Patria son tantas cosas
Noviembre es la patria que andamos, la huella en presente, camino cotidiano, el peso específico de hoy, la mañana espléndida, pero también el futuro construido con el tiempo inequívoco del pasado. Es suma de haberes y deberes, alma y cuerpo de la nación -las estadísticas mayores que carecen de Producto Interno Bruto- las que se alimentan con verdades íntimas, las honduras de todos los per cápitas.
La patria son tantas cosas, dice el poeta. La geografía que la mide en su magnitud y magnificencia natural, y su gente, que le otorga el inconfundible sello de su personalidad. La grandeza de su espacio, que suele medirse por nuestra ausencia.
De cuerpo entero la retratan, el apagado volcán, el húmedo espesor de sus bosques, la atmósfera cálida, dos mares, dos aguas, dos puertas, dos gigantes mirándose sin egoísmo, sin hacer grandes olas, y el Aguila Arpía, que la preside en la silenciosa bruma, cuyas alas son su propia esperanza.
Es, sobre todo, la gente, la única que no debiera pasar de moda, en cualquier época o situación. Brazo firme, raíz inequívoca, el árbol del pueblo, no es frase cliché que se riega con la verborrea del político insensible, irresponsable, insufrible. Su crecimiento, fortaleza, rectitud, es responsabilidad de todos, porque árbol torcido, lo seguirá doblando hasta el más débil viento de la historia. Un pueblo sin norte, es como un alma en pena o un puente en una sola vía.
La patria pueden ser unas cuantas certidumbres, algunas luces bajas y otras altas, el pequeño, ácido y refrescante fruto del maracuyá, la madrugada cuando alguien sale a multiplicar los panes, el verbo hacer, las palabras solidaridad, servicio, transparencia, equidad
Puede ser un Canal abierto al mundo, la esquina de cualquier infancia, la mujer, un verano golondrina,
aun en la memoria, el niño que siempre hemos sido. La patria son tantas cosas...
(panaglobal@hotmail.com)
La patria son tantas cosas, dice el poeta. La geografía que la mide en su magnitud y magnificencia natural, y su gente, que le otorga el inconfundible sello de su personalidad. La grandeza de su espacio, que suele medirse por nuestra ausencia.
De cuerpo entero la retratan, el apagado volcán, el húmedo espesor de sus bosques, la atmósfera cálida, dos mares, dos aguas, dos puertas, dos gigantes mirándose sin egoísmo, sin hacer grandes olas, y el Aguila Arpía, que la preside en la silenciosa bruma, cuyas alas son su propia esperanza.
Es, sobre todo, la gente, la única que no debiera pasar de moda, en cualquier época o situación. Brazo firme, raíz inequívoca, el árbol del pueblo, no es frase cliché que se riega con la verborrea del político insensible, irresponsable, insufrible. Su crecimiento, fortaleza, rectitud, es responsabilidad de todos, porque árbol torcido, lo seguirá doblando hasta el más débil viento de la historia. Un pueblo sin norte, es como un alma en pena o un puente en una sola vía.
La patria pueden ser unas cuantas certidumbres, algunas luces bajas y otras altas, el pequeño, ácido y refrescante fruto del maracuyá, la madrugada cuando alguien sale a multiplicar los panes, el verbo hacer, las palabras solidaridad, servicio, transparencia, equidad
Puede ser un Canal abierto al mundo, la esquina de cualquier infancia, la mujer, un verano golondrina,
aun en la memoria, el niño que siempre hemos sido. La patria son tantas cosas...
(panaglobal@hotmail.com)