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Pemex y corruptelas corporativistas


Es probable que el gobierno de Vicente Fox haya calculado mal los tiempos en su batalla contra la rampante corrupción de los líderes sindicales de la petrolera Pemex y secuaces del PRI que los acompañan y cobijan, pero los líderes sindicales han calculado aún peor sus probabilidades de salir indemnes del asunto. Es más, la probabilidad de que Carlos Romero Deschamps, Ricardo Aladana y compañía salgan sin daño de esta confrontación es igual a cero. Por eso, ellos son los primeros interesados en lograr un "mal arreglo" que evite un pleito mayúsculo en el cual el gran perdedor -a la postre- serían ellos y todo el superviviente sistema corporativista que alentó este tipo de corruptelas.
Es cierto que una huelga en Pemex nos perjudica a todos los mexicanos, pero le granjearía a los líderes sindicales -y de paso al PRI en su conjunto- tal animadversión popular que el camino para sepultar definitivamente el corporativismo quedaría allanado. El corporativismo ha sido el eje integrador del priísmo tradicional y de los gobiernos que emanaron de ese partido. Lo que el gobierno de Fox está aprendiendo de esta querella es que los costos de la llamada transición democrática son elevadísimos e ineludibles. También debe haber aprendido que las buenas intenciones deben ser servidas con procedimientos y funcionarios competentes, no con necedades de iluminados.Todo indica que habrá un "mal arreglo" en el caso Pemex y que la amenaza de una huelga devastadora se conjurará. Y esto se ajusta a la perfección con el viejo dicho de que más vale un mal arreglo que un buen pleito. Lo importante es que en el diseño de ese "arreglo" el gobierno entienda que el punto número uno es hacer, ya, las reformas necesarias para que las empresas públicas sean de veras públicas y no botín de la mafia "revolucionaria". Los sindicatos más abusivos, con la sociedad y con sus propios agremiados, son los de las empresas y organismos del gobierno -junto con el sindicato de la burocracia federal-, precisamente porque el patrimonialismo (el uso de los recursos públicos como patrimonio de un grupo político) requiere de la complicidad de líderes sindicales que, a su vez, tengan la patente para expoliar a la empresa, a los consumidores y hasta a sus propios agremiados. Un "mal arreglo" significa tan sólo ganar tiempo -para ambas partes-, antes del desenlace que inexorablemente apunta a la muerte del sistema corporativista en México.
Desde julio de 2000 el tradicional corporativismo mexicano está herido de muerte. El gobierno de Fox calculó mal el momento, pero no debe olvidar que la razón le asiste y que la inmensa mayoría de los mexicanos lo apoya en esta batalla contra la impunidad institucional.
* Analista político mexicano.
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