Perdónenos
Hace unos días en un conversatorio con estudiantes de secundaria, les pedí perdón a nombre de los adultos, por el mundo que les estábamos legando:
Desastres ambientales y calentamiento global, crisis galopantes de los alimentos, la economía y la energía, además de desigualdades y pobrezas. Les dije que no sería fácil enfrentar estos desafíos y que tanto las actuales como nuevas generaciones debemos aportar con esperanza y compromiso a construir otros escenarios, como los que plantea el economista egipcio Samir Amin, para los cuales es necesario la reconstrucción de un mundo mejor, justo, multipolar y democrático como única alternativa a las crisis vigentes.
Claro que para ello debemos evitar que el peso de la crisis recaiga en las poblaciones a través del debilitamiento de las políticas sociales, en especial, de educación y salud, la baja de los precios de las materias primas exportadas y el alza de los precios de los productos. Muy por el contrario, la situación debe invitarnos al "renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático auto centrado, que reestructure las relaciones con el Norte en base al control nacional de los mercados monetarios y financieros, y de las tecnologías modernas", además de la recuperación del uso de los recursos naturales. Esto debe conducir a superar una gestión mundializada dominada por los oligopolios (la OMC) y la del control militar del planeta por algunas superpotencias.
En el tapete también está el tema de la cuestión agraria, pues un desarrollo digno debe significar la construcción de una estrategia de política agrícola fundada sobre la garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos y la seguridad alimentaria, pues la tendencias actuales de acelerar la privatización y transformarla en mercancía a la tierra agrícola sólo lleva al éxodo rural masivo y las migraciones que impactan en las ciudades que son incapaces de absorber la mano de obra rural.
La integración regional es otra opción necesaria al favorecer el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, fortaleciendo la unidad y la articulación entre pueblos, países y sociedades.
Es necesario vigorizar la organización ciudadana y popular que supere el astillamiento producto del des y subempleo, la precariedad e informalidad. Es ineludible germinar la teoría y la práctica de una democracia no sólo electoral, sino más bien participativa asociada al progreso social, la ética y al respeto de la soberanía de los pueblos.
Es necesario despojarse del "virus liberal fundado en el mito del individuo que ya pasó a ser tema histórico", y sus modos de vida plagado de alienaciones, clientelismo, consumismo y destrucción ambiental. Jóvenes: Si queremos, podemos; porque otro mundo es posible.
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