Pedir perdón
En el curso de nuestras vidas, difícilmente escapamos de criticar a otros y a ser criticados. Eso ocurre también con las ofensas. Sufrimos ofensas y también ofendemos.
Desventuradamente, durante los últimos dos años hemos ofendido a dos personas por quienes sentimos mucho aprecio. Por este medio les pedimos perdón ya que no nos hemos vuelto a encontrar para hacerlo personalmente.
Prueba dura es tener que afrontarlo, pero es lo correcto. Nadie debe avergonzarse para pedir perdón por una ofensa
En cuanto a ofensas recibidas por nosotros, perdonamos a quienes nos las hayan hecho. Por fortuna hemos vivido inmunes a cinco pestes: La envidia, la ira, el odio, la soberbia y la venganza.
Ningún ser humano con tan sólo una de estas calamidades puede vivir con sosiego.
La envidia es corrosiva; la ira, destructiva y causa de arrepentimiento; el odio es amargura implacable; la soberbia, una turbulencia del espíritu como el humo que escapa del agua hirviendo y el deseo de venganza una sed abrasadora y torturante.