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Pekín, olimpiadas y derechos humanos


Las leyendas milenarias dicen que la Gran Muralla fue creada por los emperadores de la Ciudad Prohibida para que los extranjeros no llegarán al País Celeste. Pero el destino hizo que China fuera objetivo del interés mundial desde que Inglaterra ganó la Guerra del Opio en 1842. Ahora, Pekín organizará un evento que contradice aquel viejo propósito del muro más largo del mundo: en el 2008 se efectuarán las Olimpiadas. Unos juegos deportivos que produce la unidad de las naciones, alejando las diferencias culturales.
China Popular es una gran nación. Segunda potencia territorial, economía en crecimiento, el dragón asiático comienza a despertarse. Desde hace mucho merece estar en un puesto reconocido como potencia emergente. Pero hay dudas sobre la forma cómo el gobierno de China reprime los derechos humanos. Es en China Popular en donde más ejecuciones sumarias se realiza; Pekín reprime el derecho democrático de los mil doscientos millones de ciudadanos chinos, mientras que en regiones como el Tibet y Sinkiang Uigur, existen presiones fuertes sobre una región con claras intenciones autonómicas e independentistas.
Antes que el Comité Olímpico reunido en Moscú dictará el fallo sobre la sede del 2008, un protestante del Tibet dijo a los medios internacionales que debemos tener cuidado con el otorgamiento de Pekín como sede olímpica, pues sería repetir el error de 1936, cuando a la Alemania nazi se le permitió efectuar juegos deportivos en Berlín, los cuales fueron usados como propaganda de la supuesta superioridad de la raza aria sobre el resto de la humanidad.
Un ciudadano cubano escribía desde Camaguey, su parecer sobre los sucedido en Moscú. El caribeño estuvo en China Popular cuando joven y vio una imagen algo diferente sobre el país asiático. Para él, no es nada agradable la idea de que Pekín sea la sede de las olimpíadas del 2008, pues es un país donde existe mano de obra casi esclava; la economía se eleva con la sangre del pueblo chino. ¿Ya nadie recuerda la masacre de jóvenes en la plaza de Tiananmen de junio de 1989? Quizás el ejemplo de las olimpiadas de Seúl en Corea, efectuadas en 1988, pueden servir como preludio a lo que sucederá en Pekín. Durante esas olimpiadas en Corea, ese país vivía bajo una dictadura militar y la ley marcial. Con los juegos, el movimiento democrático de la nación peninsular resurgió, permitiendo elecciones libres en la década del noventa.
Pero hay un tema que resulta interesante analizar tras la elección de China Popular como sede olímpica: El "affaire Taiwan". El gobierno de la China Democrática felicitó desde Taipei a su contraparte en Pekín. Pero la realidad es que las dos naciones chinas mantienen agrias disputas ideológicas, políticas y económicas frente al tema de una futura reunificación territorial. Desde 1949, Taiwan recibió los remanentes del gobierno republicano fundado por Sun Yat-sen en 1912; Chiang Kai-shek reconstruyó la isla hasta convertirla en un poderoso "Tigre comercial del Asia". Entretanto, China Popular fundó una sociedad comunista desde 1949, pero tras la muerte de Mao Tse-tung y Deng Xiaoping, sus seguidores comenzaron un proceso de reestructuración capitalista impresionante, aunque sin abandonar el precepto del dominio hegemónico del partido comunista chino sobre la vida de los más de mil millones de habitantes del país asiático.
Mientras tanto, el presidente taiwanés Chen Shui-bian, reiteró la postura de la nación insular de mantenerse fuera del ámbito chino comunista, pues Pekín busca la "Hongkonización" del territorio de Formosa. Puesto que China Popular propugna por la alternativa "Un país, dos sistemas", para sugerir la anexión de Taiwan, el gobierno democrático chino con sede en Taipei, se opone a esa opción, ya que ellos se consideran un Estado que elige libremente a sus dirigentes y que falta mucho para siquiera pensar en la unión a la tierra firme.
De darse una confrontación bélica, diferencias por el asunto a través del estrecho de Formosa o algún incidente similar con Estados Unidos o las fuerzas taiwaneses, ¿cuál será el accionar de los líderes comunistas chinos ante la presión del compromiso olímpico del 2008? ¿Se mejorarán los derechos humanos? ¿Se flexibilizará la existencia de fuerzas democráticas opositoras al régimen comunista enquistado en la Ciudad Prohibida de Pekín? El mundo debe presionar a China Popular para que, antes de las olimpiadas, flexibilice su política interna de trato a los derechos civiles, que haya libertad de partidos políticos, que se permita autonomía al Tibet, y que se normalicen las relaciones con la China-Taiwan. Esta última situación es el punto de mayor conflicto que evidencia una crisis geopolítica en Asia.

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