Pérdida de respeto a la Corte Suprema
Por la irresponsabilidad de algunos funcionarios que la representan, hay mucha desconfianza en las instituciones de justicia. En los países con una cultura más avanzada, la Corte Suprema de Justicia es un órgano sagrado, por la filosofía en su contenido y el respeto a todos los que forman la sociedad.
Sin embargo, en Panamá, la imagen de la Corte ha caído a su más bajo nivel de confianza y credibilidad ante la sociedad, debido a las frecuentes acciones y escándalos que han cometido algunos de sus funcionarios.
Las críticas y cuestionamientos que se han venido haciendo a la principal institución de justicia y sus estamentos, no es culpa de la comunidad nacional, sino de ellos mismos, por los frecuentes escándalos y fallos en detrimento de una justicia transparente.
En apariencia, en algunos de los casos, la justicia ha perdido su contenido y obligación ante la presión que ejercen los intereses monopolistas de los malos políticos.
Es lamentable que nuestra primera institución de justicia esté en esta situación.
En otros países, la Corte Suprema de Justicia la mantienen en un sitial de respeto, confianza y credibilidad; como el órgano de mayor consideración entre los demás órganos del Estado, es decir, en él no existen las influencias ni las presiones políticas donde sus miembros no tienen compromisos, no se sienten atados y actúan con criterio propio respetando su conciencia y su dignidad frente a una justicia transparente al servicio de la sociedad.
Mientras los miembros de esa alta corporación de justicia sean designados de la manera que se viene haciendo, La Corte Suprema no cumplirá la misión para la que está encomendada como garante de la cultura de la justicia y la filosofía que enmarca esa delicada institución del Estado, ya que sus miembros se sienten impedidos de cumplir su deber de manera imparcial; ello es lamentable para propios y extraños, así como para la imagen de la patria internacionalmente.
Es lamentable que la mayoría de los órganos del Estado se encuentren en el más bajo nivel de la confianza pública, pero mucho más lamentable aún es escuchar que la honorable Corte Suprema de Justicia forme parte del desgreño administrativo y sea una célula de la ignominia pública.
Sin embargo, en Panamá, la imagen de la Corte ha caído a su más bajo nivel de confianza y credibilidad ante la sociedad, debido a las frecuentes acciones y escándalos que han cometido algunos de sus funcionarios.
Las críticas y cuestionamientos que se han venido haciendo a la principal institución de justicia y sus estamentos, no es culpa de la comunidad nacional, sino de ellos mismos, por los frecuentes escándalos y fallos en detrimento de una justicia transparente.
En apariencia, en algunos de los casos, la justicia ha perdido su contenido y obligación ante la presión que ejercen los intereses monopolistas de los malos políticos.
Es lamentable que nuestra primera institución de justicia esté en esta situación.
En otros países, la Corte Suprema de Justicia la mantienen en un sitial de respeto, confianza y credibilidad; como el órgano de mayor consideración entre los demás órganos del Estado, es decir, en él no existen las influencias ni las presiones políticas donde sus miembros no tienen compromisos, no se sienten atados y actúan con criterio propio respetando su conciencia y su dignidad frente a una justicia transparente al servicio de la sociedad.
Mientras los miembros de esa alta corporación de justicia sean designados de la manera que se viene haciendo, La Corte Suprema no cumplirá la misión para la que está encomendada como garante de la cultura de la justicia y la filosofía que enmarca esa delicada institución del Estado, ya que sus miembros se sienten impedidos de cumplir su deber de manera imparcial; ello es lamentable para propios y extraños, así como para la imagen de la patria internacionalmente.
Es lamentable que la mayoría de los órganos del Estado se encuentren en el más bajo nivel de la confianza pública, pero mucho más lamentable aún es escuchar que la honorable Corte Suprema de Justicia forme parte del desgreño administrativo y sea una célula de la ignominia pública.