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¡Peligra el Canal de Panamá!


LOS GOBERNANTES de los países socios históricos de la vía interoceánica (Panamá-EU) no pierden tribuna para divulgar las novedosas y costosas medidas con las que supuestamente se garantizará el funcionamiento eficiente y la seguridad del Canal. Desde esta óptica simplista e imperialista, avalada sumisamente por el socio menor, el "terrorismo internacional" constituye uno de los peligros más latentes para la existencia de este importante atajo intermarino (incluso se ha llegado a incluir en nuestro Código Penal un ridículo título antiterrorista que a la fecha nadie ha infringido). Pero eso, es pura falacia y justificación para dilapidar recursos generados por esta actividad en cumbres, viajes, viáticos y otras sinecuras estériles que no evitarán que a largo plazo se produzca el colapso de esta importante vía acuática.
Los enemigos reales del Canal de Panamá son los panameños. Son, por prelación, los representantes del Ejecutivo, Legislativo, Judicial y los miembros de la sociedad civil. Porque es el gobierno central y las entidades autónomas y semiautónomas (ARI, ANAM, Reforma Agraria, Asamblea Nacional de Diputados, gobernantes y políticos corruptos) quienes permiten y hasta avalan la destrucción de los bosques aledaños a dicha vía acuática (acuática significa que funciona con agua; y el agua, vaya descubrimiento, la producen los bosques que constantemente son abatidos por las motosierras de los adeptos, proletarios o burgueses, de Patria Vieja o de Patria Nueva). ¡Estos, y no Osama bin Laden, son los verdaderos terroristas que están acabando con el Canal!
Nunca he sido ni espero ser gringuero. Pero debo reconocer que mientras esta importante vía acuática estuvo bajo la administración yanqui, el manejo de los recursos naturales (árboles, bosques, animales, fuentes de agua) y la planificación urbanística fueron encomiables. Pero una vez expulsados los zonians, la antigua Zona del Canal se ha convertido en botín de seres crapulosos (gobernantes y políticos, ¿cuál es la diferencia?), salvajes, irracionales, que destruyen aquel paraíso de áreas boscosas para cubrirlo con concreto con la construcción de centros comerciales, urbanizaciones, carreteras, atajos o permitiendo que la gente común (campesinos e indígenas), por ser pobre y un cautivo caudal de votos, pueble y destruya paulatinamente la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá.
Por eso no puedo menos que coincidir con el reportaje "Peligra el Canal de Panamá", publicado en la edición digital de la BBC de Londres (www.news.bbc.co.uk/26/5/05) por Mariusa Reyes donde esta periodista sostiene que: "El Canal de Panamá, con frecuencia descrito como la obra de ingeniería más espectacular del mundo, podría convertirse en una gran zona desértica si la deforestación de los bosques que lo rodean continúa en forma indiscriminada", bosques de los que depende la existencia de los lagos artificiales Alajuela y Gatún.
Dice dicha publicación: "Lo que ha pasado en las últimas décadas, es que la mitad de estos bosques [de la cuenca del canal] se ha perdido como consecuencia de la explotación forestal, lo que pone en jaque los negocios relacionados al Canal, que representan más del 40 por ciento de la economía panameña". En entrevista que le hace esta periodista a Stanley Heckadon Moreno, sociólogo e investigador asociado del Smithsonian Tropical Research Institute, éste sostiene que cada barco que cruza el canal requiere de 52 millones de galones de agua dulce, y se dan de 30 a 40 tránsitos diarios, agua que procede del río Chagres; si se termina destruir el valle de este río, ¡adiós canal! ¡Adiós bienestar del país! ¡Adiós políticos y empresarios corruptos y sus fortunas mal habidas! ¡El Canal sucumbió ante el terrorismo doméstico!
Es una verdadera pena que esta clase de noticias la tengan que escribir y publicar periodistas y medios extranjeros. Siento que los medios panameños y nuestra sociedad civil se están quedado cortos para entender y anunciar/denunciar la destrucción de nuestro más importante recurso económico y de todo el país. Porque por estas actividades criminales, no sólo peligra el canal. El país entero es hoy un desastre ambiental. Una porquería que se genera gracias a la politiquería y al tráfico de influencias, a la ineptitud de entidades como ANAM, Catastro, Reforma Agraria, AMP; al descompromiso de la sociedad civil; a nuestra incapacidad de entender que al morir no vamos a un cielo mítico sino al seno de la misma naturaleza que hoy convertimos en desiertos, en depósito de llantas viejas, chatarras, plásticos, latas, pesticidas, hedores nauseabundos. ¡Este es nuestro drama! ¡Esta es nuestra espeluznante realidad!
Razón asiste a quien por primera vez hizo la aguda observación de que la civilización empezó cuando el hombre derribó el primer árbol; pero que va a terminar cuando éste tumbe el último. Si se siguen destruyendo tres mil hectáreas de bosques por año, justo sería cambiar nuestra divisa pro mundi benefitio por una más realista que diga "Panamá: Pro mortis benefitio", porque eso es lo único que quedará disponible para las próximas generaciones: una zanja pestilente donde no alcanzarán los vivos para tirar de cabeza a los muertos.
¡A mis hijos, a tus hijos y a todos los hijos de esta generación de gente irresponsable y egoísta que hoy habita el país del canal!
samudio@cwpanama.net

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