidas Trujillo, el chacal del Caribe, le llamaban Gran Benefactor y Padre de la Patria Nueva. Una vez más los que escogieron la denominación de la Alianza Patria Nueva patinaron. Yo prontamente la llamé (todo por la) Patria Nueva. De aquí a que Martincito llegue a ser gran benefactor y padre de la patria nueva hay un largo trecho que recorrer.
Mientras suceden estas farsas y tramoyas las verdades sobresalen. La separación de los poderes en realidad no existe. Y a los tres poderes del Estado, en no armónica sino forzada colaboración, se le parecen agregar otros estamentos como la Procuraduría de la Nación, la Contraloría y, sorpresa de sorpresas, el Tribunal Electoral (TE).
Haciendo a un lado las leyes, leguleyadas e interpretaciones, creo que nadie convence a la mayoría del pueblo panameño que la quinta papeleta, cuya extinción parece haber sido decretada por los hiperínclitos miembros del TE, es una medida sabia. Los panameños somos tan ignorantes que no podemos manejar una quinta papeleta con un sí o un no. La impresión de las mismas es más intrincada que un viaje a Marte. Y la capacitación de los morones que serán jurados en las elecciones requeriría un “título académico” y, muy importante, la quinta papeleta trastocaría el proceso electoral de mayo venidero. ¡Trastocaría! Eso es dominar el idioma, la retórica, la semántica.
Lo que no admiten los que tienen la sartén agarrada por el mango es que la quinta papeleta causaría un enredo, un revolcón, un revuelco, que los que gozan de las mieles del poder no quieren. Prohibido hacer olas. De otra manera no tendremos 78 “honorables” y más en el futuro. Las dietas, los celulares, los carros exonerados, los viajes faraónicos podrían ser afectados y el país entraría en caos, o por lo menos en el aburrimiento.
Por lo menos uno de los grupos que se oponen a la Constituyente sostiene que obtendrá el respaldo de los independientes. Sí que soy torpe. Ya que creo que los independientes deben votar en contra de los que quieren continuar manejando la cosa pública para beneficio de grupúsculos que se han enriquecido y, si algún éxito han tenido, es que han sembrado la corrupción a todos los niveles de nuestra sociedad.
Si los independientes no votan pensada y conscientemente por los que quieren una patria más grande y digna, no puedo pensar sino que el revolcón vendrá. No tendrá el nombre de “revolución” o “proceso”, pero de que vendrá no lo dudemos. ¡Ah!, pero los panameños somos superpacíficos. Esta parte no me molesta. Son los revolcones de derecha e izquierda que tienen al mundo patas pa´ arriba. Sin embargo, algo debemos hacer sin necesidad de asesinatos, torturas, invasiones, y así sucesivamente. Ese hacer tiene que ser sacar a los malandrines del templo de la patria, a aquellos que han convertido a Panamá “...en una cueva de ladrones”.
No hay otra forma que sea incruenta. Ese es el camino que debemos seguir. La ciudadanía consciente, que es mayoritaria, emitirá su veredicto el 2 de mayo de 2004. Confío que decidirá a favor del templo y en contra del carnaval y de la cueva.
¿O no?