default

Pensar en un Panamá para todos


NI DESDE el gobierno ni desde la oposición puede uniformarse a la sociedad. Para avanzar y alcanzar su pleno desarrollo, una nación requiere de pluralismo y democracia. Ese es el ambiente ideal que sintetiza el avance de la población y consolida en forma definitiva los valores sociales. No hay mayorías automáticas. En la lógica de un país democrático, tienen lugar las ideas divergentes, las opiniones contrarias. Pero desde el gobierno no puede cederse ante presiones de quienes miden solamente sus propios intereses y no apuestan por el futuro del país.
La población panameña decidió mayoritariamente en mayo pasado respaldar con su voto una propuesta de gobierno. Muchos no votaron por un partido definido, sino por una esperanza con la que se identificaron. Creyeron que una Patria nueva no era un sueño imposible. La idea de Patria, más que el suelo natal, es una cultura y una memoria comunes, representa un proyecto de todos, por encima de las lógicas diferencias que caracterizan a los individuos. La Patria se manifiesta, más allá de los enconos y desencuentros, en sus símbolos y sus instituciones.
Desde esa perspectiva, el presidente Martín Torrijos representa la totalidad de los panameños, por encima de facciones políticas y banderas partidistas. El presidente deja de ser representante de un sector y pasa a ser custodio del bien de la comunidad nacional. Por eso ha asumido el costo político que significan las reformas a la Caja de Seguro Social (CSS). Rezagar o retrasar la decisión de resolver de una vez por todas el problema de la seguridad social, sería una enorme irresponsabilidad. No es con medidas populistas como el país está saliendo del penoso período de crisis económica, social y política, heredado por la pasada administración. Se acabó el tiempo del crédito fácil, del subsidio y de la expansión del gasto público. No se puede repartir lo que no se produjo y no se tiene.
En momentos en que las presiones sectoriales están poniendo a prueba el temple del gobierno nacional, hay que reiterar que las soluciones no se alcanzan con recetas mágicas, sino cuidando con firmeza lo que se ha ganado en estos primeros nueve meses de gestión con el esfuerzo y el aporte de la sociedad.
El Gobierno ha demostrado que no está pensando en una salida coyuntural, sino en una estrategia de mediano y largo plazo destinada a mejorar la capacidad productiva, la inserción en el mercado mundial y las condiciones de vida de la población. Está en juego un nuevo modelo de organización nacional, a partir de la revalorización y el respeto de las propias instituciones. Ese diseño de proyecto integral de nación para los años venideros, deja de lado los temerarios personalismos. Avanza hacia acuerdos sólidos sustentados en coincidencias básicas que siempre serán más fuertes y profundas que la retórica de los intolerantes y de los predicadores de la confrontación social. Hay que aislar a los actores que atentan contra la convivencia pacífica, que buscan socavar las instituciones y, desde dogmas radicales empleando la violencia como instrumento político, comprometer la gobernabilidad democrática y vulnerar la voluntad popular.
Panamá ha entrado en un proceso de reformas que apunta a su reconstrucción como un país responsable y previsible. Ese proyecto de nación requiere un liderazgo fuerte, a la altura de las circunstancias, capaz de moderar los intereses sectoriales en función del bien de la comunidad entera y enfocándolos en objetivos para ensanchar los horizontes estratégicos. Sólo es posible avanzar fortaleciendo las instituciones nacionales, priorizando el interés general, dialogando y debatiendo con pluralismo y sobre ideas bien fundamentadas, respetando las diferencias y cooperando con todos los que quieren robustecer la democracia panameña.
No puede subvalorarse al país, ni lo que como nación puede lograrse. Está en las manos de los panameños respaldar el proceso de cambios para garantizar la viabilidad del Estado y las finanzas públicas. El país ha alcanzado niveles inéditos de democratización, de respeto a los derechos humanos, de consenso acerca de la importancia de la estabilidad fiscal y la apertura de la economía y conciencia en torno de la necesidad de hacer realidad la equidad y la inclusión social.
Contar con bienes públicos fundamentales como seguridad, educación, salud, vivienda, infraestructura, cuidado del medio ambiente en la cantidad y calidad necesarias para estimular el desarrollo humano, garantizando igualdad de oportunidad, no es un sueño irrealizable. En el camino pueden haber aciertos y equivocaciones. Pero si el horizonte es el interés nacional, el construir una nación donde impere la solidaridad, los sueños y esperanzas por un mejor futuro, entonces es posible pensar en un Panamá para todos.
No es con medidas populistas como el país está saliendo del período de crisis económica, social y política, heredado por la pasada administración.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América