Pepín: el vendedor de golosinas de la Universidad
La Universidad de Panamá es el centro de estudios superiores por excelencia en el país; reúne a personas de todos los estratos sociales que buscan la superación personal, con la intención de forjarse un mejor futuro. Pero a este centro no asisten solamente los estudiantes y profesores, sino también llegan otras personas que buscan la manera de obtener un sustento para su familia.
Existen varias personas que se dedican a la venta de golosinas, útiles escolares, emparedados, frutas, empanadas, chichas, entre otros. Luis Alberto Marquínez, mejor conocido como "Pepín" por los universitarios y profesores, es uno de estos individuos, que se ha convertido en todo un personaje en la primera casa de estudios superiores de Panamá.
Marquínez se dedica a la venta de golosinas en la Universidad desde hace más de 17 años. Manifestó que este negocio lo ayudó a educar a sus dos hijos, que ya se graduaron de la escuela secundaria y ahora estudian en la Universidad de Panamá.
Para eso, confiesa, se levanta todos los días a las cinco de mañana y se retira alrededor de las 10:00 de la noche.
"No ha sido fácil mantener una familia con este negocio, donde no se cuenta con una entrada fija, es difícil no saber cuánto obtendrás de ganancia diaria, sobre todo, cuando existen personas que dependen de ti", dijo "Pepín". Agregó que la difícil situación económica por la que atraviesa el país también lo ha afectado, pues las ventas nos son como en años anteriores.
Señaló que en la actualidad sus hijos y su esposa lo ayudan en el negocio todos los días, pues, aclara, el tiempo pasa y el cansancio se siente cada vez más. Cuando Marquínez no se encuentra en el puesto están los hijos o la esposa para secundarlo, aunque aclaró que cuenta con algunas amistades de confianza, quienes le dan la mano cuando no se encuentran sus familiares al frente del negocio.
El comerciante añadió que en este pequeño negocio no siempre hay ganancia, en ocasiones se pierde cuando no se recoge lo que se invierte y hay que esperar hasta el otro día para recuperar algo.
En la mesa de "Pepín" hay diariamente más de 75 balboas entre pastillas, galletas, plumas, lápices, chocolates, etc., y aunque cuenta con la clientela cautiva de la Universidad, en ocasiones hay personas a quines le da crédito y no aparecen sino hasta meses después.
"Las ganancias en este negocio son mínimas, pues aquí lo que se ganan son reales. Un buen día puedo ganar entre nueve o diez balboas y cuando la situación no está bien las utilidades rondan los cinco balboas", precisó.
Marquínez paga una mensualidad de 15 balboas a la Universidad de Panamá para mantenerse en el puesto y aseguró que no ha tenido problemas con las distintas administraciones pasadas.
Al ser cuestionado sobre el desenvolvimiento de los días cuando se registran manifestaciones y protestas universitarias, el entrevistado, rascándose la cabeza, dice que antes, cuando estas eran inesperadas, perdía parte de la mercancía en la corredera o tenía que soportar los efectos de los gases lacrimógenos intentando salvar los productos que vende. Hoy día cuenta con amigos dirigentes y manifestantes de los distintos grupos estudiantiles, quienes les avisan cuando habrá manifestaciones para que se prepare y tenga tiempo de recoger la mesa y sus productos.
"En una ocasión, miembros de las unidades antidisturbios me empujaron, me colocaron contra la pared, me revisaron, hasta me han estrellado, todo esto me ha pasado aquí en este puesto", explicó riéndose.
Sobre las amistades, dijo contar con buenos amigos, sin embargo, reconoce que también hubo otros que aparentaban serlos, pero después demostraron lo contrario. Se refirió especificamente a un supuesto amigo que se la pasaba en su negocio al que le fiaba mercancías y ahora, que es legislador suplente, no le ha visto la cara por el puesto de venta, "pero así es la vida", dijo.
Marquínez manifestó sentirse satisfecho con lo que ha conseguido hasta ahora: sus dos hijos están en la Universidad, el mayor cursa segundo año de Banca y Finanzas en la Facultad de Economía y el menor está en primer año de Ciencias.
Igualmente orgulloso informó que su esposa se acaba de graduar de la escuela secundaría, la que tuvo que dejar en su juventud y para el próximo año planea matricularse en la Facultad de Derecho, para estudiar abogacía. Expresó que aún tiene metas por cumplir, entre las que destaca, ver graduados a sus hijos de profesionales de las carreras que decidieron estudiar.
