Peligro de la segunda ola inflacionaria
Decíamos en el artículo de opinión anterior, que era posible suponer que tal vez la crisis económica global había tocado fondo, y que se acercaba el comienzo de la recuperación, por el comportamiento reciente de la Reserva Federal Norteamericana, de no seguir bajando los tipos de interés.
La lógica detrás de esa decisión sería la siguiente: habría que promover la baja de los intereses, todo el tiempo que la misma sirviera de estímulo a la inversión en detrimento del ahorro. El punto exacto en que -por el análisis de otras variables- se podía determinar que la economía comenzaría a repuntar, era el punto en que la Reserva Federal debía de dejar de bajar los intereses, para no dejar de incentivar el ahorro, al tiempo que se promueve la inversión.
La inversión genera empleo, el empleo crea circulante y el circulante se regresa a la economía en forma de gasto, ahorro o inversión, de acuerdo con la teoría de Keynes. Este gasto sería fundamental para mantener el dinamismo de la economía.
¿Qué sucedería en países como Estados Unidos si no se baja la tasa de interés lo suficiente o en países como Panamá, cuyos bancos no adecuen las tasas de interés al escenario internacional, a partir de nuestra propia realidad? Estaríamos frente al peligro de una segunda ola inflacionaria, que ya no solamente se caracterizaría por el impacto directo del aumento en los insumos y granos sobre todos los aspectos más vitales de nuestras vidas, v.gr. transporte, educación y salud. De no haber suficiente incentivo para la inversión, actividades que los consumidores estimen como suntuosas o no estrictamente necesarias, empezarían a verse afectadas; como restaurantes, discotecas, bares, centros de venta de automóviles, y toda aquella actividad económica que implique un gasto que se puede posponer.
Las personas empezarían a ahorrar más, dejando de asistir a esos lugares o dejando de comprar este tipo de mercancía. La falta de venta por parte de los empresarios los obligaría a bajar los precios para competir por menos clientes. Algunos no soportarían la competencia y se saldrían del mercado, dejando, a su vez, a más gente desempleada, y ello a su vez, multiplicaría el círculo de la pobreza.
Por lo tanto, hay que mantener las tasas de interés lo suficientemente bajas. ¿Qué tan bajas? Todo lo altas que sea necesario para salvar a los bancos; pero igual, todo lo bajas que sean necesarias para sostener a los clientes de los bancos en momentos de vacas flacas, caída en las ventas y deflación económica.
A un paso de la recesión, ojalá y se evite que en países como los nuestros, con una amplia potencialidad de crecimiento económico a partir de factores internos, si bien la crisis consuma parte de nuestras herramientas, lo mejor de nosotros aún quede para el crecimiento económico y desarrollo de nuestro país.