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Perdió la demagogia, ganó la democracia


Recién concluye un torneo electoral plagado de insultos, ofensas y mentiras envueltas en propuestas incumplibles. La capacidad de disfrazar la realidad como arma política ha fracasado estrepitosamente. La falacia como instrumento de promoción de la gestión pública queda relegada ante el incumplimiento directo y el indirecto, representado en contratos para la realización de proyectos cobrados, pero no ejecutados. Por ejemplo, la cacareada autopista Panama-Colón, cuyo costo se elevó en $50,000,000.00, no tiene salidas para las comunidades que se encuentran a los largo del trayecto, pero fue supuestamente inaugurada cuatro días antes de las elecciones.

Decenas de contratos para realizar caminos de penetración, no han sido terminados, porque las empresas de los amigos gubernamentales, se han declarado en quiebra. Véase sólo la que debió reparar el tramo del puente Don Bosco (vía Boyd-Roosevelt) al Chagres, cuya aseguradora ha mantenido por un año sin cumplir la terminación, ni el MOP decide ejecutar la fianza y reparar lo que falta. La desidia es germen que se cultiva en varias dependencias del MOP. Ponerse un casco y hablar de megaproyectos, como lo hace su ministro, no solo es demagógico, sino ofensivo.

El discurso de Martín Torrijos hablando de UNIDAD, omitiendo mencionar a Juan Carlos, quien pagó con la misma moneda; todo unido al de su candidata, que ni ella se lo creyó, por irrealizable, profundizaron las dudas sobre el continuismo, y alertaron al votante de los riesgos implícitos en la conducta de la dirigencia oficial. Apelar al racismo donde se admiten todas las razas, copiar propuestas para fingir mayor capacidad de respuesta, atribuir a una sola persona el costo de la canasta básica, izar la pobreza como causa para obligar al voto, fincar el triunfo en estribillos y gritos de la chusma, son razones suficientes para la derrota, pues equivocaron las formas modernas de conquistar el voto, especialmente de los jóvenes, que por cultos, no pueden ser engañados, ni son incautos.

La democracia agrupa y funciona con diversas motivaciones, que procuran la convivencia pacífica, el desarrollo integral del país, la oportunidad sin discriminación, la unidad del ente nacional y el sentimiento patriótico de quienes actúan con civismo, fortaleciéndose en cada ciudadano y colectivamente.

Cuando decimos que gana la democracia, es porque el país se manifiesta satisfecho con el proceder de cada habitante. Es eso lo que debemos cultivar como panameños, ya que servimos y somos ejemplo para los foráneos que observan nuestro comportamiento. Cuando mentimos pierde la demagogia, porque se debilita la esencia del hombre; si actuamos con responsabilidad, gana la democracia, la colectividad y cada cual, en la parte que le corresponde como miembro de una nación noble, pujante y próspera.

101 años de Panamá América

 
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