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Paz y no violencia a la gente de buena voluntad


Ahora que celebramos la Navidad, fiesta tradicional de paz y amor y que precisamente iniciamos un nuevo milenio, vale la pena meditar un poco en la clase de mundo que queremos vivir y que queremos dejar a nuestros hijos.
Mucho se habla de la violencia y la vemos a diario. He visto personas que no se atreven a salir a la calle por miedo a una agresión. Por otra parte, la televisión glorifica la violencia y nos habituamos a verla y sentirla como algo "normal" al punto que fomentamos en nosotros la capacidad de crueldad dejando de participar en, o sentir, el sufrimiento ajeno. Por supuesto, no nos vemos como víctima de esa violencia. Igualmente sucede con canciones populares en las que incluso se incita al asesinato.
Estamos inmersos en una cultura de violencia. Cada vez más jóvenes participan en asesinatos para hacerse "respetar". Nuestra tradición machista glorifica la violencia. Llevando a cabo una terapia de grupo en una cárcel de varones en Florida pude comprobar que algunos latinos consideraban que el que un hombre celoso golpee a su mujer significa que el hombre "sí es macho".
La venta de juguetes que son "armas de muerte" es negocio. No tenemos más que observar las tiendas a las que, con una inocencia increíble, los padres van a comprar juguetes "de muerte" para sus hijos varones.
Por otro lado, miremos el boxeo que tanta "gloria" ha traído a Panamá y en el que tantos hombres a nivel mundial han sufrido lesiones cerebrales serias. (Y ahora las mujeres también compiten en él). Para ver lo violento que es este deporte no tenemos más que mirar la cara de los espectadores y los gritos que salen de sus gargantas "mátalo", "acábalo". Y, nos quejamos de que hayan hombres que golpeen a sus mujeres!.
Antes se creía que estos deportes servían de catarsis eliminando afectos negativos. Hoy se piensa diferente, no se elimina la frustración ni la agresividad, se acrecientan ambas (ver caso de Mike Tyson).
Igualmente enseñamos violencia cruel y aprendemos a insensibilizarnos al dolor ajeno cuando utilizamos animales para demostrar nuestras habilidades como es el caso de cazar por deporte, torear o llevar gallos a matarse entre sí. Hace poco leía (Panamá América, 27/11/99) las declaraciones de un "médico veterinario o especialista en toros bravos", con motivo de un evento taurino en la ciudad de David (de la cual él era su promotor) en la que explicaba que era demagogia hablar de "sufrimiento" de los toros ya que "no puede existir (sufrimiento) en un animal que no tiene intelecto". Me pregunto, ¿qué clase de formación científica tiene un "médico veterinario" que no se requiere de intelecto para sentir el dolor físico? Además de que no se requiere título académico para ver el sufrimiento en la mirada de un animal que recibe un golpe. ¿Cómo podemos pensar que un toro que recibe lesión con un objeto punzante no siente dolor o no sufra como consecuencia de esto?. Y todo para hacerlo más agresivo de manera que el torero pueda demostrar su "arte".
La violencia en una persona puede ser peligrosa y si alguna responsabilidad tenemos todos es tratar de construir una sociedad sin violencia, enseñando a controlar y eliminar todo aquello que pueda fomentarla. En siquiatría, la violencia puede ser un síntoma de problemas serios que deben tratarse desde su inicio. Los padres y madres deben prestar atención a este problema y no incentivarlo con juguetes y deportes cuyo fin específico (así sea en fantasía) es causar daño a otra persona con una inconciencia casi absoluta del sufrimiento y consecuencias del acto. Nos olvidamos que la experiencia es nuestra mejor maestra y estamos sembrando en la mente de los niños una actitud favorable a la violencia.
El ejercicio de la violencia se aprende. No niego que existe en el ser humano la capacidad de ser violento pero eso no nos lleva a ejercer la violencia. Todos tenemos el "poder" de hacer daño mortal eso no significa que lo haremos. En EEUU se han hecho experimentos con niños preescolares divididos en dos grupos. A uno de los dos se le muestra una película en la que ven un hecho agresivo, luego se somete a ambos grupos a una frustración para observar su reacción. El grupo que vio la película violenta reacciona violentamente a su frustración.
Desde que un niño o niña tiene uso de razón, debemos jugar con ellos enseñándoles a gozar el trato amable entre todos y con los demás, enseñándole el gozo de servir y de participar en las alegrías y tristezas de los demás. Y, cuando hace daño tratar de que se ponga en los zapatos de la persona o animal al que ha hecho daño para hacerle sentir lo mismo que puede estar causando a la otra persona. En otras palabras, enseñarle empatía o sea, el participar emocionalmente en la situación en la que se encuentra la otra persona.
En la familia, nuestra primera y más importante escuela, los niños aprenden sus primeros valores, y ésto no con la prédica sino con el ejemplo y la experiencia. ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Qué mundo construimos para y con ellos?.
Hoy vemos la necesidad de ampliar la comunicación entre padres de diversas familias de manera que los valores pro-sociales que se aprendan en una no se pierdan sino que más bien se refuercen en el contacto con miembros de otras familias. De allí la importancia de movimientos como los encuentros matrimoniales y el Movimiento Familiar Cristiano. Las Asociaciones de Padres de Familia de las diversas escuelas podrían, también, constituir un esfuerzo para ayudar a las familias a comprender y educar mejor a sus hijos con la colaboración de la Iglesia así como de diversas instituciones afines. Construyamos una comunidad de paz y amor, en este nuevo milenio, con gente de buena voluntad.

101 años de Panamá América

 
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