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Paz y amor a los hombres de buena voluntad




Contador público

¡Otra Navidad!. Pasan los años y los recuerdos de la niñez afloran a nuestra mente. Eramos muy pobres, pero muy felices. Teníamos el cariño de nuestros padres y abuelos, todos hoy ausentes por lo inexorable de la vida. El viaje hacia el más allá, confiados de una gloria eterna, por haber dejado en este mundo estela de buenas obras y comprensión hacia los demás. Recuerdo con qué cariño los amigos compartían con nosotros el nacimiento del Niño Dios.
Todo era bondad. En las noches, a pesar de no contar con luz eléctrica, a la luz de la luna llena, cuando concordaba con esa gran festividad, proliferaban las reuniones en los portales de las distintas residencias, con brindis de golosinas y dulces que completaban el éxito de las mismas. Cada cual, de conformidad con sus posibilidades, acogía en su hogar a sus vecinos. No se conocía la droga y quienes libaban licor lo hacían moderadamente, a escondidas de los menores. ¡Qué tiempos aquéllos!.
¡Hoy se han producido cambios jamás sospechados! El egoísmo impera. Los crímenes se suceden a diario. Existen bandas que arreglan sus diferencias a tiros. Esto es inconcebible. Además, la mendicidad es moneda común y el respeto a los semejantes se ha perdido.
Debemos hacer un alto para tratar de convivir y pensar en lo espiritual por encima de lo material. Es necesario compartir parte de lo que poseemos, para procurar un rato de solaz a tanto desheredado de la fortuna, pues sabemos que para ellos no habrá fiestas felices.
Hagamos el firme propósito de derrochar menos y compartir los alimentos con los que pasan hambre. Tantos niños desnutridos y sin abrigo que jamás han visto un juguete y menos una cena de Navidad. Tantos menesterosos. Tantos ciudadanos humildes sin techo donde vivir. Eso no fue lo que predicó Nuestro Señor Jesucristo.
Si somos cristianos y creemos en Dios, cambiemos nuestras actitudes mezquinas y cooperemos para que los que menos tienen sientan alivio a su desgracia y ayudemos a su subsistencia.
Las críticas para los que tienen el poder en sus manos los dejamos para otra ocasión, pues es tiempo de reconciliación y paz para todos.
A quienes me honran leyendo mis escritos, les deseo todo lo mejor en Navidad y que el Año 2001 sea feliz para todos.

101 años de Panamá América

 
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