Pensando en voz alta
El explosivo y complejo conflicto vivido recientemente en nuestra Suramérica nos llama a la reflexión y hay que analizarlo imparcialmente pensando en el bien común.
¿Qué hay realmente detrás de todo ese conflicto? En las reuniones de la OEA sobre el tema, se han escuchado opiniones de los diferentes actores e inclusive se aprovechó el momento para incluir agendas particulares que, aunque no dejan de ser importantes, no eran el tema de la reunión.
Por cinco décadas el pueblo colombiano ha sufrido debido a la lucha armada entre el Gobierno y los grupos revolucionarios que más que un conflicto ideológico y político, ha estado plagado de terrorismo, secuestros, asesinatos, y del estigma del narcotráfico. Este último viene menoscabando más y más las bases de nuestras sociedades, irónicamente perjudicando inclusive a aquellos que la practican. Este flagelo es el verdadero enemigo común y es imperativo trabajar conjuntamente para combatirlo.
El respeto a la inviolabilidad territorial no sólo debe ser por parte de los gobiernos sino de todos los que entren ilegalmente a un país, especialmente si se trata de personas que practican actividades de lesa humanidad como lo es el terrorismo. De las reuniones de la OEA ha quedado el sabor que a los guerrilleros (llámese terroristas) algunos expositores los han querido hacer ver como víctimas, cuando son ellos los que causan la mayoría de las víctimas inocentes.
Esta situación me hace recordar al espectáculo de la lucha libre. En ella, las cuerdas son la "frontera" de protección. Los rudos no la respetan, pero cuando cometen una fechoría se cobijan en ellas y el bando de los técnicos sí las respeta. Pero existen excepciones en las que los técnicos reaccionan ante los constantes atropellos y también irrespetan las cuerdas. Esto fue lo que sucedió en el conflicto. El ejército colombiano violó la territorialidad ecuatoriana cuando persiguió y aniquiló a los guerrilleros de las FARC, y por lo que el Presidente colombiano pidió públicas disculpas.
El científico, meteorólogo, escritor y ambientalista inglés, James Lovelock dijo: "Desde el espacio está claro que no hay fronteras separando a los países y desde ahora no las habrá nunca más". Y si aplicamos estas palabras en aras del bien común latinoamericano, todos debemos asumir una posición de amplio criterio.
No deben existir fronteras en la lucha contra el crimen. Es como si en casa de su vecino están siendo asaltados por delincuentes que huyen hacia la suya y usted no le permitiera a su vecino perseguirlos, aún sabiendo que usted puede ser la próxima víctima de ésos delincuentes.
Tenemos que apoyarnos mutuamente en esta crucial lucha y evitar perder la perspectiva para no terminar peleándonos unos contra otros, tal como se presentó durante el conflicto. De no ser así, nos espera un futuro incierto a nuestra Latinoamérica.
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