Penonomé: un caso educativo para investigar y aprender
Se dice que el ser humano no termina de aprender hasta segundos antes de su muerte, pues todo lo que ocurre a su alrededor lo captan sus sentidos para archivarlo y procesarlo constantemente. Ese fenómeno es el fundamento para convertirnos en la máquina más compleja y maravillosa de la creación. Este aprendizaje será mayor y significativo si, desde nuestro nacimiento, hemos tenido las oportunidades en el hogar y la escuela, de crear la base capaz de aprovechar mensajes para convertirlos en conocimientos, destrezas, habilidades; modificando conductas, actitudes y modos de pensar.
Sobre, lo anteriormente expuesto, comencé a reflexionar cuando los graduandos o promoción del 1973-74, del Colegio Angel María Herrera de Penonomé, me invitaron para realizar un reencuentro -celebración de los 25 años (Bodas de Plata) transcurridos desde su graduación como bachilleres-. Suponía que se haría una celebración muy singular con las características de las presentaciones elegantes en la comunidad penonomeña; evento que fácilmente convocaba un conjunto de interrogantes derivadas de unos 25 años transcurridos después de un proceso para transformar la conciencia de aproximadamente 67 jóvenes. Dos preguntas son inevitables en el silencio mental de quienes asisten a un evento de tal naturaleza y vivieron las experiencias antecedentes en los años escolares; ¿Qué cambios físicos, de pensamiento y conducta se habrá operado en quienes asistirán con años de ausencias interpersonales?
Con esa carga anticipada de alegría, curiosidad e interrogantes fuimos llegando, al sitio del encuentro, con una sonrisita más de nerviosidad alegre que el de haber visto u oído algo chistoso; llenándonos de abrazos con ojos humedecidos. Aparecieron las palabras con afán de conversatorio lleno de recuerdos escolares. Hablamos profesores y ex-alumnos, sin agenda preconcebida; buceando en el ayer con el aliento contenido. No fue un encuentro para rendir cuentas, sino para expresar ternura lírica individualmente como representantes de un colegio y de la especie humana. Inconscientemente nos retroalimentamos con contenidos escolares, penonomeños, coclesanos de patria y universales. Fue una velada cuyo alcance de objetivo rebasó su inversión. Valió el esfuerzo, con hasta viajes muy distantes, de esperar 25 años para reencontrarnos y continuar con nuestra identidad mejorada.
Ese evento señalado nos dice de un Penonomé con unos valores culturales únicos; que hacen de marco tradicional influyente al sistema formal de la educación. Esa noche hubo un producto más con calidad penonomeña; para orgullo de una escuela y su pueblo.
También nos dijo ese evento que nuestra formación es contínua cuando se han dado bases sólidas y que la escuela, como institución, sólo es un medio más para formar seres con calidad humana. Por lo que no debemos creer que una promoción de estudiantes lleva lo suficiente para evaluar; reconociendo que al egresar de un centro educativo se llevan una serie de códigos que se continúan operando para obtener resultados que se observan al pasar de los años.
¡Qué maravilloso fue esperar 25 años, para ver un producto con calidad más humana!
¡Bendita sea la promoción de 1973-74, del Colegio Angel María Herrera de Penonomé!
La noche me pareció una lección para todos y yo pensé que quizás sería mejor Director, de esos profesores y estudiantes, si pudiese regresar con ellos a 1973-74. Sin embargo lo aprendido servirá para atender mejor las realidades presentes.
Sobre, lo anteriormente expuesto, comencé a reflexionar cuando los graduandos o promoción del 1973-74, del Colegio Angel María Herrera de Penonomé, me invitaron para realizar un reencuentro -celebración de los 25 años (Bodas de Plata) transcurridos desde su graduación como bachilleres-. Suponía que se haría una celebración muy singular con las características de las presentaciones elegantes en la comunidad penonomeña; evento que fácilmente convocaba un conjunto de interrogantes derivadas de unos 25 años transcurridos después de un proceso para transformar la conciencia de aproximadamente 67 jóvenes. Dos preguntas son inevitables en el silencio mental de quienes asisten a un evento de tal naturaleza y vivieron las experiencias antecedentes en los años escolares; ¿Qué cambios físicos, de pensamiento y conducta se habrá operado en quienes asistirán con años de ausencias interpersonales?
Con esa carga anticipada de alegría, curiosidad e interrogantes fuimos llegando, al sitio del encuentro, con una sonrisita más de nerviosidad alegre que el de haber visto u oído algo chistoso; llenándonos de abrazos con ojos humedecidos. Aparecieron las palabras con afán de conversatorio lleno de recuerdos escolares. Hablamos profesores y ex-alumnos, sin agenda preconcebida; buceando en el ayer con el aliento contenido. No fue un encuentro para rendir cuentas, sino para expresar ternura lírica individualmente como representantes de un colegio y de la especie humana. Inconscientemente nos retroalimentamos con contenidos escolares, penonomeños, coclesanos de patria y universales. Fue una velada cuyo alcance de objetivo rebasó su inversión. Valió el esfuerzo, con hasta viajes muy distantes, de esperar 25 años para reencontrarnos y continuar con nuestra identidad mejorada.
Ese evento señalado nos dice de un Penonomé con unos valores culturales únicos; que hacen de marco tradicional influyente al sistema formal de la educación. Esa noche hubo un producto más con calidad penonomeña; para orgullo de una escuela y su pueblo.
También nos dijo ese evento que nuestra formación es contínua cuando se han dado bases sólidas y que la escuela, como institución, sólo es un medio más para formar seres con calidad humana. Por lo que no debemos creer que una promoción de estudiantes lleva lo suficiente para evaluar; reconociendo que al egresar de un centro educativo se llevan una serie de códigos que se continúan operando para obtener resultados que se observan al pasar de los años.
¡Qué maravilloso fue esperar 25 años, para ver un producto con calidad más humana!
¡Bendita sea la promoción de 1973-74, del Colegio Angel María Herrera de Penonomé!
La noche me pareció una lección para todos y yo pensé que quizás sería mejor Director, de esos profesores y estudiantes, si pudiese regresar con ellos a 1973-74. Sin embargo lo aprendido servirá para atender mejor las realidades presentes.