"Pepín" agradece a Dios por tener la familia que le acompaña en todo momento y unos hijos a los que cataloga como muchachos tranquilos y que no se meten en problemas. Solo espera tener vida para ver a sus hijos convertidos en hombres de bien y consagrados profesionales.
Existen varias personas que se dedican a la venta de golosinas, útiles escolares, emparedados, frutas, empanadas, chichas, entre otros. Luis Alberto Marquínez, mejor conocido como "Pepín" por los universitarios y profesores, es uno de estos individuos, que se ha convertido en todo un personaje en la primera casa de estudios superiores de Panamá.
Marquínez se dedica a la venta de golosinas en la Universidad desde hace más de 17 años. Manifestó que este negocio lo ayudó a educar a sus dos hijos, que ya se graduaron de la escuela secundaria y ahora estudian en la Universidad de Panamá.
Para eso, confiesa, se levanta todos los días a las cinco de mañana y se retira alrededor de las 10:00 de la noche.
"No ha sido fácil mantener una familia con este negocio, donde no se cuenta con una entrada fija, es difícil no saber cuánto obtendrás de ganancia diaria, sobre todo, cuando existen personas que dependen de ti", dijo "Pepín". Agregó que la difícil situación económica por la que atraviesa el país también lo ha afectado, pues las ventas nos son como en años anteriores.
Señaló que en la actualidad sus hijos y su esposa lo ayudan en el negocio todos los días, pues, aclara, el tiempo pasa y el cansancio se siente cada vez más. Cuando Marquínez no se encuentra en el puesto están los hijos o la esposa para secundarlo, aunque aclaró que cuenta con algunas amistades de confianza, quienes le dan la mano cuando no se encuentran sus familiares al frente del negocio.
El comerciante añadió que en este pequeño negocio no siempre hay ganancia, en ocasiones se pierde cuando no se recoge lo que se invierte y hay que esperar hasta el otro día para recuperar algo.
En la mesa de "Pepín" hay diariamente más de 75 balboas entre pastillas, galletas, plumas, lápices, chocolates, etc., y aunque cuenta con la clientela cautiva de la Universidad, en ocasiones hay personas a quines le da crédito y no aparecen sino hasta meses después.
"Las ganancias en este negocio son mínimas, pues aquí lo que se ganan son reales. Un buen día puedo ganar entre nueve o diez balboas y cuando la situación no está bien las utilidades rondan los cinco balboas", precisó.
Marquínez paga una mensualidad de 15 balboas a la Universidad de Panamá para mantenerse en el puesto y aseguró que no ha tenido problemas con las distintas administraciones pasadas.
Al ser cuestionado sobre el desenvolvimiento de los días cuando se registran manifestaciones y protestas universitarias, el entrevistado, rascándose la cabeza, dice que antes, cuando estas eran inesperadas, perdía parte de la mercancía en la corredera o tenía que soportar los efectos de los gases lacrimógenos intentando salvar los productos que vende. Hoy día cuenta con amigos dirigentes y manifestantes de los distintos grupos estudiantiles, quienes les avisan cuando habrá manifestaciones para que se prepare y tenga tiempo de recoger la mesa y sus productos.
"En una ocasión, miembros de las unidades antidisturbios me empujaron, me colocaron contra la pared, me revisaron, hasta me han estrellado, todo esto me ha pasado aquí en este puesto", explicó riéndose.
Sobre las amistades, dijo contar con buenos amigos, sin embargo, reconoce que también hubo otros que aparentaban serlos, pero después demostraron lo contrario. Se refirió especificamente a un supuesto amigo que se la pasaba en su negocio al que le fiaba mercancías y ahora, que es legislador suplente, no le ha visto la cara por el puesto de venta, "pero así es la vida", dijo.
Marquínez manifestó sentirse satisfecho con lo que ha conseguido hasta ahora: sus dos hijos están en la Universidad, el mayor cursa segundo año de Banca y Finanzas en la Facultad de Economía y el menor está en primer año de Ciencias.
Igualmente orgulloso informó que su esposa se acaba de graduar de la escuela secundaría, la que tuvo que dejar en su juventud y para el próximo año planea matricularse en la Facultad de Derecho, para estudiar abogacía. Expresó que aún tiene metas por cumplir, entre las que destaca, ver graduados a sus hijos de profesionales de las carreras que decidieron estudiar.
"Pepín" agradece a Dios por tener la familia que le acompaña en todo momento y unos hijos a los que cataloga como muchachos tranquilos y que no se meten en problemas. Solo espera tener vida para ver a sus hijos convertidos en hombres de bien y consagrados profesionales.